Cospedal o cómo perder a las primeras de cambio

28 May 2015
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María Llanos Castellanos
Exconsejera de Administraciones Públicas de Castilla-La Mancha

La victoria de María Dolores de Cospedal en 2011 supuso un auténtico seísmo en Castilla-La Mancha y, sin embargo, en 4 años la gente la ha echado del Palacio de Fuensalida, en un giro llamativo y poco frecuente. Mucho se ha hablado de las razones más objetivas y cuantificables de su derrota: sus 100.000 parados más, sus recortes en sanidad, las listas de espera, el desprecio hacia la educación pública… pero lo que pretendo apuntar aquí son otras razones, más intangibles y difusas quizás, pero que a mi juicio también han tenido un peso importante en la decisión que la gente tomó el domingo 24.

Vivimos tiempos inciertos en los que en buena medida hemos sustituido la “sociedad del conocimiento” por una sociedad del sentimiento y de la intuición y este cambio se ha vuelto especialmente relevante en política. Muchas de las formaciones y personajes que más pasión levantan hoy día son un interrogante mayúsculo en cuanto a programas, propuestas e incluso en cuanto a candidatos concretos en cada municipio o región. En este momento basta con sentir e intuir tras unos pocos minutos en televisión: me gusta/no me gusta, me lo creo o no. Por eso, propongo un repaso por los sentimientos que han recorrido mi tierra en estos cuatro años y que creo que están en la base de una derrota de Cospedal que no entraba dentro de lo previsible a la vista de lo que nos enseña la historia reciente en nuestro país.

Hablando de sentimientos hay que reparar que Cospedal y sus cachicanes —perdón, pero algunos no merecen otro nombre— abrieron una causa general contra casi 30 años en Castilla-La Mancha. No hablaban y ponían en tela de juicio los últimos años del gobierno Barreda, no; empezaron a hablar de régimen, poniendo en cuestión hasta la propia legitimidad democrática de todos los gobiernos anteriores desde el año 83.

Y se equivocaban de plano pues a los ciudadanos les puedes decir que erraron en un momento concreto eligiendo un Gobierno o bien, lo que es más frecuente, tal y como hacía el PP a nivel nacional, puedes decir que es el Gobierno el que le ha engañado y traicionado a sus ciudadanos, trasladando así la responsabilidad de la mala gestión achacada al partido enfrentado, pero lo que en ningún caso se aconseja es decirle a los electores que la equivocación se extendía a tres décadas completas pues lo que dices a las claras es que, o bien son tontos de forma contumaz o bien son cómplices de una mala gestión que se queda sin respuesta en las urnas. Esa causa general empezó a incomodar a muchos de sus votantes que consideraban que igual de útil que resultaba en 2011 votar a Cospedal, lo había sido en su momento votar al PSOE y que no se sentían cómodos ante unas regañinas públicas de los miembros del Gobierno y de la propia Cospedal cada vez que comparecía en público en sus primeros tiempos.

Además, agitando el espantajo de la crisis y con el pretexto del supuesto ahorro —aunque en el último informe del Tribunal de Cuentas ya hemos visto que pese a tijeretazos, amputaciones y recortes la deuda ha aumentado más de un 15%— Cospedal inició la legislatura eliminando de un manotazo la Sindicatura de Cuentas con lo que dejaba a la región sin el órgano de control externo, el Defensor del Pueblo y el Consejo Económico y Social para terminar la faena eliminando Diputados en las Cortes regionales.

Si esta medida hubiera conseguido que fuera general y seguida por el resto de presidentes del PP, ya que era la Secretaria General del Partido, quizá hubiera resultado entendida y hasta aplaudida. Pero al hacerlo sola, sin que ninguna otra Comunidad tomara decisión semejante, lo que trasladó a los ciudadanos fue la impresión de que nos consideraba de tercera división, con menos merecimientos que el resto para conservar un mínimo institucional básico; y esto, en una región que en ocasiones se siente no muy bien tratada y para la que cualquier gesto de menosprecio es hurgar en una herida muy abierta todavía, es tremendamente peligroso.

En el fondo lo que le decía Cospedal a Castilla-La Mancha es que la Región con sus 5 provincias, 80.000 kms —que van desde el límite con Murcia y Jaén hasta la frontera con Soria— y más de 8.200 millones de presupuesto merece ser gestionada, controlada y legislada por el mismo número de diputados que La Rioja, por poner un ejemplo y por menos que Murcia. No tenía sentido alguno y los ciudadanos no lo entendieron. Ahora no lo ve hasta ella que ha muerto a manos de su propio pucherazo electoral.

Pero es que además, si no eran suficientes estos motivos internos, la ambición le pudo y se empeñó en compaginar su cargo de Presidenta Regional con el puesto orgánico de Secretaria General del Partido a nivel nacional. A mi juicio, éste ha sido un error mayúsculo y definitivo por dos razones que nada tienen que ver con el machismo que ella invocaba.

El error más intuitivo es que trasladaba a los ciudadanos que la Presidencia de Castilla-La Mancha era sólo un paso más, un escalón necesario pero no el definitivo que había planificado en su cursus honorum y esta sensación es letal, porque la verdad es que a nadie le gusta que le hagan sentir sólo una pieza útil en la caza de una presa mayor.

Pero es que además, el papel de Presidenta de todos los manchegos se compadece mal con el puro ejercicio partidista que le es requerido a una Secretaria General. Esta lección, por cierto, la tiene bien aprendida Soraya Sáenz de Santamaría que pone cara de póker cada vez que los periodistas intentan enredarla con asuntos de partido y repite hasta el hartazgo eso de que ella es Gobierno y no partido, evitando facilitar la imagen de una Vicepresidenta manchada de fango en las luchas internas.

El que el vecino viera a Cospedal fajarse en disputas de partido y entre partidos, le hacía recordar al que no le votó en su día que ella no era realmente su Presidenta y que no velaba por el bienestar de todos, o al menos no durante unas cuantas horas al día.

Es evidente además, que si ese ejercicio de lucha partidista se hace sola, completamente sola, en efecto y teniendo intervenciones tan memorables como la del archifamoso finiquito en diferido, la vergüenza ajena inunda incluso al paisano que está más alejado de sus posiciones porque hasta éste estaba representado, su pesar, por Cospedal que era la misma fuese cual fuese la hora del día. Y así cuando inauguraba polideportivos en Cabanillas llevaba un poco de Secretaria General a rastras alejando a muchos vecinos y cuando daba esas famosas ruedas de prensa en Madrid llevaba consigo colgada a la Presidenta para mayor vergüenza de muchísimos manchegos, que decidieron el domingo que hasta aquí habían llegado ellos en su historia con ella.

Esta intuición de que Castilla-La Mancha tenía una Presidenta sin sentimientos, o por lo menos sin sentimientos por su tierra, es lo que ha apartado a Cospedal del poder y me parece que en su caso, la tragedia no se centra tanto en perder una Presidencia casi recién conquistada como en que con su pérdida se cierra la puerta que de verdad quería cruzar.


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