¿Pero no tomas la píldora?

Diana López Varela

Periodista

En España, el 35% de los embarazos que se producen son no deseados y la mitad de ellos acaban en aborto. Un 24,8% de las españolas admite que no usa ningún método anticonceptivo, siendo las adolescentes y las mujeres mayores en edad fértil las que más se la juegan. De las que los usan, el preservativo (31,3%) es el método anticonceptivo principal, seguido (aunque a bastante distancia) de la píldora (16,2%). Y muchas de las que los usan lo hacen mal: los abortos están plagados de errores evitables. En el año 2017 el acceso e información a los anticonceptivos en España se situaba a niveles de Rumanía, según el Atlas de la Anticoncepción en Europa.

La atención primaria en cuanto a anticoncepción es lamentable y algunas mujeres que ya superan los 30 no han pisado jamás la consulta de un ginecólogo bien porque su médico de cabecera nunca las ha mandado (en Galicia, con suerte, te ve una matrona), la cita tarda siglos en llegar, o simplemente no tienen dinero para pagarse un privado. Porque sí, nuestros genitales también están en manos privadas. Para empezar, aquí no se financia ningún método al 100%, y el precio está detrás de muchas reticencias de las españolas para usar anticonceptivos. Un informe de la Federación Española de Planificación Familiar Estatal revelaba que los anticonceptivos en España son más caros, de media, que en el resto de Europa. Por ejemplo, el anillo, método preferido de muchas mujeres, no está financiado por la Seguridad Social y un dispositivo cuesta alrededor de 15 euros mensuales. El DIU, sobre 80. Los autores del Atlas de la Anticoncepción en Europa señalan que los anticonceptivos reversibles de larga duración, como los implantes, los inyectables o los DIU, son más seguros y producen mayor satisfacción entre sus usuarias, pues su tasa de fallo es inferior al 1%. En España sólo los usan un 7% de las mujeres.

Algunas comunidades autónomas, como Murcia o Madrid, no financian ningún método anticonceptivo, ni siquiera la píldora. Estas dos comunidades también están por encima de la media en cuanto a interrupciones voluntarias del embarazo. ¿Casualidad? No lo creo.

Esta “relajación anticonceptiva” se promueve incluso desde las administraciones. El Servizo Galego de Saúde incluía en su web hasta hace unos días la marcha atrás como método contraceptivo y, a pesar de las protestas que veían un posible sesgo ideológico en esta recomendación, lo cierto es que el coitus interrumpus aparece también en la web de la Sociedad Española de Contracepción.  En su web, se recogen métodos naturales como el de la temperatura, del calendario, de los días fijos o el mucotérmico que, combinados con la marcha atrás, podrían tener una efectividad de hasta 90%. La tecnología también está revolucionando la anticoncepción. Ahora podemos usar aplicaciones que nos dicen cuando somos o no somos fértiles y disminuir los riesgos (siempre y cuando tengamos ciclos regulares, claro).

Pero ni siquiera las recomendaciones más suicidas tienen efecto alguno en la natalidad de las españolas. España presenta una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo (1,2 hijos por mujer) y en el otro lado se encuentra justo Francia, el país donde más extendido está el uso de la píldora anticonceptiva. Aunque este análisis es demasiado simple y obvia las diferencias adquisitivas entre países, la elevada tasa de actividad de las francesas (un 85%) y, sobre todo, la red de guarderías públicas y el pago de prestaciones públicas específicas de las que disfrutan los galos. Francia es el país que mejor informa y más facilita el acceso a los anticonceptivos: todos los métodos son más baratos que en España, aunque sus sueldos son mucho más elevados. En Reino Unido, por ejemplo, los anticonceptivos son gratuitos, una medida que ha tenido excelentes resultados para frenar los embarazos en adolescentes.

El bajo uso de la píldora en España con respecto a otros países de nuestro entorno es consecuencia directa de la falta de información y de los falsos mitos sobre la anticoncepción hormonal que circulan por los mentideros de internet: desde la subida de peso, a la infertilidad y el temido cáncer, la píldora anticonceptiva está llena de prejuicios. Sin embargo, poco se habla de otros efectos secundarios reales y relativamente frecuentes como el descenso de la libido y el aumento en la probabilidad de padecer depresión. El “apagado hormonal” que sufrimos las mujeres para protegernos de embarazos no deseados es responsable del desajuste del sistema endocrino encargado de regular las cantidades de estrógeno y progesterona en nuestro organismo que afecta en mayor o menor medida, a todas nuestras funciones.

Porque lo que no cambia en ningún lugar del mundo es la responsabilidad femenina casi exclusiva en cuanto a anticoncepción. Cualquier método tradicional nos ha encomendado a nosotras la prevención de la fecundación, incluso el uso de preservativos, que todas hemos tenido que negociar o mendigar para que los hombres (de todas las edades) se los pongan. Desde pequeñas nos han enseñado a “cuidarnos” y a advertirnos de las desastrosas consecuencias de un embarazo no deseado. “Cortar el rollo” para exigir la colocación del preservativo es un “bajón” por el que casi todas hemos pasado y la presión de la situación (y la excitación que nosotras también tenemos, de verdad) puede llevarnos a transigir con actitudes que nos ponen en peligro.

Las mujeres somos fértiles entre 4 y 6 días al mes. Los hombres, todos. Y, sin embargo, los métodos anticonceptivos hormonales que se recetan están diseñados para nosotras, a pesar de que actualmente ya existen inyecciones, parches, implantes, píldoras e intervenciones quirúrgicas que pueden controlar la fertilidad de los hombres. Un investigador indio ha creado el RISUG un gel que, inyectado en el conducto deferente (el canal por el que pasa el esperma en el escroto) daña las cabezas y las colas de los espermatozoides. Tiene una efectividad del 98% y una duración de hasta 10 años y sus efectos son reversibles con otra inyección. No afectan a la fertilidad ni a la salud de los hombres.

¿No es acaso la anticoncepción un problema de pareja? ¿Dónde están los aliados a la hora de meterla? ¿Dónde la corresponsabilidad?. Sería un gran avance que los hombres se empezasen a interesar de veras por la anticoncepción antes de preguntar, una vez más, aquello de “¿pero no tomas la píldora?”.