Opinion · Otras miradas

Más Lorca, menos policía

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, periodista y escritor, autor de la novela Sal en los zapatos (editorial Verbum, 2017).

Escuchad amigos guardias civiles, amigos policías nacionales, queridos compañeros de Ministerio, atended un momento, sí, que es desde el más sórdido de los resentimientos, con tinta bullente de malestar y envidia, como os escribo estas líneas feroces.

Oh, es que no es para menos: ya se cuenta en el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado que en breve vais a ganar mucho más que un maestro de Escuela, más que un profesor de Instituto, más que un médico de la Seguridad Social, muchísimo más que un inestable docente universitario… casi como un juez en sus primeros años de carrera. Y más que yo mismo, claro, un humilde funcionario de Prisiones: por eso me muero de la envidia, atendedme, que es por eso que estoy que no me hallo, compañeros, os lo digo ya, aunque creo que percibo esa desazón como biela intelectual que rota a gran velocidad generando calor y cambio, que excita en mi cabeza ideas que al final, pienso, a todos nos pueden interesar. A vosotros también.

Pues sí, estas cuentas del Estado confirman que estamos construyendo un país de locos que ya no tendrá remedio en muchos años. Pienso que si don Gregorio (Fernán Gómez) el maestro fusilado de La lengua de las mariposas, saliera del hoyo y ojeara redivivo esos Presupuestos, pediría ser pasado por las armas de nuevo, que le echaran otra vez a la fosa con un murmullo íntimo de pesadumbres: estas cuentas del Estado le confirmarían que se ha perdido otra vez la oportunidad de que una generación entera crezca libre en España.

Pensaba este maestro ejemplar que no puede haber hombre y mujer libres sin Educación ni Cultura, y esto, que parece una frase de película, es en realidad un dato científico. ¿Libres los niños hoy, educados por un profesor que gana menos que un guardia? Gruñiría don Gregorio: pero qué sindiós es éste, ¡este país es la monda!, pues cómo se puede apostar así, con esa brutalidad presupuestaria, por vosotros, amigos policías, amigos guardias civiles, pensaría el viejo maestro, antes que por lavar de pus una década de tajo y pinchazo a la Educación, a la Sanidad, ¡a la Justicia!… y ay, a los jubilados.

Brutalidad, sí, la de los 500 a 700 euros limpios del ala más al mes para vosotros, cuerpos armados a los que admiro, eso es así, pero ni la mitad de lo que me pasma un profesor fajado ante cuarenta niños en la refriega del aula; o un médico que no da abasto con su lista de espera; o un colega funcionario de prisiones más solo que la una en mitad de un módulo rodeado de cien cacos…los que vosotros nos vais trayendo día a día dentro de los furgones.

Pero sed conscientes, pensad por un momento, ¿qué se os exigió, amigos policías nacionales, amigos guardias civiles, en pública oposición? ¿Qué se os pidió para adquirir vuestra plaza en pública concurrencia de titulaciones, doctorados, saberes u otros méritos? ¿Echamos cuentas de lo que hubieron de romperse los codos a base de duro estudio un profesor, un médico, un juez, hasta un funcionario de prisiones para aprobar?

Que sabéis atinar con la pistola, desenfundar con oportunidad, me dicen para poneros en valor, y ya os digo que tenéis mi admiración por ello, así es, pero oídme, que mucho más me asombra el maestro que sabe despertar la pasión de sus discípulos por la vida y los versos de Federico García Lorca.

Qué fascináis con el manejo de motos BMW y aeronaves, me susurran por lo bajini, para advertirme del embolado en el que me meto, y acepto que ya quisiera yo pilotar mi Ducati con la prestancia de un Guardia Civil (40 años llevamos saludándonos con la cordialidad propia de motoristas por las carreteras de España), pero qué le voy a hacer, me atengo firme a lo que pienso, y es que más me admira cómo se enfrenta un solo médico a los quebrantos de salud de un pueblo perdido en la Mancha donde ni siquiera hay ambulancia.

Que echáis el guante al malo con añagazas pensadas con suma astucia y diligencia, me informan; ya, ya, si es así, pero es que pienso que saberes de mayor nivel despliega sin infraestructura ni apoyo, ni siquiera el aliento de un digno salario, un investigador del CSIC, oh, este sí que héroe anónimo de verdad.

Ay, se me grita ya sin miramientos, pero es que los cuerpos armados están llenos de eso, de héroes anónimos que se juegan la vida por los españoles todos; y yo digo, claro que sí, claro que se merecen todo nuestro respeto y cariño, y el mío lo tienen por duplicado, pero oiga, que también se juegan la vida todos los días los funcionarios en las prisiones de España, ¡hasta los médicos arriesgan su integridad en los centros de Salud! ¡y los mismos profesores en los institutos! ¡Si disponen hasta de protocolos anti agresiones! De lo que no disponemos los demás es de vuestra engrasada artillería, queridos compañeros de Ministerio.

Ah, pero don Gregorio redivivo se hubiera escandalizado superlativamente de un factor particular de esta ecuación presupuestaria, y es que no entendería por qué casi nadie se queja de esta bárbara discriminación que condena a un país a insistir en la derrota más absoluta de su futuro. ¿Tanto miedo hay?

Pues como estoy revuelto de envidia, ya digo, pues me da que pensar que lo de vuestro incremento salarial (casi atómico) es una decisión nada ligera del ministro Zoido, tomada en el momento álgido de una berrea, el conflicto separatista, en la que dos ciervos se disputan frenéticos la cópula de una Cataluña que, odiosa, se resiste. Al embestir entre ellos no lo hacen con la cuerna, sino que se zurran con las astas de dos banderas españolistas (que no españolas) con los emblemas bordados de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Me da que pensar, sí, que os usan compañeros para amedrentar a los catalanes, e inflarse a cosechar votos en la España abisal (extensa y profunda); y vosotros, claro, pues os dejáis querer: por 500 o 700 pavos limpios al mes…ay, ya los quisiera para mí: me atormentan esos emolumentos, y me pregunto por qué no hace Zoido bandera españolista conmigo, con mi pobre emblema personal… si yo me dejo querer señor ministro, si yo me dejo.

Cada vez que veo La lengua de las mariposas me inflamo de gran emoción al pensar en ideologías fundadas sobre la bondad del hombre, y en los prodigios que en su naturaleza puede obrar un profesor: si se fomentara la escuela pública, nos diría don Gregorio, maestro fusilado, si protegiésemos al débil dándole herramientas de liberación… oh, pronto clausuraríamos comisarías, talegos y cuarteles, sí , y éste es amigos guardias civiles, amigos policías, un cálculo sociológico que no admite reparo o duda: tan matemático es que comparte ciencia con aquello de abrid escuelas y se cerrarán las cárceles, un pensamiento brillante de Concepción Arenal que me abrasa la vista cada vez que lo leo: es máxima exacta, limpia, que deslumbra con la luz mediterránea de Sorolla y la sencillez mayestática de una fórmula de Newton.

Pero en España, hoy, en esto de Libertades, Educación y Cultura se suma del revés; no es esa la ecuación principal de estos Presupuestos Generales del Estado. Los miro de reojo y se me llena el alma de alquitranes; comiéndome las uñas de rabia, me pregunto, como lo haría don Gregorio, por qué no saltan de indignación los médicos, los maestros, los secretarios de los juzgados, tantos y tantos funcionarios que a pesar de una década de recortes ponen en marcha día a día una administración pública que es lo único decente que le queda a este país lleno hasta la cofa de fachas.

Siento entonces el impulso de requerir atención general para conminaros a todos a gritar juntos, ¡más Lorca, pijo, menos policía!… sí, eso es lo que hemos de reclamar, más Lorca, menos policía, todos hasta que nos asome sangrante, como viva, la nuez del pescuezo… Que perdemos España, que se nos va al garete para siempre… Más Lorca, menos policía, todos junto a nuestro querido maestro, pues con el flujo incesante de versos de Lorca en las aulas, en una sola generación que crezca con su canto os quedaréis (nos quedaremos) sin trabajo, amigos guardias civiles, amigos policías. Sí, esas son mis cuentas de funcionario de Prisiones desazonado por vuestros 500 pavos, mis cálculos de resentido que agazapa su envidia entre los buenos pensamientos de don Gregorio.

Pero os advierto que esta mala baba no quita ni un ápice de verdad a mis palabras, ya os lo digo, y sin necesidad de recurrir a Lorca, tengo aún unas cuantas propuestas científicas más para apuntalar mi posición: a ver, para qué queremos tanto cuartel, cárcel o comisaría si mandando a hacer puñetas la ley mordaza y legalizando la venta de marihuana, se desatascan ipso facto los juzgados; si sustituyendo el coche de gasolina por el eléctrico, se evapora como por encantamiento el islamismo criminal; si educando con ahínco y presupuesto, la única manada a controlar será la del ganado bravo de San Fermín; y tantas y tantas cosas buenas que se pueden obrar desde el estrado de un aula.. ¿Verdad don Gregorio? Porque, qué son una comisaría, una cárcel o un cuartel, sino la expresión de un fracaso colectivo, el de una sociedad que ha renunciado a educar.

Veis, esto es lo que traen las reflexiones movidas por el malestar que tengo por vuestra mejora salarial. Por lo tanto, os pido que me juzguéis con cierta indulgencia amigos guardias civiles, amigos policías, pero nunca que me disculpéis, pues han sido éstas unas palabras dichas con una verdad animada por el fulgor de una gratuita autodestrucción. Ah, y gracias por leerme.