Nos ahogamos en plástico, no basta con reciclar botellas

Miguel Ángel Heredia Díaz

Diputado nacional por Málaga del PSOE

Hace unas semanas aparecía muerto un cachalote en Cabo de Palos (Murcia) con 29 kilos de plástico en su aparato digestivo. No es un caso aislado, si no se adoptan medidas urgentes, en 2050 habrá más plástico que peces en el mar. Nuestros mares se están ahogando en plástico.

En los últimos años, se han encontrado microplásticos, que miden el ancho de un cabello humano o menos, en numerosos productos, como miel, azúcarmariscosagua embotellada y del grifocerveza, alimentos procesados,  sal de mesa o refrescos. Cuantos más estudios se realizan, más partículas de plástico encuentran los investigadores en el cuerpo humano. Unas microparticulas de plástico que llueven sobre las ciudades y son lanzadas al aire desde automóviles y zonas de construcción, líneas de lavado y envases de alimentos.

Y es que la producción mundial de plásticos se ha multiplicado por veinte desde los años 60, llegando a 322 millones de toneladas en 2015. Y se duplicará nuevamente en los próximos 20 años. Sin embargo, las tasas de reutilización y el reciclado de plásticos son muy bajas.

A ello se añaden los plásticos de ‘uso único’, es decir, envases pequeños, bolsas, vasos desechables, tapas, pajitas o cubiertos, productos de consumo que se desechan tras un uso breve, que rara vez se reciclan.

Todo ello supone que enormes cantidades de residuos plásticos se filtran en tierra y en el mar, generando daño medioambiental, pero también daños económicos a actividades como el turismo, la pesca y el transporte. A nivel mundial son 8 millones de toneladas de plásticos los que terminan en los océanos todos los años.

Los microplásticos se acumulan también en el mar y pueden ingresar en la cadena alimenticia, con impactos aún desconocidos para la salud humana.

La Unión Europea reclama a los Estados miembros que tomen medidas para poder mejorar la gestión de los residuos y lograr los objetivos que marcan las directivas. Así, Italia prohibió el uso de las bolsas de plástico en 2011, Francia lo hizo en noviembre del 2016, y en agosto de ese mismo año aprobó una ley dirigida a prohibir la fabricación y el uso de vajillas y cubiertos desechables fabricados íntegramente en plástico. Reino Unido, desde enero de 2017, prohíbe la comercialización de cosméticos que incluyan microesferas plásticas.

España en cambio, no es uno de los países adelantados en este campo. Ni siquiera ha transpuesto la Directiva Comunitaria para reducir las bolsas de plástico ligero, que tenía que haber hecho antes de noviembre de 2016. Tampoco ha aprobado el calendario de sustitución de bolsas comerciales de un solo uso de plástico no biodegradable.

Desde el Grupo Socialista exigimos transponer inmediatamente la citada Directiva Comunitaria, mejorar el etiquetado de las toallitas húmedas que está provocando un problema importante en cañerías, depuradoras y playas; y prohibir mensajes que induzcan al consumidor a considerar estos productos como sostenibles, biodegradables o similares al papel higiénico.

Pedimos un Plan Nacional consensuado, con medidas e incentivos para reducir el plástico no biodegradable de las principales fuentes primarias, apostando por la I+D+i y el ecodiseño, favoreciendo el fomento de la prevención de envases y el uso envases reutilizables.

Se necesitan ayudas económicas para fabricantes de los productos plásticos afectados para su reconversión en productores de plásticos biodegradables, para mantener la actividad económica y el empleo y crear un grupo de trabajo específico dentro del Ministerio de Medio Ambiente para abordar el problema del plástico.

No basta con declarar la guerra a las botellas de plástico, las tazas de café o las microperlas que se encuentran en los cosméticos. Necesitamos con urgencia que el Gobierno diseñe un plan de acción para abordar la crisis del plástico de una forma exhaustiva.

Es necesario reducir la producción de plástico y fomentar alternativas menos nocivas. Es necesario que se prohíban grupos enteros de sustancias químicas nocivas, en vez de ir prohibiendo algunas sustancias una por una. Hay que ayudar a los consumidores a comprender a lo que están expuestos y explicarles qué se puede reciclar, compostar o quemar, porque devolver algunas botellas de plástico al contenedor amarillo ya no es suficiente.