Opinion · Otras miradas

¿Y si las mujeres políticas paramos el 8 de marzo?

Purificación Causapié Lopesino

Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid

A lo largo de estos días las mujeres que estamos en política, o que participamos en ella de una u otra forma, hablamos sobre si apoyamos o no la huelga del movimiento feminista, sus motivaciones y argumentos, pero no lo hacemos respecto a nuestro posición en los partidos y las organizaciones políticas, de las dificultades que vivimos o del camino que nos queda por recorrer para conquistar la igualdad real y efectiva en algo tan complejo y tan patriarcal como el ejercicio del poder.

Es una obviedad decir que las mujeres que estamos en política o que participamos en ella también sufrimos el machismo como en el resto de los ámbitos sociales. Los partidos y organizaciones políticas, al igual que las empresas o las instituciones, siguen respondiendo a criterios de funcionamiento patriarcal, y esta realidad a menudo nos ha expulsado de la participación efectiva y de la posibilidad de hacer política de otra manera.

Durante décadas de Democracia se ha cuestionado la competencia y capacidad de las mujeres para el desempeño de responsabilidades públicas y hemos tenido que enfrentarnos al llamado techo de cristal; el que se ocupa de mantenernos fuera de las esferas del poder real.

Tras años de lucha conseguimos colocar en la agenda política la Democracia Paritaria, porque tal y como dijimos una y otra vez “Sin las mujeres no es Democracia”, y, a pesar de que mucho han mejorado las cosas después de demostrar sobradamente nuestra valía, todavía hay quien se atreve a seguir insistiendo en aquello de las mujeres florero, aunque no se utilice exactamente esta expresión.

Incluso a menudo tenemos que soportar que se nos juzgue por nuestro aspecto, nuestra ropa o nuestra vida personal más que por nuestra actuación pública y nuestro trabajo. Porque todavía la sociedad nos juzga de manera diferente a unas y a otros.

Sin duda aún perviven los estereotipos que se utilizan para restarnos autoridad en cualquier situación y casi diariamente una mujer con responsabilidades políticas tiene que vivir con la sensación de que está en el sitio equivocado, que el espacio público no le pertenece. La crítica social y mediática que se hace a las mujeres políticas es más dura y mucho menos respetuosa que la que se utiliza con los hombres en la misma situación. Y esto no es sólo contra las mujeres que estamos activas en política sino que actúa como una presión disuasoria para todas las demás.

Se nos sigue diciendo que somos minoría entre la militancia de los partidos, pero lo cierto es que queda mucho por hacer para conseguir que las mujeres podamos participar con normalidad de unas estructuras donde los procedimientos de cooptación y equilibrio de poderes no siempre han tenido en cuenta los anhelos, necesidades y disponibilidad de participación política de la mitad de la población. Entre otras cosas, porque la conciliación se vuelve un deseo de imposible realización para quienes además de trabajar, pretenden tener una vida familiar, personal y política.

Y todo esto tiene serias consecuencias, porque la falta de poder de las mujeres en las instituciones políticas resulta una limitación para que los temas que realmente nos preocupan tengan la prioridad política que merecen, sin que su defensa suponga un menoscabo en los perfiles de las mujeres que defienden y representan esos intereses. Me refiero a la protección de los derechos humanos de las mujeres, las políticas de igualdad, pero también a llevar a la primera línea de la agenda la defensa del Estado del Bienestar o plantear el cuidado como parte del bienestar económico y social del conjunto de la población.

Y en este escenario, ¿qué hacemos el 8 de marzo? Sin duda, debemos secundar la huelga convocada por el movimiento feminista internacional, sabiendo que la responsabilidad de las mujeres en política no nos permite bajarnos de la representación ciudadana ni un solo día, pero precisamente por esto, porque representar a más de la mitad de la población es importante, el próximo 8 de marzo debemos estar apoyando las propuestas de movilización del movimiento feminista y junto a ellas reivindicando una sociedad más justa y construida en igualdad.

Es el momento de decir bien alto y bien claro que Sin las mujeres el mundo se para, y la política no puede dar la espalda a esta realidad. Las mujeres políticas tampoco, porque “Sin mujeres ni es política ni es Democracia”.