La formación a lo largo de la vida: eje fundamental para la mejora económica y social

27 Feb 2014
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Por Mª Luz Martínez Seijo
Dra. en Planificación e Innovación Educativa

Las sociedades que tienen una mayor cohesión social son aquellas en las que su población tiene una sólida formación y están preparadas para seguir manteniéndola a lo largo de la vida. La evolución social, tecnológica o científica exige que los trabajadores actualicen sus competencias y su preparación permanentemente, de esta manera, nuestra sociedad responde adecuadamente a las necesidades del mercado laboral y los trabajadores tienen más posibilidades de acceder a puestos de trabajo, y participar activa y plenamente en la sociedad. Es por ello que la formación a lo largo de la vida se ha constituido como una de las prioridades de la Unión Europea.

El examen de competencias básicas de la población adulta hecho por la OCDE (2013) en 23 países dejó en España conclusiones muy reveladoras: la primera, que España está muy mal situada entre las economías desarrolladas (el penúltimo en lectura, y el último en matemáticas); y la segunda, que los tiempos han cambiado y que nuestros jóvenes de 16 a 24 años puntúan mucho más alto, (están a 12 puntos de la media de su edad en matemáticas) que los mayores de 55 a 65 años que distan 32 puntos. Entre otros datos este informe indica también que en España, el 75% de los que han sacado mejor nota tenía trabajo, frente al 47% de los de notas más bajas. Este último dato demuestra que la formación, sin ser una garantía de un puesto de trabajo, facilita el acceso a él.

Por eso, entre las recomendaciones que se extraen de este informe, aparte de reforzar las competencias en la escuela, se impone como necesario hacer un esfuerzo con los programas de educación continua para adultos, sobre todo, teniendo en cuenta que España tiene una enorme base de personas con baja cualificación como se muestra continuamente en las estadísticas aportadas por la EPA.

Es evidente que no podemos mejorar nuestro presente y futuro económico sin una amplia base social formada y cualificada. De ahí, la importancia de la formación a lo largo de la vida como concepto educativo que debe ser prioritario.

La educación tiene ideología, clara y trasladable a todas las etapas del sistema educativo y de la vida. Existe una evidente diferencia de modelos de sociedad que vienen determinados por las ideologías existentes en materia educativa. Unas, las conservadoras, dejan claro que su concepto de educación es clasista en varios sentidos, en potenciar una desigualdad de oportunidades, en que haya menos personas con altas cualificaciones provenientes de contextos sociales y económicos desfavorecidos, y lógicamente el alcance en el nivel educativo de las personas determina el modelo de sociedad que se pretende.

Este es un modelo de sociedad que recupera el concepto de clases sociales claramente estratificadas. Este modelo educativo pone trabas desde la educación primaria, genera una selección de alumnado en función de sus posibilidades económicas, limitando el acceso a ayudas para libros de texto, aumentando la ratio de alumnos por clase y disminuyendo el número de profesores,  limitando los apoyos educativos y las medidas de compensación educativa por desventaja social, etc. Todas ellas medidas que perjudican a los más débiles, lo que tiene consecuencias en las opciones sociales, laborales y económicas determinando un modelo claro de sociedad, con más personas sin cualificaciones, con trabajos basura, destinados a la casi segura exclusión social, y con menos calidad de vida…

Existe otro modelo educativo, el que persigue una sociedad basada en la igualdad, porque desde la educación se facilita la vía para alcanzar y lograr una igualdad y disminuir las desigualdades que surgen desde el nacimiento de las personas. Ante las dificultades de partida de los individuos, se crean vías alternativas de compensación educativa, económica y social… para que las desigualdades sean compensadas y surjan opciones para que desde el sistema educativo se avance socialmente.

El programa de Aprendizaje a lo largo de la vida es el macro programa educativo de la UE, y por ello debe ocupar un lugar destacado en las políticas educativas españolas para el 2020. En este escenario la formación de adultos debe cobrar un especial protagonismo tanto en la educación reglada como en la no reglada. Los CEPA (Centros de Educación para Adultos) juegan un papel clave como vía para la obtención de títulos y como puente para la continuación de la formación. En esta línea de trabajo es necesario reforzar la FP modular que permita la conciliación del trabajo y la formación continua. Además, se debe reforzar la colaboración y comunicación entre el sistema educativo y el mundo empresarial, abordando las necesidades de formación continua de los trabajadores que se van detectando en el mundo laboral.

Se debe estimular el  trabajo que Ayuntamientos, Diputaciones, Universidades Populares, Asociaciones Vecinales y ONG  desarrollan en la formación de adultos y  garantizar recursos económicos adecuados para incrementar y mejorar su actividad.

Es importante que la sociedad se impregne de la cultura de la formación permanente, es necesario que se tome conciencia, porque en el año 2020 el 85% de los puestos de trabajo en Europa exigirán cualificaciones, un dato que puede suponer un porcentaje importante de exclusión social.

Con más cualificaciones, hay más fortaleza para salir adelante. Este es el concepto del que debe impregnarse la sociedad, empezando por nuestros jóvenes, adquiriendo la cultura de la formación continua, puesto que logrando este objetivo se consigue que la recapitalización formativa del joven pueda hacerse efectiva a lo largo de su vida. Un joven tendrá más oportunidades formativas y laborales si partimos de una base formativa esencial, pero para ello, debemos partir del principio de la igualdad de oportunidades, de igualdad social, de que todas las personas puedan acceder a una formación y a unas cualificaciones.


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