Opinion · Otras miradas

Defender las pensiones, conquistar la esperanza

Meri Pita

Diputada de Podemos en el Congreso. Secretaria de Plurinacionalidad y Diversidad Territorial

La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta la melodía sin palabras, que nunca cesa
(Emily Dickinson)

Que nuestro sistema público de pensiones está basado en la solidaridad intra e inter-generacional es algo que ya, a estas alturas, no cuestiona nadie. Y más después de los hechos reveladores que hemos vivido durante las últimas semanas. Nuestras personas mayores, armadas de una dignidad irreprochable, han salido públicamente a defender los derechos de todas encabezando una serie de protestas que poseen un valor incalculable.

Es cierto, la gente que da forma a los últimos tramos de la pirámide poblacional está volviendo a escribir la historia de nuestro país de países. Y lo está haciendo de la misma manera que hace cuarenta años, mediante la clarificación de sus legítimas demandas democráticas contra un enemigo que no ha dejado de amenazar nuestros sueños colectivos: las élites neoliberales que solo saben gobernar para los intereses de una minoría.

La mayor parte de las personas que perciben una pensión pública en España han identificado con nitidez la clara amenaza que se cierne sobre el futuro de las grandes conquistas de las clases trabajadoras. En otras palabras, el gran capital ha puesto sus garras sobre uno de los mecanismos más importantes (sino el más importante de todos) de redistribución de la riqueza sobre los que descansa nuestro Estado del Bienestar, la Seguridad Social. Y no parece estar dispuesto a cesar en su ambición hasta privatizar buena parte de los servicios que las instituciones públicas deberían garantizar a la ciudadanía.

Por eso, las personas pensionistas decidieron prenderle fuego a la carta que el Partido Popular les ha enviado para maquillar sus ataques sistemáticos al sistema de pensiones. Un gesto cargado de simbolismo que ha logrado escenificar el profundo hartazgo que siente la mayoría de la población hacia los recortes de libertades y derechos que la vieja política ha implementado en la última década. Lo que no habían previsto es que su actitud despótica podía avivar el orgullo compartido que, ante tanta injusticia, ha ido floreciendo a causa de la indignación y la empatía.

Desde entonces, los rostros entrañables de nuestros familiares con más vivencias han ocupado portadas y pantallas para recordarnos lo que los medios de comunicación nos niegan; que es al poder al que se le han quedado pequeñas las Leyes y el Estado de Derecho, que son las élites económicas y los partidos que las defienden los que ha dejado en la cuneta a la mayoría social.

De ahí que el ejecutivo de Rajoy, con el apoyo inestimable de un Pedro Sánchez vencido y de un Albert Rivera que da miedo, se afane en silenciar a quienes han tratado de oponerse a sus empeños insolidarios (a las mujeres, a los jóvenes, a activistas sociales, artistas, tuiteros…). Y más ahora, que ha quedado demostrado que el marco edificado por el poder para hablar de pensiones, el Pacto de Toledo, no sirve para defender un modelo público, redistributivo y solidario que garantice una vida digna a las y los pensionistas.

La antítesis del Pacto de Toledo son las personas mayores protestando en las calles. Gracias a ellas hemos podido volver a distinguir quién es quién en esta batalla por salvar lo que es de todas, identificando a quienes están del lado de la gente y a quiénes están justo enfrente, triturando los pilares de nuestra Carta Magna, aplicando recortes inhumanos y dilapidando el erario público entre casos de corrupción y rescates insolidarios. Estos últimos son, sin ninguna duda, el verdadero bloque anti-constitucionalista, el auténtico rostro de quienes actúan como antagonistas del pueblo.

La gente decente ha sobrevivido, una vez más, al frío invierno de la austeridad. Y lo ha hecho para afrontar con energías renovadas una primavera que se presenta de lo más prometedora. Muchos de aquellos que durante la Transición pusieron su juventud al servicio del cambio, han vuelto a darnos una lección de generosidad y compromiso al poner el tiempo de sus merecidos retiros a disposición del cambio social, recordándonos a todas que el 15-M tiene madres y padres, abuelas y abuelos que han perdido el miedo para conquistar la esperanza.