Opinion · Otras miradas

“Dimitir” sigue siendo un nombre ruso

Ya he dicho varias veces, allí donde me dejan expresarme, que aunque los socialistas han logrado que sus cargos dimitan con prontitud cuando la situación política así lo requiere, aún no han conseguido que lo hagan por las razones adecuadas. Y eso viene a ser casi tan desolador para el contribuyente como el empecinado aferramiento al cargo al que nos tienen acostumbrados los peperos o el propio alcalde naranjito de Arroyomolinos.

Un profesor de Historia Contemporánea que me dio clase hace años solía advertirnos de que por muchos aciertos que tuviera un examen, si contenía un error tan garrafal que evidenciase que el alumno no había entendido lo esencial, el suspenso era automático. Pues bien, la dimisión por motivos equivocados equivale a uno de estos errores dignos de la Antología del disparate y el sujeto debería quedar inhabilitado de por vida. Me refiero a respuestas delirantes, tipo

El arte prehistórico estuvo muy presente en la Península Ibérica, sobre todo en la zona de las antípodas.

Tanto la dimisión de Màxim Huerta del Ministerio de Cultura como la de José Félix Tezanos del CIS del PSOE, hieden a destituciones disfrazadas de dimisión,  al objeto de que ambos salven la cara. Si yo fuera Presidente, como Fernando G. Tola en la TVE de Felipe González, y al objeto de evitar que un acto tan honorable como es la dimisión se convierta en una farsa indecente de pseudodignidad política, antes de permitir a un cargo anunciar su marcha voluntaria, le preguntaría:

No me vale cualquier motivo ¿eh? Si lo que dices es falaz, el ridículo me salpica a mí y ofende a la ciudadanía. Te lo preguntaré delicadamente: ¿qué coño vas a decir?

Y si la motivación me pareciese tan peregrina como la aducida por los dos cargos susodichos, procedería a fulminarlo de inmediato. Es lo que hicieron los peruanos con el corrupto Fujimori en el 2000. Cuando intentó dimitir ¡por fax! como Presidente del Gobierno, el Congreso no le aceptó la renuncia y lo puso de patitas en la calle.

Sobre la dimisión de Màxim Huerta, la opinión pública ha sido unánime: en vez de reconocer que había mentido al Presidente al no revelarle su fraude a la Agencia Tributaria, se adentró en un lodazal de acusaciones a la prensa que convirtió su comparecencia sin preguntas en un insulto a la inteligencia y a la propia democracia. Si para algo sirven los medios de comunicación es para poner en conocimiento de los ciudadanos situaciones anómalas (cuando no manifiestamente ilegales), reñidas con la ejemplaridad que deben exhibir los cargos públicos.

José Félix Tezanos presenta esta semana una dimisión a regañadientes de su cargo como Secretario  de Estudios y Programas. Aunque parezca inaudito, este diplodocus socialista intentaba compatibilizar la dirección del CIS, de donde salen las encuestas y barómetros más importantes del país, con un cargo similar en el PSOE, desde el que pensaba elaborar, para más inri, el programa electoral de su partido para las elecciones municipales y autonómicas.

Igual que en el caso de RTVE, todo vino mal parido desde el primer momento. La primera anomalía es que Tezanos no dimite automáticamente del CIS sociata al ser nombrado director del CIS gubernamental. Su sistema de valores y creencias está tan alejado de la ética que exige la regeneración democrática, que no es capaz de ver por sí mismo que ambos cargos son deontológicamente incompatibles y que es su prurito profesional – no la presión de la opinión pública ni la del partido  en el que milita desde que los dinosaurios hollaban la tierra—la que debe llevarle a la renuncia. Tezanos espera, calladito, como es costumbre en España, a ver qué pasa. A lo mejor no se dan cuenta y cuela. A las 24 horas de su nombramiento, La Caverna mediática empieza a escupir sapos y culebras – esta vez bien escupidas – y a las 48 es su propio partido el que se percata de que la situación es insostenible. El PSOE le obliga a redactar un comunicado de renuncia, que expresa de algún modo el verdadero motivo por el que debe optar por uno de los dos cargos:

Su intención de dedicarse “plenamente” y “desde la profesionalidad y la más absoluta imparcialidad” a sus nuevas responsabilidades como presidente del CIS.

Cuando ya ha conseguido hacernos creer que la dimisión, aunque tardía, es voluntaria, un canutazo en los Cursos de Verano de El Escorial lo deja con el culo al aire.

No sé si es malo que un socialista sea presidente del CIS ¿si un comunista es presidente del CIS también es malo? ¡Y si es un podemita también será malo, como dicen algunos! ¿y un judío también sería malo? ¿o un gitano? ¡de qué estamos hablando!” 

Por el humor de perros con el que realiza las declaraciones, se ve que le han obligado a dimitir. Y por las dos falacias que nos cuela en el mismo párrafo, se ve que es un intelectual de chichinabo. ¿De verdad queremos a un sofista barato en el CIS?

Falacia nº1, del hombre de paja.  Tezanos dice que lo echan por socialista, porque es más fácil defenderse desde esa posición. Pero nadie le ha dicho que se vaya por tener carnet del partido. Lo echan porque pretende llevar dos CIS al tiempo: uno partidista y otro estatal.

Falacia nº 2, de la falsa analogía. Tezanos compara que te echen por tus creencias políticas – prohibido por la Constitución, que no es el caso – con que te echen por clara incompatibilidad deontológica.

Y tras soltarnos estas dos perlas, se va muy digno, haciéndose la víctima. Tezanos ha ido un paso más allá de la jauría humana de Màxim Huerta, porque esta vez los que le persiguen no son perros de la canallesca, sino pastores alemanes de las SS.

¿Qué nos apostamos a que el siguiente en dimitir terminará citando pasajes de El diario de Ana Frank?