Opinion · Otras miradas

Imaginar un municipalismo ‘queer’

Miquel Missé

Sociólogo, activista trans y miembro del Eje de Feminismos y LGTBI de Barcelona en Comú

La emergencia de las políticas públicas LGTB en la última década ha planteado nuevas posibilidades de intervención, colaboración y también tensión entre los movimientos sociales y las instituciones públicas. Posiblemente, el punto neurálgico de este nuevo escenario tiene que ver con la pugna por el relato a la hora de pensar las prioridades de la agenda de estas políticas. Y como en todos los debates políticos, en este caso también una serie de discursos hegemónicos han ido colonizando el relato de lo que es urgente y necesario en relación con la población LGTB y han ido desplazando otros marcos interpretativos posibles. Imaginar un municipalismo queer tiene que ver con ir en busca de esas otras agendas.

Volver a hablar de lo queer en la era de lo LGTB puede resultar extraño. Pero lo cierto es que, desde distintas perspectivas, se viene valorando que es urgente desarrollar una crítica feminista, interseccional y anticapitalista a la deriva de las políticas LGTB. Y el concepto queer, aunque algo denostado en estos tiempos, nos sirve para poner sobre la mesa las raíces de este movimiento, mucho más transversal que identitario y mucho más interseccional que clasista y racista. Basta con un vistazo a nuestra historia de alianzas:  movimientos mineros y queer en Gales luchando contra Thatcher, sindicatos de camioneros aliados con maricas y bolleras en la California de Harvey Milk, movimientos contra la ocupación y el apartheid israelí en Palestina en coordinación con campañas de activistas trans, maricas y bolleras contra el pinkwashing. Imaginar un municipalismo queer tiene que señalar los fracasos de las políticas públicas LGTB instrumentalizadas al servicio de mantener un sistema desigual.

Podríamos decir que esta última década ha sido el escenario de la institucionalización del discurso LGTB en las agendas políticas de todos los partidos del arco parlamentario. Y echando la vista atrás, es innegable que se han ganado algunas victorias, pero son muchos los debates que han emergido. Uno de los más importantes es el que plantea a quienes, dentro del colectivo LGTB, han beneficiado más estas políticas y quienes han ido quedando al margen de esta ola de normalización LGTB. Nuestra modesta hipótesis es que en este contexto, el municipalismo puede ser un contexto donde hacer emerger agendas políticas criticas, agendas transmaricabollo en alianza con otras luchas, agendas que imaginen un feminismo queer, articulado en identidades pero sin esencializarlas, con voluntad transformadora. Y para eso estamos aquí, para imaginar ese municipalismo queer.