Opinion · Otras miradas

Shangay Lily, el ‘artivista’ excepcional

Lo excepcional es culto. También la construcción espectacular y lo extraordinario. Sobre todo, en un tiempo y una sociedad donde se pena todo lo que se aleja de la homogeneidad, de la vulgaridad. La homogeneidad tiene que ver con la asimilación, o sea, con la desactivación de lo crítico.

Ese era Shangay Lily.

Quien se llamaba a sí mismo artivista era feminista de una forma profunda, convencida. Entendió desde el principio que el feminismo pasa por la clase, inevitablemente unido al movimiento LGTBI. Por eso su lucha se centró en la denuncia del capitalismo, situándolo en el centro de la devastación sufrida en estos años perros: recorte de libertades, empobrecimiento, destrucción de lo público y silencio.

En cuanto al silencio, hubo un tiempo en el que eran muy pocos o nadie recordaba todo lo que en España queda del Franquismo. Recuerdo a Shangay subiéndose a una escalera en la Plaza Mayor de Salamanca para llegar al medallón “decorativo” allá en lo alto, justo antes de lanzar un certero escupitajo que fue a dar en la cara esculpida del dictador Franco.

Shangay Lily falleció hace dos años. Fue un ser extraordinario, una bestia comprometida, un visionario. Este viernes 15 de junio celebramos su memoria a las 19h. en la madrileña librería de Traficantes de Sueños. Participamos Paloma Linares, Álvaro Aguilera, Elena Ortega y yo misma. Brindaremos contra la homogeneidad, contra la asimilación.

Le aquí todos los artículos de Shangay Lily en su blog ‘Palabra de artivista