Desmontar la trampa del lenguaje

02 Nov 2012
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Fernando Luengo
Profesor de Economía Aplicada e investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. Miembro del colectivo econoNuestra

El lenguaje utilizado por el mainstream académico y por las élites políticas es imprescindible cuestionarlo desde la raíz misma, pues su aceptación y utilización ha supuesto una gran victoria cultural de las políticas neoliberales. Con un apoyo mediático sin precedentes, se repiten una y otra vez las mismas expresiones: “todos somos culpables y, en consecuencia, todos tenemos que arrimar el hombro”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora toca apretarnos el cinturón”, “el Estado es como una familia, no puede gastar más de lo que ingresa”, “la austeridad es una virtud que, si la practicamos con convicción y firmeza, nos permitirá salir de la crisis”. Tan sólo son algunos ejemplos de uso bastante frecuente de un discurso simple (simplista),  directo y, por qué no decirlo, muy efectivo; nos entrega palabras y conceptos fácilmente manejables, que proporcionan un diagnóstico de quiénes son, o mejor dicho somos, los culpables y cuáles son las soluciones.

Dado que todos, sin distinción de estatus ni clase social, hemos sido responsables y que la única salida es el esfuerzo colectivo, ese discurso busca convertir a la ciudadanía en espectadores pasivos de un grupo tecnocrático cuyo cometido es gestionar con eficacia, con su saber hacer, la necesaria austeridad.

Según ese mismo lenguaje, ampliamente aceptado, todos somos culpables y el mayor de todos es el Estado, despilfarrador por naturaleza. Por esta razón toca adelgazarlo, y de esta manera liberar (literalmente) recursos atrapados y mal utilizados por el sector público, para que la iniciativa privada, paradigma de la eficiencia, los pueda utilizar.

Lo cierto es que estos razonamientos y su lógica, implacables e inexorables en apariencia, nos alejan de una reflexión sobre la complejidad, sobre las causas de fondo de la crisis; causas que apuntan a las contradicciones de la dinámica económica capitalista, la problemática asociada a la integración europea, la operativa de los mercados y los intereses que los articulan. Estos asuntos han quedado fuera de foco y, por supuesto, fuera de la agenda de una posible superación de la crisis. Agenda que, además de incorporar una visión de la misma de calado estructural, necesita hacer valer otro lenguaje —en realidad, otro marco conceptual e interpretativo— basado en las ideas de sostenibilidad de los procesos económicos, el trabajo decente y la cohesión social.


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