Desde “el lado oscuro” se fomenta el yihadismo

15 Feb 2015
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Willy Meyer
Miembro de la dirección de Izquierda Unida

La terrible matanza de los periodistas del seminario francés de izquierdas Charle Hebdo, los subsiguientes asesinatos de policías y rehenes civiles perpetrados por terroristas yihadistas , así como las bárbaras ejecuciones televisadas de personas presas por milicias del autodenominado Estado Islámico han generado una repulsión masiva de la opinión pública mundial frente a lo que parece una locura organizada.

Aparentemente, la reacción de la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo ha sido de condena. Cerca de 40 estados han coordinado, con diferente participación, una coalición militar enfrentada desde agosto de 2014 al Estado Islámico (EI) de naturaleza yihadista suní y que ocupa parte del territorio de Iraq.

Pero la realidad, a poco que examinemos con detenimiento el origen y desarrollo del EI, su financiación y las respuestas de los estados en la lucha contra este terrorismo, desvela la innegable responsabilidad y la falta de liderazgo político y moral de los estados más poderosos, que dicen luchar contra este terrorismo.

Debemos partir de la base de que sólo una acción antiterrorista basada en el Derecho Internacional, en el respeto a los derechos humanos y procesos penales garantistas puede conducir a la victoria moral y efectiva frente al terrorismo, frente a la barbarie.

Cuando esto no sucede, cuando se pretende combatir al terrorismo con medidas que vulneran la Carta de Naciones Unidas, con recortes a las libertades, sin los debidos procedimientos penales garantistas, se alimenta (en la espiral acción-reacción), cada vez más al terrorismo.

En la Conferencia sobre Seguridad celebrada recientemente en Múnich, el exsecretario general de la ONU, Kofi Annan, señaló que la invasión a Iraq en 2003 perpetrada por EEUU y sus aliados fue “un error” y contribuyó al surgimiento del grupo extremista Estado Islámico al intentar forzar una democracia sin instituciones, creando un régimen corrupto y dejando sin trabajo a militares y policías, que se han unido al EI. Reconociendo que siempre se opuso a la invasión, concluía que “el terrorismo islámico está destruyendo la diversidad y el pluralismo en Oriente Próximo”.

Ese “error”, una vulneración clara de la carta de Naciones Unidas, ha movilizado a cerca de 50.000 combatientes con una financiación de unos 2.000 millones de dólares.

Pero no sólo la ocupación de Mosul —segunda ciudad más importante de Iraq— les permitió hacerse con una parte de ese dinero (reservas de oro y pozos de petróleo bajo su control). Es conocido que los EEUU y sus aliados, en su afán de derrocar al presidente sirio Bashar al Assad, no dudaron en armar a grupos de la yihad con una participación activa de Arabia Saudí, Qatar , Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, estados feudales referentes de la mayoría de los países occidentales.

La visita del senador republicano John McCain en 2013 a Siria, para apoyar al “ejercito libre sirio”, fue la confirmación de la ayuda directa a parte de lo que hoy se conoce como Estado Islámico. El mismo modus operandi que se siguió en Siria sirvió para eliminar a Muamar el Gadafi con consecuencias trágicas para la estabilidad y desarrollo de Libia y el rearme de la yihad en el Sahel.

Esa complicidad activa se complica todavía más cuando el comportamiento de la Administración de EEUU y sus servicios de inteligencia no dudan en vulnerar sistemáticamente los derechos humanos y el principio de garantía procesal para luchar contra el terrorismo.

El Comité de Inteligencia del Senado, presidido por la demócrata Dianne Feinstein, dio a conocer el pasado mes de diciembre el resultado de la investigación abierta sobre la entrega, detención e interrogatorio de la CIA, seis mil páginas de las que solo verán la luz 500, con un retraso de dos años (el informe concluyo en diciembre de 2012 y las disputas con la CIA sobre que parte debería mantenerse clasificada motivó ese retraso extraordinario).

Este informe establece conclusiones que  certifican lo que era un secreto a voces, a saber; que los servicios de inteligencia y muy especialmente la CIA torturó, maltrató y violó a detenidos, además de mentir a la propia Administración sobre las consecuencias positivas en la lucha contra el terrorismo gracias a esas prácticas de torturas.

Del resumen publicado se deduce:

. La existencia de cárceles secretas (black sites) en diferentes partes del mundo en los años posteriores a los atentados del 11-S

. El uso por parte de la CIA de la tortura, “interrogatorio reforzado”, eufemismo para describir la técnica del ahogamiento simulado (waterboarding), la privación de sueño, la violencia sexual, las amenazas de muerte y los golpes del detenido contra un muro (walling)

. Que estas torturas no fueron eficaces a la hora de adquirir información útil para los servicios de inteligencia ni para lograr la cooperación de los detenidos.

. Que la CIA mintió a la Casa Blanca, al Departamento de Justicia y al Congreso sobre la desarticulación de posibles atentados gracias a la aplicación de la tortura a los detenidos.

En definitiva, de lo conocido del resumen, 500 de las 6.000 páginas del informe, se deriva una actuación criminal sostenida en el tiempo por parte de la CIA, consentida e impulsada por la Administración del Presidente Bush y su Vicepresidente Dick Cheney quién, en su momento, llegó a teorizar sobre la necesidad de combatir al terrorismo “desde el lado oscuro”.

Conocidas las conclusiones, el Presidente Obama reaccionó aludiendo a que “ninguna nación es perfecta”, y tanto Bush como Cheney afirmaron que ellos no se sienten engañados por la CIA, tal y como sostiene el informe del Senado. Todo indica que nadie será llamado a declarar ante la justicia y el propio informe no prevé revelar la identidad de los torturadores.

La degradación moral de un estado que tortura, viola, miente y detiene de forma ilegal debe ser investigada y castigada conforme a las más elementales normas del derecho que le asiste a cualquier persona detenida sospechosa de haber cometido algún delito.

La impunidad —antesala del fascismo— vuelve a ser la protagonista una vez más. Impunidad que se convierte en un escudo protector de todas las administraciones de EEUU y los responsables de sus servicios de inteligencia, incluida la del actual Presidente Obama que ampara y promueve ejecuciones extrajudiciales como la de Bin Laden, el uso de aviones no tripulados para ejecutar a personas sin control judicial o el espionaje generalizado de la agencia NSA.

Esta impunidad se convierte en la mejor agencia para reclutar a más terroristas, es la retroalimentación de la violencia y la tortura que se ejerce diariamente en cualquier parte del mundo. El liderazgo moral y político desde la razón, las libertades y el derecho, es la única vía posible para reducir y eliminar al terrorismo yihadista.

Cualquier tentación de recortar libertades, apelar a la pena de muerte o rescatar figuras como la cadena perpetua encubierta (caso de la prisión permanente revisable recientemente aprobada por el Partido Popular en el Código Penal), son respuestas desde “el lado oscuro” que se vuelven inexorablemente contra el objetivo de poner fin al terror y la barbarie.


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