Opinion · Otras miradas

Ciudades Sin Miedo: el municipalismo como fenómeno global ya está en marcha

Laura Roth

Barcelona en Comú

Kate Shea Baird

Barcelona en Comú

 “Una rebelión democrática en Barcelona no sería un fenómeno meramente local. Conectaría con muchas iniciativas hermanas que buscan romper desde abajo con el actual régimen político y económico. En nuestro país, en el conjunto del Estado y en Europa.” 

Fue con estas palabras que los impulsores de la plataforma Guanyem Barcelona (ahora Barcelona En Comú) explicaron su apuesta por presentarse a las elecciones municipales del 2015. Hoy, en vísperas del tercer aniversario del asalto institucional en diversas ciudades del Estado, podemos decir que la mirada internacionalista de aquel manifiesto ha resultado ser algo más que retórica. El movimiento municipalista ha mostrado una voluntad clara de tejer alianzas a nivel global y este interés ha sido más que correspondido por actores muy diversos fuera. El resultado es un proceso de colaboración municipalista global cada vez más articulado y consolidado y que tiene la potencia de construir las alternativas políticas y económicas que hoy día son tan necesarias en todo el mundo.

Esta red municipalista tiene dos vertientes, una institucional y otra organizativa, como el movimiento mismo. En cuanto a la institucional, las políticas públicas que se han realizado desde los Ayuntamientos del Cambio han despertado un gran interés en el extranjero. Medidas como las multas a los bancos por tener viviendas vacías, la recuperación del espacio público del coche o los procesos de remunicipalización han sido recogidas en titulares, debatidas en conferencias y expuestas en informes de expertos alrededor del mundo. En definitiva, como dijo la socióloga Saskia Sassen en un diálogo con Ada Colau hace poco, “Barcelona se ha convertido en un lugar donde experimentar con muchas medidas que se dicen que son necesarias en todo el mundo.”

Y es que además de implementar políticas públicas valientes e innovadoras que inspiran a otros gobiernos, las Ciudades del Cambio están colaborando a nivel internacional para intercambiar conocimientos y generar un efecto multiplicador de cada medida local. Un buen ejemplo de ello son las plataformas de participación Decide Madrid y Decidim Barcelona, cuyo software libre ya ha sido adoptado por docenas de municipios, desde París hasta Montevideo, para profundizar en la democracia deliberativa y directa. Asimismo, destaca la colaboración de Barcelona con ciudades como Ámsterdam, Berlín y París en la lucha contra la turistificación. El intercambio de herramientas y estrategias entre estas ciudades está siendo imprescindible para hacer frente a empresas transnacionales como Airbnb.

Por otra parte, esta proyección internacional no se limita al ámbito institucional; al mismo tiempo que se participa en redes institucionales formales e informales se está construyendo un nuevo espacio político que se define por la proximidad del ámbito local y los objetivos y maneras de hacer que se derivan de ella. Algunas de las experiencias municipalistas referentes son previas a la ‘primavera municipalista’ del 2015, como por ejemplo Cambiamo Messina Dal Basso de Italia, la Richmond Progressive Alliance de EEUU o Independents for Frome del Reino Unido. Sin embargo, también es cierto que la gran cantidad de candidaturas que se organizaron en del Estado y entraron en el gobierno de tantas ciudades supuso un punto de inflexión para todo el movimiento global. Desde el mayo del 2015, no solo se ha iniciado la articulación y colaboración entre las organizaciones existentes dentro y fuera del contexto estatal español, sino que se han ido creando nuevas plataformas inspiradas en las de aquí (como Take Back the City, We Brussels o Win the City Filadélfia). Del mismo modo, los procesos de construcción de las candidaturas españolas han sido objeto de estudio de movimientos y partidos diversos, desde el movimiento autónomo italiano hasta los “Sanderistas” de EEUU. Despiertan interés la capacidad aglutinadora de las ‘confluencias’ locales, los códigos de ética política y los programas participativos. A su vez, la centralidad del feminismo en el movimiento y el discurso y las prácticas de la ‘feminización de la política’ se valoran de manera particular desde fuera y son, sin duda, un valor que aporta el municipalismo a los debates dentro de las izquierdas europeas e internacionales, incluso más allá del movimiento municipalista.

Embarcarse en un proyecto de cambio tan ambicioso no ha estado libre de obstáculos, ni a nivel institucional, ni a nivel organizativo. Por un lado, los medios de comunicación, las instituciones estatales y europeas, los lobbies locales y transnacionales han puesto muchos palos en las ruedas a las políticas pensadas para servir a la ciudadanía. Por el otro lado, las confluencias, las estructuras organizativas horizontales y las prácticas feministas encuentran sus límites en formas de hacer que resulta difícil desarraigar de una cultura acostumbrada a los viejos partidos. Pero para las plataformas y gobiernos municipalistas el horizonte sigue estando claro y aprender de los errores es la manera de avanzar en un terreno relativamente desconocido: hacer política de otra forma.

Hoy por hoy, éste es el espacio político que está mostrando, a través de pequeñas victorias cotidianas, que hay alternativa a un mundo regido por las desigualdades, el odio y el miedo. En este sentido, uno de los mayores retos, sobre todo para las organizaciones que están gobernando, es poder recopilar y compartir todas las lecciones aprendidas y el conocimiento que se está generando, tanto sobre las políticas públicas como las formas de organización y prácticas políticas fuera de las instituciones.

La presentación este mes del mapa global Fearless Cities y el libro Ciudades Sin Miedo: guía del movimiento municipalista global representan un gran avance: por primera vez más de 140 personas de 19 países que están activas en el movimiento explican cómo lo están viviendo y las lecciones que han aprendido. Si, como planteaba el manifiesto de Guanyem Barcelona, queremos que Barcelona, Madrid, Coruña, Cádiz, Zaragoza… no sean fenómenos ‘meramente locales’, hay que poder superar las urgencias y las exigencias del día a día y encontrar tiempo para compartir, conocerse, aprender, fortalecerse mutuamente y imaginarse los próximos horizontes de cambio en común. Solo así haremos del municipalismo un fenómeno verdaderamente global.