Opinion · Otras miradas

No son las mujeres, es el feminismo

Un Gobierno que pone a Fernando Grande-Marlaska de ministro del Interior difícilmente puede ser feminista. Dicho está y paso a desarrollarlo.

El Partido Popular es probablemente el partido que más mujeres ha tenido en puestos de Gobierno y representación. Un somero recuento pasa por Sáenz de Santamaría, Cospedal, Ana Pastor, Aguirre, Cifuentes, Andrea Levy, Dolors Montserrat, Botella, Sánchez Camacho, Teófila Martínez, Barberá… Y a nadie, ni siquiera a ellas mismas, se le ocurriría afirmar que el PP es feminista.

Porque el feminismo no consiste en una acumulación de mujeres, sino en una forma de actuar y de entender, entre otras cosas, la acción política. Y, por ahora, la única acción política que hemos visto ha consistido en elegir a once mujeres, una clara mayoría, para formar el Gobierno de Pedro Sánchez. En este sentido, por supuesto el gesto es importante. Y lo es porque evidencia un cambio en la percepción de lo que la mayoría de la sociedad considera que es el feminismo.

Recuerdo la primera manifestación feminista en la que participé, fue en el distrito barcelonés de Nou Barris y no me acuerdo del año exacto, pero fue en el arranque de la década de los 90. La mayoría de las mujeres que formaban la muy reducida concentración superaba de largo los 50 años y la imagen que la sociedad tenía de ellas era la de un grupo residual y excéntrico del que cabía burlarse, y así solía hacerse. Todavía recuerdo la caricatura de la mujer feminista como una machorra con bigote.

En fin, eso ha cambiado radicalmente. Ahora la idea del feminismo es positiva, joven, revolucionaria, simpática, mayoritaria. Y, sobre todo, la de un movimiento internacional y solidario que no tiene vuelta atrás. O sea, que quien no se define feminista está mal visto, excepto en muy pequeños círculos de derecha radical o gran parte de la Iglesia católica institucional. Eso ha cambiado y la formación del Gobierno de Sánchez representa una evidencia de ese cambio, lo que no quiere decir que ese cambio lo haya llevado a cabo, ni muchísimo menos, el acto de nombrarlas ministras. El cambio está en marcha gracias a la lucha de millones de mujeres en el mundo entero.

Tengo la sensación de que, con tanto jolgorio, corremos el riesgo de reducir la idea del feminismo y convertirla en una mera acumulación de mujeres. Añado que el hecho de que todas ellas sean buenas profesionales en sus ámbitos no significa que representen el feminismo ni vayan a actuar de forma feminista. Significa sencillamente que son buenas profesionales en sus ámbitos. Pero ya digo, el gesto evidencia el avance y en ese sentido es bueno.

Grande-Marlaska

Sin embargo, como he apuntado al principio, difícilmente puede definirse como “un Gobierno feminista” aquel que nombra a Grande-Marlaska ministro de Interior. Incluso si todas las mujeres que lo componen son feministas, que se verá en su acción política, el Gobierno no lo es.

Para empezar, porque el feminismo tiene como una de sus banderas principales la libertad de expresión. ¿Cómo podría ser de otra manera? Si algo hemos padecido las mujeres es el silenciamiento de lo que somos, hacemos y pensamos. Pedro Sánchez ha puesto al frente de las Fuerzas de Seguridad a un hombre que participó en el secuestro de una publicación, El Jueves, por el simple hecho de plasmar en la portada una caricatura de los reyes follando. Sin duda, un paso bien contradictorio con su reiterado anuncio de reformar la Ley Mordaza. Y con el feminismo. Ningún paso se da inocentemente en política, y mucho menos el nombramiento de un ministro.

Otra de las bases del feminismo se centra en el respeto al cuerpo y la repulsa de la violencia. De nuevo, por razones evidentes. Toda agresión, sexual, discriminatoria, humillante, a la mujer tiene que ver con su cuerpo, principal y casi únicamente. Lo que diferencia al hombre y a la mujer es el cuerpo, y en tanto en cuanto el de la mujer es distinto, es susceptible de ser vejado. España cuenta con varias condenas por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Algunas de ellas, tienen que ver con casos de tortura ligados a la acción de Grande-Marlaska, como ya explica este mismo diario. El cuerpo, se trata del cuerpo y la violencia. Imposible en el ideario feminista. El respeto por el cuerpo que propugna el feminismo se encuentra en el extremo opuesto a la tortura.

Y en cuanto al archivo de la causa del Yak42, vulnera gravemente la dignidad de las personas. No abundaré en qué defiende el feminismo en este sentido, porque queda claro.

En resumen, el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez tiene muchas mujeres, lo cual es razón de alegrías. Tiene muchas mujeres gracias a que la lucha de millones ha convertido el feminismo en algo intrínsecamente bueno, sí, pero también en una “medalla” que ponerse en la solapa para crear una “marca”. Sin embargo, un Gobierno con Grande-Marlaska en un ministerio, y no en cualquiera sino en el de Interior, difícilmente puede ser feminista.