Opinion · Otras miradas

Pedro, Pablo, Albert, Joan, Aitor…

Se trata de limpiar los nombres, dejarlos en cueros, sin atributos. Toda lista tiene su trampa: los apellidos. Cuando una se propone repasar cualquier relación de personas con ánimo de contar mujeres (no recuerdo cuántos años hace que cuento mujeres), siempre se pierde en los apellidos. Porque no es lo mismo decir Alberto que Alberto Núñez Feijoo. No es lo mismo decir Pere que Pere Gimferrer. En cuanto entras, te pierdes en el Núñez Feijoo, como te pierdes en el Gimferrer. Un Luis es todos los luises y nada más que eso. Pero cuando le juntas un Buñuel ya estás perdida. Perdida en las ramificaciones y memorias e imágenes del Buñuel.

Sirva toda esta disertación para explicar lo que viene a continuación. Esto es: he escogido varias listas de personas (partidos, academias, instituciones…) y he despojado de apellidos los nombres que las componen. Después los he puesto en fila y he señalado los nombres de mujer. Es importante, porque (es un ejemplo) una no puede recorrer los miembros de la RAE y pasar por encima del Vargas Llosa sin ceder a la tentación, y en ese aflojar, perder la cuenta.

Vamos allá:

 Presidentes de Comunidades y ciudades autónomas: 16 hombres /3 mujeres

Ángel, Quim, Íñigo, Susana, Francisco Javier, Guillermo, Emiliano, Alberto, José Ignacio, Fernando, Uxue, Juan Vicente, Ximo, Fernando, Francina, Javier, Miguel Ángel, Juan Jesús, Juan José.

“Líderes” de los grupos parlamentarios en el Congreso: 10 /2

Grupos ‘mayoritarios’: [? (PP)], Pedro, Pablo, Albert, Joan, Aitor. Grupo mixto: Carles, Joan, Carlos, Marian, Ana María, Isidro, Pedro.

Miembros del Consejo de Europa: 27/3

Donald (presidente), Sebastian (Austria), Charles (Bélgica), Boyko (Bulgaria), Andrej (Croacia), Nicos (Chipre), Andrej (República Checa), Lars (Dinamarca), Leo (Irlanda), Jüri (Estonia), Juha (Finlandia), Emmanuel (Francia), Angela (Alemania), Alexis (Grecia), Viktor (Hungría), Giuseppe (Italia), Māris (Letonia), Xavier (Luxemburgo), Dalia (Lituania), Joseph (Malta), Mark (Países Bajos), Mateusz (Polonia), António (Portugal), Klaus (Rumanía), Peter (Eslovaquia), Miro (Eslovenia), Pedro (España), Stefan (Suecia), [Theresa (Reino Unido)], Jean Claude (Presidente de la Comisión Europea).

Miembros (“académicos de número”) de la RAE: 38/8

Manuel, Pere, Gregorio, Francisco, Francisco, Víctor, Emilio, Luis, Mario, Antonio, Juan Luis, Ignacio, Luis María, Luis, Guillermo, José Antonio, Carmen, Margarita, Arturo, José Manuel, Álvaro, Antonio, Francisco, José Manuel, Pedro, Salvador, Javier, Darío, José María, Soledad, Inés, Pedro, Juan, José, Santiago, Miguel, Carme, José Luis, Aurora, Manuel, Félix, Clara, Paz, Federico, Carlos, Juan.

Siguiendo este entretenimiento, descubre una que los Embajadores de España en el mundo son 120 hombres y 14 mujeres. O que entre las 43 personas galardonadas con el Premio Cervantes, solo hay 4 autoras. Y ya en esas harinas, se puede dar una un edificante garbeo por el Patronato del Instituto Cervantes, con el rey en lo más alto.

Ahora piensen en un aula escolar. Por ejemplo, en una con 30 estudiantes, que es el número de miembros del Consejo de Europa. Siguiendo su proporción, allí solo habría 3 niñas, una anomalía que sin duda preocuparía a padres, madres y espíritus santos. En el caso del curso “modelo RAE”, el aula contaría con 46 criaturas. Entre ellas, las 8 únicas niñas merecerían permanente inquietud entre AMPA y sus alrededores. Etcétera.

El caso es que cuando los presidentes y presidentas de las Comunidades autónomas estudiaban, el número de alumnas en España ya era semejante al de alumnos. Lo mismo que cuando estudiaban los “líderes” de los grupos parlamentarios españoles o los miembros del Consejo de Europa. Despojados de sus atributos, los integrantes de las instituciones repasadas y repasables son solo hombres y mujeres que fueron niños y niñas. La diferencia radica en que, durante la etapa escolar, consideramos una anormalidad lo que luego no nos llama demasiado la atención. A lo que suponemos y exigimos en etapas formativas no lo llamamos “paridad”. Lo damos por supuesto. Luego, cuando crecen, algunas echamos cuentas.