Opinion · Otras miradas

El reciclaje de envases: motor de la economía circular en España

Óscar Martín

Consejero delegado de Ecoembes

Hoy celebramos el Día Mundial del Reciclaje. Una fecha muy especial en la que reconocemos el esfuerzo que realiza gran parte de la sociedad a la hora de cuidar del medioambiente. Pequeños gestos diarios de héroes anónimos, pero con enormes beneficios para el planeta.

Una jornada de celebración, pero también de reflexión. Sin duda, durante los últimos años hemos dado pasos de gigante que no se pueden obviar. Pero, al mismo tiempo, debemos reconocer el largo camino que aún nos queda por recorrer. Todavía hoy nos encontramos con datos que nos retratan como sociedad y que actúan en forma de bofetada sobre nuestra conciencia.

Actualmente, la contaminación provoca la muerte de nueve millones de personas al año y cada día desaparecen 200 especies. Una realidad que, si no somos capaces de ponerle freno, transformará el futuro de nuestro planeta en una pesadilla con un improbable final feliz. De hecho, si continuamos en esta línea, en 2050 habrá 25 millones de personas en el mundo que se habrán convertido en migrantes climáticos.

Depende de nosotros poner freno a esta situación porque, como dijo Obama, “ya no estamos hablando del futuro, sino de la realidad que vivimos”. Estamos a tiempo de romper esta dinámica, de evitar más daños irreparables. Por ello, es tan importante concienciar sobre los efectos de nuestro paso por el mundo, asumir responsabilidades de forma que se pueda impulsar un modelo que vaya en sintonía con los valores de la naturaleza. Sistema que ya ha comenzado a dar sus primeros pasos y que tiene que convertirse en el eje sobre el que pivote nuestra estrategia como sociedad: la economía circular.

Un modelo que se inspira en la naturaleza y que apuesta por dar continuidad a su lógica de reducir, reutilizar, reparar y reciclar como ejes básicos sobre los que basar nuestro desarrollo social y económico. En definitiva, no podemos seguir viviendo en esta sociedad del despilfarro basada en el modelo caduco de “usar y tirar”.

Gracias a los esfuerzos consensuados desde el ámbito legislativo, la economía circular ha empezado a materializarse en 2017 a través de la puesta en marcha de medidas que contribuyen a su consolidación. Primero a nivel comunitario. Desde 2015, la Unión Europea ha desarrollado diferentes actuaciones para la implantación de este nuevo paradigma, que han culminado con la puesta en marcha del Plan de Acción para la Economía Circular. A fin de dar continuidad y ampliar todo este trabajo, hace pocas semanas el Parlamento aprobó cuatro Directivas: envases, residuos, vertederos y RAEE, de obligado cumplimiento para todos los países miembros.

Los objetivos son claros. En 2025 Europa tendrá que reciclar el 55% del total de los Residuos Sólidos Urbanos, mientras que, en 2035, no podrán enviar al vertedero más del 10% de los mismos. Un reto para todos. Para los estados miembros, pero también para los ciudadanos. Subimos el listón para no bajarlo nunca más. Un reto ambicioso, pero alcanzable. Un reto que requiere de mayor esfuerzo y que, además, lanza un mensaje claro: los residuos son recursos.

Esperamos que esta decisión tenga recorrido más allá de nuestras fronteras y sirva de ejemplo a otros países a lo largo y ancho del mundo. Sobre todo, tras la tomada por China a comienzos de año de dejar de importar residuos procedentes de otros lugares, decisión que desde Ecoembes aplaudimos.

En el caso de España, también se ha entendido el problema de esta manera. Así, se ha convertido en uno de los primeros países en aterrizar este espíritu a través del borrador de Estrategia de Economía Circular elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. La urgencia es evidente. España recicla el 29,7% de sus residuos sólidos urbanos, según datos de Eurostat, y, como señalábamos anteriormente, en 2025 tiene que elevar esta cuota hasta el 55%.

¿Cuál es la primera medida que debe adoptar esta futura ley? Sin ninguna duda, imponer la obligatoriedad a todos los residuos reciclables que actualmente no se están gestionando adecuadamente para que se incorporen a la senda de lo correcto. Solo un ejemplo: los biorresiduos, la materia orgánica que generamos en nuestros hogares y que representa un 37% del total de lo generado en España, acaba en el vertedero sin ningún aprovechamiento.

Esta medida ayudaría a conseguir los objetivos planteados, en línea con el trabajo realizado durante los últimos veinte años por los envases domésticos, precisamente el flujo que, históricamente, más ha tirado del reciclaje. De hecho, sin la aportación de estos últimos, el porcentaje de reciclado global de nuestro país se reduciría prácticamente una cuarta parte.

En este punto es importante hacer un alto en el camino para reflexionar. Los datos de reciclaje de los envases domésticos no han parado de crecer durante las dos últimas décadas, lo que ha situado a su gestión como un impulsor clave de la economía circular en nuestro país.

Los datos así lo reflejan. Durante 2017, en España logramos reciclar entre todos un 3,5% más que el año anterior, alcanzando la cifra de 1.399.582 toneladas de envases reciclados. Un resultado con enormes beneficios medioambientales y que ha permitido evitar el consumo de 20,15 millones de metros cúbicos de agua, el equivalente al agua que bebe el conjunto de la población del país durante siete meses, 5,8 millones MWH de reducción del gasto de energía y la emisión de 1,2 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.

Pero si nos retrotraemos veinte años atrás, se ve aún con mayor nitidez el impacto del reciclaje de envases en la sociedad española. Si en 1998 la tasa era del 4,8%, hoy se sitúa en el 77,1%. Una tendencia que refuerza su liderazgo como el Residuo Sólido Urbano más reciclado.

Por materiales también hay importantes aspectos a destacar. El plástico arrastra un encendido debate sobre su presencia injustificada, entre otros muchos productos y materiales, en espacios naturales, lo que en Ecoembes denominamos basuraleza. Algo que solo se puede evitar con concienciación y, en el caso de los envases, depositándolos correctamente en su contenedor correspondiente, en este caso el amarillo.

Pues bien, gracias a este gesto cada vez más interiorizado por los españoles, el reciclaje de los envases de plástico ha seguido creciendo en 2017: tres puntos porcentuales respecto al año anterior. Hay ejemplos claros: el año pasado se lograron recuperar ocho de cada diez botellas de agua, refresco o aceite. Por su parte, los envases de metal siguen avanzando a gran ritmo y se colocan en el 86,9%, mientras que los de papel y cartón lo hacen en el 81,1%.

Todos estos datos reflejan un hecho importante: el compromiso ciudadano. Sin ellos hubiese sido imposible. En 2017 cada español depositó una media de 1.142 envases en el caso del contenedor amarillo y 644 envases en el azul.

Pero el ciudadano no puede solo. Igual que Ecoembes no puede solo. El camino hacia la economía circular se construye entre todos. Para ello, debemos ser valientes y poner los cimientos que permitan avanzar con paso firme hacia ese cambio de modelo. ¿Cómo? Imponiendo la obligatoriedad de la recogida selectiva de envases tanto en el hogar como fuera de él, obligando a todos los flujos a incorporarse al reciclaje, creando una tasa sobre los vertidos de residuos municipales en vertederos, y abriendo el debate sobre la implementación de modelos como el pago por generación como complemento perfecto para hacer evolucionar el sistema actual de gestión de residuos.

Pasos que sin duda nos permitirán seguir celebrando cada año el Día del Reciclaje y que nos recuerdan que del mismo modo que nuestras manos han alterado el planeta, nuestras decisiones  y nuestros actos pueden salvarlo. ¡Feliz Día Mundial del Reciclaje!