Opinion · Otras miradas

¿Qué tienen en común Coco Chanel y Pasionaria?

Amores contra el tiempo es una obra de lectura adictiva magníficamente documentada que retrata la historia de nueve mujeres que desafiaron las normas para encontrar el amor en hombres mucho más jóvenes que ellas.

Vamos a olvidarnos de que en el título dice “amores” y que lo edita Planeta. Si somos capaces de deshacernos de estos prejuicios podremos disfrutar de una más que interesante colección de nueve magníficos textos biográficos sobre mujeres rebeldes que se negaron a dejarse embridar por la moral machista que ha recorrido transversalmente la historia de continentes, países y regímenes sin excepción.

¿Qué tienen en común Coco Chanel y Pasionaria? ¿Agatha Christie y Madame Curie? Pues lo mismo que la Inglaterra victoriana y el Partido Comunista de España, un deseo irrefrenable por reducir a la mujer a decorosos puestos de compañeras modestas que cumplan con el papel que se le supone a una fémina decente. Y ellas, la irrefrenable determinación de romper con el último tabú y que  no se resistieron a amar y ser amadas por hombres mucho más jóvenes.

La autora, la periodista Dolores Conquero, recordaba en la presentación de su obra, escoltada por Jesús Ferrero, que estos lujos de intento de dominación masculina no son historias del pasado. Muchas páginas se han llenado recientemente sobre la diferencia de veinticinco años de edad entre el presidente francés Emmanuel Macron, 40, y su esposa Brigitte, 65. Y escasas, sin embargo, han sido las referencias a la diferencia entre el presidente estadounidense Donald Trump, 71, y la afligida Melania, 48. Entrando en el terreno de la alcahuetería, en la mayoría de los casos las relaciones en las que los hombres eligen compañeras sentimentales notablemente mayores suelen quedar retratadas en el ideario popular como debilidades temporales de hombres tiernos que se han dejado atrapar por mujeres maduras y sibilinas a las que pronto se les pasará el arroz. El caso contrario es el de las jóvenes cegadas de amor por hombres mayores brillantes. Aunque sea amor del caro y exija siempre gafas de sol de marca.

Que nadie, además, se haga ilusiones de encontrar un Quore de tapa dura. Amores contra el tiempo es una documentadísima obra, editada primorosamente, como pocas hoy en el mercado.  Es una lectura adictiva en nueve etapas en la que uno descubre detalles sobre personajes a los que muchos creíamos conocer. Sorprende, por ejemplo, el acoso y derribo al que el padre de Dalí sometió a su hijo en Cadaqués. “El notario sigue sin soportar a Gala, a quien despectivamente llama la Madame y culpa de todos los males”.

La periodista rescata la imagen de Dolores Ibárruri de la ancianidad, era “una mujer que impresionaba por su personalidad, por su porte y su inteligencia”. Cuenta Conquero que, estando ya en el exilio, se utilizó su apasionada relación con un joven ferroviario, secretario general del Partido Comunista en Madrid en el 36, como arma arrojadiza para intentar dinamitar su candidatura a la Secretaría General, acusándola de favoritismo político.

Menos heroica pero también muy entretenida es la historia del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa que, con permiso de la Preysler, perdió la cabeza con la tía Julia y luego, como su actual mujer, lo contó todo. Pero él lo hizo en forma de novela y no de entrevista en el Hola (hay que ver, este hombre no para de dar disgustos a su familia).

Y así, Dolores Conquero repasa con gran rigor la historia de Diana de Poitiers y Enrique II de Francia, en el siglo XVI; Victoria de Inglaterra y John Brown, en el XIX; la tortuosa relación entre Fiona Campbell-Thyssen y Alexander Onassis; el calvario de Madame Curie, la única persona que ha obtenido dos premios Nobel en dos disciplinas científicas distintas, por mantener relaciones con Paul Languevin; las piruetas amorosas de Coco Chanel, que nunca dejó de sentirse una niña abandonada, la incansable viajera Agatha Christie, que recorrió el mundo, se subió al Orient Express y en Bagdad conoció al arqueólogo Max Mallowan, catorce años deliciosamente más joven que ella.

Señoras, este verano llévense este libro a la piscina, manténganlo bien cogido, en alto y, al menos, regálense los ojos.