Opinion · Otras miradas

Conclusiones de un ciudadano tras el caso Cifuentes

Pascual Serrano

Periodista

Han pasado semanas con evidencias de que la ya ex presidenta de la Comunidad de Madrid tenía un título de máster falso otorgado por una universidad pública bajo su jurisdicción, sin haber ido a las clases, sin haberse presentado a los exámenes, con firmas falsas de profesores y con dudosos negocios de la Comunidad de Madrid de alguno de los responsables de impartir ese máster sin que hubiera ninguna consecuencia penal ni política por todo ello. Sin embargo, un vídeo, de origen ilegal (según la ley debería haberse destruido), sin sonido, de apenas tres minutos, de hace siete años y difundido por un medio de la derecha considerado por la gran mayoría del gran público y del periodismo como un ejemplo de lo más sucio de la profesión, consigue en tres horas su dimisión. Ello me hace llegar a las siguientes conclusiones.

  1. En nuestro sistema político está más castigado llevarte dos cremas de 20 euros de un supermercado privado que miles de euros de las arcas públicas, porque ningún político con pruebas claras de robos de ese tipo dimitió nunca en tan poco tiempo.
  2. Un político corrupto de la derecha solo dimite si, desde la propia derecha, mueven los hilos necesarios, algunos bastante apestosos, para que caiga. Las denuncias de la oposición y las pruebas evidentes de delitos no son suficiente motivo si la derecha lo quiere seguir manteniendo en el cargo. Hay decenas de ejemplos.
  3. Existe todo un sistema de alcantarillas de espionaje y filtraciones que tienen el poder de derribar a políticos y que resultan más eficaces que el buen periodismo.

Creo que una dimisión, que podría haber sido una noticia saludable para nuestra política, se ha desencadenado de una forma que para lo que ha servido es, curiosamente, para mostrar el estado de degradación de nuestro sistema político.