Opinion · Otras miradas

La piedra preciosa que mató a dos pastores

Javier López Astilleros

Analista político

Dos pastores encontraron en los montes Atlas una piedra prismática de un rojo brillante. De inmediato supieron que se trataba de algo excepcional. Trabajar en el campo con los animales puede desarrollar una intuición particular para hallar rarezas. Tantas horas en silencio permite discernir sobre la esencia de las cosas, así que guardaron el hallazgo como si fuera un amuleto.

De inmediato las amistades les empujaron a ver a un especialista en piedras preciosas, a lo que accedieron. Según dicen, el gemólogo se quedó perplejo. “En Tiffanyes muy valorada”.

Dicen que en las cumbres de estas montañas, a más de 2.500 metros de altura, es posible encontrar fósiles marinos. También pinturas rupestres en algunas de sus cuevas. Hay quien se ha topado con piedras talladas del paleolítico, tras un recorrido por la zona.

En realidad la veneración por las piedras en muy antigua. De ahí a querer poseerlas es lo más natural.

Cada roca tiene unas propiedades físicas. También simbólicas o metafísicas, que afectan al estado de ánimo de las personas. En realidad somos muy parecidos a un mineral. Tenemos alma también, unas propiedades físicas, y hasta capacidad de atracción o repulsión.

Últimamente se habla mucho del granito que expele gas radón. Resulta que esas admirables masas de rocas-en un ambiente cerrado- te pueden matarsilenciosamente, lo que terminas por asumir con naturalidad. En un mundo extrañamente invertido, no es casual que el aire contaminado por ozono se encuentre  en las zonas rurales y montañosas de nuestro país, la arcadia por la que miles de urbanitas suspiran cada fin de semana.

Pero la piedra que encontraron estos jóvenes se asocia a la libertad de expresión y a la comunicación. Dicen que transmuta la negatividad en paz y armonía. Sin embargo, sus descubridores desarrollaron más bien unos valores negativos. Se bloquearon y sintieron pánico.

Desde la aparición de la gema, solo han sufrido desgracias. Accidentes y enfermedades de transmisión sexual. Móviles que pierden su carga súbitamente, lo que les deja incomunicados en medio de los pastos. Incluso su humilde nevera se fundió. Sienten miedo cuando llega la noche. Ruidos inexplicables en las proximidades de la pequeña casa de adobe, y un sinfín de incomodidades.

Pero la aparición del mineral animó a la pequeña comarca, lo que generó peregrinaciones diarias de muchos curiosos.

Es posible que la observación de la roca-y lo que esperamos de ella-modifique la percepción de sus descubridores, sobrepasados por el devenir. Dicen que un mineral no tiene sentimientos, aunque posee un cierto magnetismo. Todo elemento tiene sus propiedades, y más un cristal  misterioso y admirable entre tanta piedra vulgar.

Mientras que algunos piensan en el dinero que van a ganar, otros observan propiedades curativas, o las dos cosas a la vez. Sin embargo sus descubridores no valoran ninguna de estas dádivas. Tan solo perciben un misterio que les sobrepasa, y que hacen que literalmente les tiemblen las piernas. Nadie habla de ello, pero en realidad se sienten vigilados y asfixiados por los dos grandes poderes de la zona: el majzén (el poder real), y el trasiego de los vecinos, una comunidad que no para de crecer. Hay quien dice que una y otra cosa es lo mismo. Tan solo es una cuestión que afecta a la expresión del poder. Hay que reconocer que la efectividad de la policía informal es máxima.

Es natural nuestra obsesión por las rocas. Las hay gigantes, de gran valor, con una enorme capacidad para consumir recursos ajenos. El peñón de Gibraltar, a un puñado de kilómetros de los Atlas, es un paraíso fiscal de latrocinio donde se exhiben piedras preciosas.

Otras son la expresión del misterio. La piedra negra de la kaaba es un meteorito popular y magnífico. Se partió en pedazos tras raptos y rupturas a lo largo de su breve historia asociada la humanidad. Está ubicado en la esquina este del gran cubo al que acudirán millones de personas las próximas semanas. Cuenta la tradición que se trataba de una roca blanca, aunque se volvió negra, tal vez del espanto de tantas manos deseando eliminar los rescoldos de tantos yerros.

En realidad la relación entre el reino mineral y el hombre es muy estrecha. Ahí tenemos uno de los templos más simbólicos de Palestina- la cúpula de la roca- donde encontramos una mole pétrea. Los cruzados creían que era el espacio donde se erigió el gran Templo de Salomón. Los judíos señalan esa roca como el lugar del sacrificio de Isaac. Poco importa el edificio. Los templos se reconstruyen, pero estas rocas se conservan. Seguro que el Guggenheim estaría interesado en exponer un pedazo de ese mineral palestino.

Una gema, en medio del monte, tiene que ser de todos. Así lo hace ver-con indiscreción- las decenas de visitas que cada día tienen que capear sus humildes descubridores. No hay derecho a la intimidad ni a la propiedad privada entre tanta necesidad, sobre todo tras conocer que el hallazgo ha sido aleatorio y desprovisto de toda intención.

El pueblo actúa y mina la confianza de los jóvenes pastores, a los que cada día les parece más insoportable tener que convivir con una cosa tan dura e imperturbable, y que provoca tantos problemas. Y además, es muy posible que hasta el final de sus días tengan que contar una y otra vez la historia de cómo cambió sus vidas en un suspiro.

En la intimidad de sus casas, algunos consideran que no debería de estar al alcance de dos personas tan humildes algo tan valioso. Sienten una envidia incontenible, y no saben cómo verbalizarlo públicamente. Hasta la gendarmería aparece de vez en cuando por la zona, aunque no termina por intervenir, puesto que se desconocen los límites de la propiedad privada y la cosa pública.

Hay quienes argumentan, en sus casas, que las gemas son a los pobres como los lápices  a los iletrados. No son compatibles. Tengo la sensación de que en un ambiente estanco, sin intervención de la policía y los vecinos, la gema tendría un valor muy diferente. Sus descubridores no tendrían la necesidad de enriquecerse ni de ostentar el poder. Ahora imaginemos que esa piedra estuviera dotada de algún poder simbólico de representación. Los sacerdotes la subirían al altar. Estaría custodiada en todo momento.

En realidad, es justo lo que está sucediendo. Las dos policías controlan la situación. Es muy probable que acabe expuesta en el cuello de alguna esposa o amante de un cacique local. Tal vez su destino es el corazón del imperio. Se exhibirá con orgullo y se mencionará su origen ignoto en medio de los bárbaros masai. Siempre las manos anónimas descubren la belleza que suele acabar en la piara del poder.

Hoy tenemos unos pobres martirizados por un descubrimiento. También las piedras hablan. Piden que las dejen vivir tranquilas. Dejar esta gema en el mismo lugar, en medio de la soledad del monte, les liberaría de toda esa tensión, pero posiblemente acabarían siendo linchados por una turba al grito de ¡imbéciles!