Opinion · Otras miradas

Turistas del sexo, abuso de niños en Marruecos

Javier López Astilleros

Analista político

Un todo terreno como los de BlackWater (hoy Academi) se acerca a un niño en las proximidades de un McDonalds, no muy lejos de Jamaa Fna, la turística plaza de los chismes en Marrakech. Le invitan-son varios- a una cena. Abre la puerta del coche. El chico entra.

Un motorista italiano espera a que las niñas salgan de un colegio, en una ciudad del puritano sur. Se dirige a la adolescente- a la que parece conocer. La chica sube a la moto. Desaparecen en la vastedad de un amplio y ocre horizonte.

Un grupo de saudíes buscan a un guía y conductor que conozca bien el barrio. Alquilan una casa para organizar fiestas. Buscan adolescentes a los que se pagan con generosidad, como si el dinero dignificara su conducta. Drogas, orgías y fiestas al por mayor…con menores.

Si los gritos y campanas suenan con tanto estruendo, y son tan múltiples las noticias en esta dirección, es muy difícil calcular la dimensión de la pedofilia y el turismo sexual que cada año se manifiesta en ese país con la regularidad del estío.

Las asépticas cifras que dan las estadísticas están ocultas por la censura familiar y social. Si el Estado persigue los abusos, no llega hasta donde la familia no acepta. En ciertos casos lo que importa es la supervivencia, y no conocer la procedencia del dinero.

La fuente está en Europa,  gran masa de consumo. “Los rituales del mercado de los muchachos, el mercado de la esclavitud, me excitaban enormemente”, escribió Frederick Mitterrand, ex ministro de cultura francés, tras publicar sus devaneos en Tailandia. De inmediato, su gobierno mostró su compromiso ‘en la lucha contra el turismo sexual’.

 ¡Qué patética contradicción!.

Luc Ferry – otro ex ministro de educación francés- denunció a un ministro galo ‘trincado en orgías con niños en Marrakech’.

Cuenta David Woolman en Abdel Krim y la guerra del Rif, que hasta los años veinte del siglo pasado, se vendían a jóvenes en mercados del norte de África.

Agadir, Esauira, Marrakech, Casablanca. No es fácil poner cara a esos niños. El turismo sexual no muestra cifras ni caras concretas. No es fácil controlarlo en ningún lugar.

 Es una realidad que abarca todos los rincones, pero las certezas se difuminan cuando no sabes ni el nombre ni la edad de la prostituta o el prostituto.  Tal vez muchos no consideren pedir el certificado de nacimiento a alguien que, a simple vista, no ha alcanzado madurez física ni mental.  O que la ha alcanzado a medias. Basta con mirar para otro lado. Las ONG que trabajan en el país lo intentan, se comprometen, luchan. La explotación sexual  es universal,  aunque afecta de un modo desigual.

“Las personas se dividen en dos grupos cuando les dices que viajaste a Marruecos. El primer grupo te apoya, y lo ve como una conquista. Mientras el segundo grupo te recrimina: ‘Oh, viajaste a Marruecos (es un país vergonzoso)”, dijo Samer El Hamzi, humorista saudí. “Marruecos es un país musulmán con mezquitas, pero los saudíes no están ansiosos por descubrir Marruecos, conocido por su turismo sexual y chicas guapas”.

Es evidente la crítica que hace el humorista. Por ejemplo, todavía en nuestro país algunos piensan que el desierto comienza en la costa de Tánger. En la propia ciudad de Ceuta hay quien se jacta de no haber cruzado jamás la frontera, que es algo así como reafirmar su virginidad y pureza de sangre.

Dar cifras para  entender la magnitud del fenómeno no ayuda. De poco sirve. No podríamos poner a nuestros hijos en su lugar, único modo de comprender la realidad ajena. Las cifras siempre se comparan con algo, y al final corres el riesgo de sentir una falsa compasión deglutida en unos pocos segundos.

Debe de ser difícil crecer, madurar, con la sensación de que alguien te ha utilizado y violado-con regularidad- por un puñadito de dírhams. Y que eso se ha permitido, a plena luz del día o en la noche, a la vista de los focos de civilización. Aplastados por el silencio. Rescatados por algunas declaraciones, una entrevista, tal vez una película.

Todos esos niños están cautivos y dispersos en miles de oscuras cuevas subterráneas. Y no pueden salir, porque no hay quien se haga cargo. Ellos no saben sin ayuda.