Opinion · Otras miradas

Alianzas para la solidaridad: Derrotar juntas la LGTBIfobia

Emilio García García

Padre de persona trans*, @egarciagarcia

Desde el año 2005, se celebra cada 17 de mayo el día contra la LGTBIfobia. La jornada es en sí misma un ejemplo de abrazo de la diversidad, habiendo evolucionado desde su origen como día de lucha contra la homofobia a ser una fecha en que se condena cualquier conducta de discriminación por razones de orientación sexual o identidad de género. El Comité IDAHO, consultando a más de 700 organizaciones de todo el mundo, realiza el diseño global de la jornada. Un eje central de la jornada es el tema focal que se selecciona para la misma, que en 2018 es “Alianzas para la solidaridad”.

Desde su situación de minoría, el colectivo LGTBI ha necesitado siempre tejer alianzas para poder seguir avanzando hacia una igualdad real. Fuera de nuestro país, son ejemplo de ello, en el pasado, la coalición de mineros y activistas homosexuales frente al neoliberalismo de Margaret Thatcher. En España, difícilmente se hubiera evolucionado sin alianzas para la solidaridad desde la represión franquista hacia la diversidad mediante la ominosa Ley 16/1970, de 4 de agosto, sobre peligrosidad y rehabilitación social, hasta ser uno de los primeros países en reconocer el matrimonio paritario tras la aprobación de la Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio. El colectivo LGTBI es, de hecho, una alianza entre personas que sufren discriminación por distintas razones, al que se han ido incorporando distintas sensibilidades.

El presente año, nos presenta un escenario para el colectivo LGTBI en España dónde se vuelve a mostrar la importancia de crear y mantener coaliciones con otros elementos políticos y sociales para seguir avanzando. Sin alianzas, no hubiera llegado al Parlamento la Proposición de Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales (Ley de Igualdad LGTBI) impulsada por la  Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB). No hubo mayor triunfo que comprobar la estruendosa soledad parlamentaria de los que pretendían vaciar de contenido la propuesta.

Ser parte de una minoría más reducida exige un mayor esfuerzo en la búsqueda de alianzas, siendo la visibilidad del colectivo la piedra angular para construirlas. Las personas trans* y sus familias sabemos de nuestra especial debilidad numérica, vulnerabilidad que nos exige un plus de activismo para alcanzar una igualdad efectiva. También para nosotras, el año 2018 refleja la importancia de tejer alianzas. Después de diez años, la Proposición de Ley para la reforma de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas nos sitúa a las puertas de la despatologización de las identidades trans* y del reconocimiento del derecho a ser para las personas menores de edad, incluyendo también la aceptación de las personas de identidad de género no binaria.

Las alianzas para la solidaridad y combatir la LGTBIfobia son necesarias más allá de la esfera política. Es más, difícilmente crecen complicidades en los parlamentos y gobiernos sin raíces en la sociedad civil. El modelo a seguir para el colectivo LGTBI, en particular, para las identidades trans*, es el feminismo. La LGTBIfobia sólo será derrotada cuando seamos capaces de hacer entender a la mayoría social que no luchamos por derechos específicos para el colectivo LGTBI, que nuestra batalla es por qué se nos respeten los mismos derechos que al resto de la ciudadanía. Un escenario que aún queda lejos, cuando vemos que los vetos ultracatólicos a la educación en diversidad o las agresiones personas trans* no convocan manifestaciones ciudadanas de tamaño significativo como repulsa o que los gobiernos no condenan enérgicamente la represión del derecho a ser en otros paises.

Un estudio reciente, reflejaba la relación entre la aceptación del colectivo LGTBI y el progreso económico de los países. En una conferencia reciente en Barcelona, Judit Butler resaltaba la necesidad de ser conscientes de nuestra debilidad para poder ser más fuertes juntos. “Saber que necesitamos al otro y el otro a nosotros es la única manera de avanzar sin pisar cabezas”. Las alianzas para la solidaridad nacen de la debilidad para poder vencer, el avance de la diversidad es el progreso conjunto. Derrotar la LGTBIfobia no es sólo el interés de un colectivo reducido, es un interés común.