Altsasu, el de la masacre, la de las torturas y una luz en Las Vegas

Cristina Fallarás

Periodista

Había una vez un viejo país en el que un día sucedió una pelea. Era ya noche muy entrada en noche cuando un grupo de jóvenes ebrios se enfrentó a un pequeño grupo parece que también ebrio compuesto por dos parejas y le dio de hostias en un pequeño enclave territorialmente fragoso decorado con el título de “muy ilustre villa”. Altsasu. Dicen algunos que les atizaron por pertenecer al grupo de seguridad del Estado llamado Guardia Civil. Dicen otros que sólo por las copas y las multas. El caso es que todo el mundo en aquel viejo país daba por hecho que los que agredieron al pequeño grupo también ebrio lo hicieron por pertenecer al grupo de seguridad del Estado llamado Guardia Civil. O casi todo el mundo. Y lo llamaron agresión.

Lo anteriormente narrado sucedió antes de que amaneciera el sábado 15 de octubre de 2016. Y el domingo día 16 por la mañana se presentó en aquella muy ilustre villa un tipo que un mes después ya no sería el mismo.

El domingo día 16 por la mañana el hombre llamado Arsenio Fernández de Mesa, a la sazón director general de la Guardia Civil, y a solo un mes de dejar de serlo, se presentó en Altsasu.

No quedan detalles del momento.

Pero sí memoria.

Sólo dos años antes de todo esto, el 6 de febrero de 2014, en aquel viejo país había ocurrido algo espantoso. Así lo cuenta la Wikipedia:

La denominada “tragedia del Tarajal” refiere a los acontecimientos que, el 6 de febrero de 2014, condujeron a la muerte de 15 personas en la playa del Tarajal, ahogadas mientras trataban de eludir a nado el dique que separa Marruecos de la ciudad autónoma de Ceuta para entrar en España como inmigrantes irregulares. A causa de estos fallecimientos, la actuación del operativo fronterizo de la Guardia Civil ha sido objeto de controversia, aún cuando el Gobierno de España, entonces presidido por Mariano Rajoy y con Jorge Fernández Díaz como ministro del Interior, respaldó la intervención de los agentes.

Las 15 víctimas formaban parte de un grupo de entre 200 y 300 personas que, procedentes del África subsahariana, intentaban alcanzar nadando las costas españolas, cuando un operativo de 56 agentes de la Guardia Civil descargó sobre ellos 145 balas de goma y cinco botes de humo de ocultación, con el objetivo de frustrar la tentativa y dispersarlos. 23 inmigrantes lograron llegar a la playa de Ceuta, pero fueron rechazados y entregados a las autoridades marroquíes, que los reclamaban.

“Condujeron a la muerte de 15 personas”, dice. Quince muertos son 15 historias de 15 valientes para nunca.

El hombre llamado Arsenio Fernández de Mesa, a la sazón director general de la Guardia Civil, estaba al mando y compareció públicamente para negar categóricamente el uso de pelotas de goma. Y tuvo la inhumanidad de definir tal carga –el uso de pelotas de goma– como acto “inhumano”. No solo mintió, sino que demostró su garbancera ignorancia sobre la existencia de documentos gráficos. Una semana después de la masacre, el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, compareció ante el Congreso voluntariamente para admitir que sí se habían usado pelotas de goma. So riesgo de desviarnos del tema, merece la pena añadir que el tipo no solo era ministro y superior de Fernández de Mesa, sino un fanático devoto del catolicismo que vio la luz en 1991, durante un viaje oficial a Las Vegas. No la luz de Las Vegas, sino la otra, gracias a la cual presumía de tener un ángel de la guarda llamado Marcelo que le ayudaba “en las pequeñas cosas, como aparcar el coche”.

Total, que el devoto ministro iluminado dejó en pelotas al pájaro llamado Arsenio Fernández de Mesa, pero ahí se quedó, de director general de la Guardia Civil. Por eso el domingo 16 de octubre de 2016 pudo presentarse como tal en la muy ilustre villa de Altsasu. Y con su presencia convirtió la pelea de los ebrios en un asunto de Estado. Así que la Fiscalía de la Audiencia Nacional solicitó una pena de 50 años de prisión por lesiones a seis de los ocho jóvenes, y para el séptimo acusado, 62 años añadiendo un delito de amenaza terrorista. Etiqueta: Terrorismo.

Y como todo lodo tiene su gusanera, aquel grupo de jóvenes ebrios que se enfrentó a un pequeño grupo parece que también ebrio compuesto por sendos guardias civiles y sus parejas y les dio de hostias cayó en forma de terroristas en la sección segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Mal lugar, vive dios. Su presidenta, Concepción Espejel, está casada con un coronel de la Guardia Civil, posee la Cruz al Mérito de la Guardia Civil con Distintivo Blanco, sea eso lo que sea, y considera que “no todo delito de tortura es, per se, delito de lesa humanidad”, razón por la cual impidió que se juzgara al brutal torturador franquista Antonio González Pacheco (Aldea del Cano, Cáceres, 1946) alias Billy El Niño.

Torturas, terrorismo y otras minucias aparte, los agresores de Altsasu han ido a caer bajo el criterio de la misma Espejel que condenó a un rapero conocido como Valtònyc, acusado de enaltecimiento del terrorismo, apología al odio ideológico, incitación a la violencia e injurias a la Corona, a tres años y medio de cárcel.

O sea, que al día siguiente de la pelea se presentó en la muy ilustre villa de Altsasu el pájaro al mando de la masacre del Tarajal, el que después mintió. Este a su vez estaba a las órdenes de un tipo que vio la luz en Las Vegas y desde entonces afirma tener un ángel llamado Marcelo que le aparca el coche. Por eso no es de extrañar que, acusados de terrorismo con el resultado de un tobillo roto, hayan caído en manos de la jueza que encarcela a un cantante tras impedir que se juzgue a un torturador.

Había una vez un viejo país en el que un día sucedió una pelea que logró modificar la idea de terrorismo, violencia, justicia y tobillo para siempre jamás amén.