Ni sectarios ni identitarios. De izquierdas y solidarios

09 Jun 2015
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Vicente Serrano
Miembro de la Junta directiva de Alternativa Ciudadana Progresista

Para explicar la Alternativa Ciudadana Progresista, es preciso entender la historia reciente de Catalunya y nuestra visión de esta. Empezaremos por la punta del iceberg donde muchos se quedan. La democracia llevó a la escuela el catalán y la LOGSE, bien administrada por el nacionalismo, se encargó de socializar el fracaso escolar. Inmersión lingüística le llaman, aunque en realidad sea un proceso de beatifica catalanización al modo wertiano.

Debajo de la superficie está la clave. El “procés” catalán se construye en base a la anulación social y política de las clases trabajadoras. Tres son los estigmas de su alienación: ser pobre, ser inmigrante y ser castellano-hablante. En caso de ser mujer habría que añadir otra vuelta de marginalidad. Es interesante releer sobre esta realidad a James Petras en su artículo de 1999: La cuestión del Bilingüismo, sobre todo los párrafos finales donde queda explícita la paradoja.

La Catalunya actual se construye con la transición y apoyada en el candado del 78. Los milenarios muertos y los falsos agravios “tricentenarios” son solo salvas de mortero para alimentar el victimismo de una sociedad pusilánime que se mira el ombligo de las esencias patrias. Y el que no se lo mira, los que tenemos otras prioridades distintas al nacionalismo, es que estamos pendientes de buscar trabajo, de evitar que te desahucien o de resolver el día a día. Y conscientes o inconscientes de nuestros tres estigmas sociales, o no jugamos o nos sometemos a la cultura dominante en esta provinciana Catalunya o nos significamos para quedar socialmente marcados, como “españolistas” claro.

A la burguesía catalana ya no le apetece ser española, ya ha ordeñado bastante la vaca. Los privilegios del proteccionismo que en su día le garantizó España no le sirven en el juego global. Conscientes de la debilidad de los actuales estados-nación quieren ser el ratón preferido de las grandes corporaciones multinacionales. Para muestra un botón en forma de una Eurovegas catalanizada: BCN World.

La partitura estaba escrita y con mayor o menor fidelidad se ha estado ejecutando, in crescendo, eso si, desde el día en que la izquierda cedió a Pujol el gobierno de la Generalitat tras las primeras elecciones autonómicas.

Pero tal vez lo más llamativo ha sido el papel de la izquierda en toda esta historia. ¿Como es posible que la izquierda durante la II República nunca tuviera dudas del carácter derechoso, conservador, insolidario y xenófobo del nacionalismo y en cambio a partir de la transición este recibe un marchamo de progresismo inmerecido? Es el mismo nacionalismo de La Padania, de Le Pen y ahí la izquierda europea no tiene dudas. Esto solo se entiende por la voluntad del nacionalismo de ser transversal a todas las ideologías, desde la derecha, donde se ubica naturalmente su ideario, hasta la izquierda. El sistema utilizado está copiado con maestría del trotskismo. Desde la transición el entrismo o embebimiento del nacionalismo en todas las organizaciones políticas y no políticas ha sido constante. Se han ocupado todos los resquicios posibles. No ha habido partido, sindicato, asociación (de lo que sea, desde asociaciones de padres y madres a asociaciones de jugadores de bolos) en que más pronto que tarde y sibilinamente no haya aparecido el nacionalismo y haya impuesto sus tesis. Se salvan contadas entidades que en su constitución llevaban entre sus objetivos también la lucha en contra del nacionalismo.

La estigmatización feroz de los críticos ha sido una constante en Catalunya. “Fascista” o “franquista” era de lo mas “bonito” que se te podía llamar. No ser catalanista (versión suave de lo mismo) te auguraba un vacío social, cuando no un peligro para tu estabilidad laboral. El acallamiento de la disidencia ha hecho creer a la misma sociedad catalana y por extensión a la española que existe un sentimiento de pueblo oprimido y que este está justificado. Nada más lejos de la realidad.

El pueblo oprimido en Catalunya es el mismo que en el resto de España y ha sufrido los recortes igual e incluso antes, ya que el gobierno de CiU con el apoyo de ERC fueron precoces en su ejecución. Las manifestaciones contrarias a las políticas neoliberales de Mas y sus socios culminaron rodeando el Parlament y esto lanzó al nacionalismo a la espiral separatista culpando de todos los males a la “Espanya ens roba”, copiando el “Roma ladrona” de los de la Liga Norte (Padania).

A pesar de las continuas encuestas que dicen que los separatistas son minoría, a pesar de que el nuevo estatuto solo tuvo el soporte de un 36% del censo, a pesar de que el 9N menos del 30% apoyó el “Si, Si”, a pesar de que la lengua mayoritaria en Catalunya sigue siendo el Castellano ….. la gente piensa que los catalanes nos levantamos cada mañana con una opresión en el pecho porque no nos dejan “nuestro derecho a decidir”. Como diría Gabriel Celaya: “¡Basta de historia y de cuentos! / ¡Allá los muertos! Que entierren como dios manda a sus muertos”.

Pero es que esa sensación, esa hegemonía aparente del nacionalismo en Catalunya tiene una explicación, una razón político-económica: Una prensa fuertemente subvencionada y una televisión publica, TV3, al servicio del “procés”. La ciudadanía catalana está sometida a un continuo bombardeo de “memes” e ideas fuerza sobre una realidad inventada. No es el pueblo oprimido el que reclama la independencia, es el poder establecido el que alienta una falsa rebeldía en su propio beneficio. Es la derecha catalana (CiU y ERC) la que lidera el proceso y la izquierda (PSC, ICV-EUiA y ahora Podemos) la que le baila el agua.

Alternativa Ciudadana Progresista se constituye en 2007 como asociación de izquierdas y no nacionalista. Nuestro análisis es que mientras la izquierda no supere los complejos que arrastra desde la transición ante el nacionalismo no será posible reconstruir un discurso hegemónico de la misma, tanto en Catalunya como en España. La permanencia como dogma del derecho a la autodeterminación en España y la aceptación del concepto tramposo del “derecho a decidir” nos mantienen maniatados e incapaces de generar un discurso potente y emancipador.

Alternativa Ciudadana Progresista es activa políticamente y plantea la necesidad de generar confluencias con otras entidades (partidos o asociaciones) que devengan en un proyecto de izquierda no nacionalista. Estamos en la Coordinadora 14 d’Abril, en las Marchas de la Dignidad, en el Foro contra el paro y la pobreza, en la ILP Renta Garantizada, etc. Nuestros asociados militan en partidos y organizaciones de izquierdas que aquí criticamos.

Y en los últimos tiempos tenemos el honor de incorporar nuevos miembros que viven fuera de Catalunya y que creemos nos pueden aportar una visión más amplia del conjunto. Es por ello que hemos considerado importante presentarnos en Madrid, en el Ateneo, el próximo martes 9 de junio a las 7 de la tarde, intentando con un par de aseveraciones responder al porqué de las cosas, al porqué de ACP: “Ni sectarios ni identitarios. De izquierdas y solidarios”.


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