Opinion · Otras miradas

En memoria del periodismo PP

“Yo comprendo que os vais a aburrir mucho en La Sexta sin tener al PP dándole caña todo el puto día”, dice Celia Villalobos a la periodista Ana Pastor, en otro alarde más de elegancia, finura y ‘ducación como nos tiene acostumbrados. Villalobos se enfada mucho no sólo por la pérdida de poder, sino porque los medios han hablado de la sentencia Gürtel. Los periodistas no han interpretado por gusto la existencia de una caja B. Solo se han hecho eco de lo que dice la justicia de forma literal. La existencia de una “estructura financiera y contable paralela a la oficial, existente al menos desde el año 1989” en el partido. Y que se nutría “con aportaciones que incumplían la normativa sobre financiación de partidos políticos, efectuadas por personas y/o empresas beneficiarias de importantes adjudicaciones públicas”.

A Villalobos le molesta que se hable de la corrupción dentro de su partido pero no le ha molestado, por ejemplo, lo que han hecho con TVE estos años. Hace unos días, un estudio confirmaba que el 74% de los temas de información institucional que se emiten por la cadena pública tienen un enfoque que “favorece, refuerza o avala la imagen del Gobierno y de los organismos afines”, entre ellos Casa Real o ayuntamientos o comunidades donde Gobierna el PP. En cambio, se reconocía en el estudio la actitud crítica hacia las valoraciones de otros partidos de la oposición. El informe también hacía mención a la jerarquía. Es decir, que las noticias “estrella” del ya ex Gobierno o del PP salían en los primeros minutos y más tiempo, mientras que las informaciones que criticaban su gestión estaban en “posiciones más discretas”. Quizás Villalobos se estaba equivocado y se refería era en “su” TVE donde han estado todo “el puto día” ocupando posiciones de honor dentro del telediario y manipulando información. Villalobos y compañía son los que quieren dar lecciones de libertad de prensa, mientras ignoran a periodistas de RTVE, con un equipo de mujeres al frente, que han encabezado estas semanas los Viernes Negros como denuncia ante su situación y las presiones que sufren.

Pero la señora Villalobos no solo podría preocuparse por TVE, también por todo ese buen ejército de periodistas que desde cadenas y medios privados han contribuido a generar una opinión pública que tolerase la corrupción. Unos medios que han tenido mucho que ver en que, a pesar de todos los datos que la ciudadanía tenía, acabara siempre convencida de votar a un partido corrupto. Recuerdo cuando, de adolescente, escuchaba o veía programas de televisión con Francisco Marhuenda, Eduardo Inda, Federico Jiménez Losantos, César Vidal, Carlos Herrera, Isabel San Sebastián, Carmen Gurruchaga, Cristina López Schlichting… que se pronunciaban con una veneración absoluta al Partido Popular. A día de hoy, por cierto, en la sentencia de la Gürtel está probado que el dinero de la caja B del PP financió a Libertad Digital, medio de Federico Jiménez Losantos. Como para que este “señor” no hablase bien de quienes les financiaba con dinero negro.

Ver todo aquel “elenco” en acción fue la mejor lección que recibí para diferenciar entre ser periodista y no mercenaria de la información. Porque se puede tener una ideología diferente y mostrarla, pero no se puede blanquear delitos. Porque no es casual crear una sociedad más desigual donde los pobres han sido más pobres y los ricos, más ricos. Y más allá de que apoyes de forma fanática a un partido, desde los medios de comunicación no se pueden lanzar mensajes de odio no sólo a partidos políticos de la oposición, sino a la propia ciudadanía que durante esta crisis se lanzó a la calle para gritar que estaba siendo pisoteada.

Y para ello solo dejo este párrafo que recoge una investigación sobre cómo parte de este equipo de “ilustres” periodistas definían desde sus medios a los indignados del 15-M: “estos sectores de los grupos antisistema, ya que han recibido entrenamiento de Segi, en cursos de guerrilla urbana” (César Vidal); “evidentemente están relacionados con la extrema izquierda violenta, y además gozan de una convivencia absoluta con Batasuna y con la misma banda terrorista” (Antonio Jiménez); los “mugrientos” y “asamblearios”, que defienden la “dictadura comunista” (Federico Jiménez Losantos); “son los herederos de la extrema izquierda de siempre”, los cuales “fuman más porros que los vistos en la jaima de Gadafi” (Eduardo García Serrano); “son lo más parecido a un Tea Party de izquierdas, relleno de marxismo” (Arcadi Espada), “les da lo mismo la derecha que la izquierda, y el lenguaje que utilizan se parece muchísimo al fenómeno del nazismo y del neonazismo” (Cristian López Schlichting); “perroFlautas al fin y al cabo, formados por mendigos, gitanos rumanos, gente del Magreb” (Federico Jiménez Losantos), que “se dedican a violar a chicas cuando quedan pocos y llega la noche” (Isabel San Sebastián).

No ha sido nada del pasado. Solo hay que ver la portada de La Razón estos días tras la sentencia Gürtel cuando tituló “El tribunal se excede al acreditar la caja B antes del juicio” o la previa a la investidura de Sánchez, con “El PNV alumbra a Frankenstein y Rajoy no dimite”, en la portada de ABC.

Afortunadamente también se ha producido un trabajo periodístico digno en estos años que ha señalado estos abusos de poder, en los que resultaba aún más patético ese grupo de periodistas aleccionados por el PP, intentando tapar lo imposible. Investigaciones, entre otras, como las realizadas por este periódico cuando mostró las cloacas de Interior, con Patricia López y Carlos Enrique Bayo al frente. Profesionales que no han dejado de recibir amenazas y han sufrido su juego sucio.

Siempre me he preguntado qué hubiese ocurrido si toda la prensa nunca hubiese mentido en estos años. Qué hubiese ocurrido si no hubiese existido esa legión de periodistas vendidos que metieron bajo las alfombras las vergüenzas de un partido. Y no solo sus vergüenzas internas, sino también ser altavoces que ridiculizaban a quienes más estaban sufriendo o humillar a las víctimas.

Necesitamos un nuevo gobierno que, al menos, dignifique la democracia. Necesitamos un nuevo gobierno que, al menos, no tolere bajo ningún aspecto la corrupción. Y necesitamos que los medios y periodistas que ampararon la mentira tengan algo de dignidad y dejen de hacerlo (aunque me temo que será al revés, vamos a vivir unos días de reacción pepera apoteósicos). Porque crear una sociedad mal informada se paga. Porque mentir en la información es otra forma de corrupción. Y porque ocultar delitos no es sólo faltar a la verdad, sino que es la vulneración más grave del derecho a la información. Y esto va dedicado a los que se dan golpes en el pecho con la Constitución y la patria, y luego no cumplen ni uno de sus derechos.