Nuestros políticos son cosa pública

08 Ene 2015
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Mª Luz Martínez Seijo
Doctora en Educación y militante socialista

Ante un año nuevo, resulta casi obligado hacer un balance de nuestra vida pasada y también de lo que nos rodea. Hacemos memoria de los buenos y malos momentos y nos llenamos de buenos propósitos para el año que comenzamos.

Cabe esperar también realizar un balance en el panorama político, y que lo hagan internamente los partidos. De las reflexiones producidas deberían surgir los propósitos para el año venidero, aunque hacer análisis del pasado puede suponer cambios drásticos que no se está dispuesto a acometer, demasiados riesgos para un horizonte con mucha neblina.

Haciendo un poco de memoria, los cambios que se han producido en el PSOE en este recién finalizado año no fueron consecuencia de reflexiones de fin de año, y no fue precisamente el año 2013 el que obligó a replantear ciertas modificaciones. Sin embargo, fue entonces cuando se contrajeron compromisos de renovación, de mayor democracia y de apertura y participación social concretados en la Conferencia Política celebrada en noviembre. De ahí surgieron las elecciones primarias abiertas, cuya fecha de celebración se  acordó en el Comité Federal de marzo de 2014. Sin duda, estaba claro que la militancia y la sociedad reclamaban señales importantes para que el PSOE cambiara de rumbo, y no sólo de forma, sino también de fondo.

Pero este reclamo no alcanzaba su objetivo, a pesar de que no se paraba de llamar a la puerta del PSOE, con encuesta tras encuesta, desencanto de la militancia, desconexión con la sociedad… hasta que el detonante para producir el cambio llegó con el batacazo electoral en las elecciones europeas. La dimisión de Rubalcaba como secretario general del partido abrió la puerta a un escenario de novedad e incertidumbre en el que el PSOE se jugó mucho, pero dio la talla: 13 de julio y primeras elecciones primarias, fecha histórica entre la militancia para elegir al secretario general. Sin duda, estas elecciones fueron todo un ejemplo de democracia interna en un partido que lo necesitaba.

Pedro Sánchez ganó con el respaldo del 49% de la militancia, un porcentaje tan amplio que consolida un liderazgo trabajado durante meses transcurridos de visitas al territorio y de contacto con el socialismo de las agrupaciones locales.

Se van a cumplir seis meses desde entonces, un tiempo insuficiente para hacer quinielas sobre claros pronósticos electorales, pero suficiente para saber que su liderazgo se ha acrecentado, que su grado de conocimiento entre la sociedad es grande, como grande también es el cariño que los socialistas notamos que la gente siente por él cuando acude a las diversas asambleas abiertas que se están celebrando por toda España.

La cercanía y valentía de Pedro Sánchez en su nueva forma de mostrar la política puede gustar más o menos, pero está demostrando que cala como la lluvia fina, porque los políticos ni pueden ni deben estar encerrados en sus despachos, y si pretenden ganar la confianza de la ciudadanía deben darse a conocer, en su faceta política como en la humana, y eso se consigue por el contacto directo con las personas, pero también a través de los medios de comunicación que son plataformas de difusión.

Acabó el año 2014, pero no la crisis de credibilidad política en la que estamos inmersos.Vivimos nuevos tiempos, y se requieren nuevos políticos con nuevas formas de hacer política, distinta pero más cercana, y esas formas potencian también un liderazgo propio y a la vez social. La gente dedicada a la política son seres humanos que deciden nuestros destinos, nuestro día a día y por ello queremos conocerles más. Considero que es un buen rumbo el que ha tomado el secretario general del PSOE, acercándose como ser humano a la sociedad y acercando a su vez la política a los ciudadanos y ciudadanas porque de eso se trata, como también de generar nuevas formas de hacer política frente a las viejas que han dañado tanto la imagen del buen hacer y el fin de la RES PÚBLICA.


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