El valor de las competencias para la empleabilidad

30 Sep 2015
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Mª Luz Martínez Seijo
Profesora. Doctora en Planificación e Innovación Educativa

Recientemente ha salido publicado el Informe de Diagnóstico sobre la Estrategia de Competencias de la OCDE  que pone de manifiesto ciertas debilidades españolas que son recomendables corregir para alcanzar los niveles formativos medios y superiores del resto de países de la OCDE.

Una vez más y al igual que en otros informes elaborados por la OCDE, tipo PISA, TALIS, PIAAC se revelan cuestiones importantes que afectan a la educación obligatoria pero en este caso también a la formación universitaria y de adultos, poniendo un énfasis especial en la evaluación del estado de las competencias de la población española y su relación con su desarrollo personal, social o profesional.

Algunas conclusiones, aunque no novedosas, deben hacernos reflexionar sobre la conveniencia de aplicar ciertos cambios, casi de urgencia, en nuestro sistema formativo, que desde luego no contempla la LOMCE, ni las reformas educativas acometidas por el PP. El informe resalta el alto porcentaje de abandono escolar que existe en España y que tiene una absoluta relación con los altos porcentajes de repetición que alcanzan el  32,9% en el año 2012, lo que implica que una buena parte de nuestros jóvenes finalizan sus estudios más tarde que en otros países, si los llegan a finalizar.

En torno al 30 % de los estudiantes de educación secundaria inferior no se gradúan con el certificado necesario para acceder a la educación secundaria superior. Sin embargo, es evidente la necesidad de que  nuestros jóvenes concluyan la  educación secundaria obligatoria y adquieran competencias básicas fundamentalmente de comprensión lectora y matemáticas para poder ampliar sus estudios y su formación en la edad adulta. Las consecuencias del abandono escolar se han visto con plena claridad en la recesión económica, los jóvenes que han abandonado los estudios  sufren de manera más aguda su falta de competencias básicas y encuentran mayor dificultad para acceder a un puesto de trabajo.

Una vía alternativa al abandono escolar es la FP, potenciarla, ampliarla y facilitarla a estos jóvenes es una opción más que recomendable para evitar que un porcentaje tan alto de jóvenes, superior al 20%, se quede en la cuneta, sin posibilidad de adquirir sus competencias básicas y con un alto riesgo de formar parte del grupo de exclusión social en el futuro.

Potenciar y mejorar la FP ha sido desde hace años un eje central del discurso político educativo, sin embargo y a pesar de los años transcurridos, programas y reformas acometidas, este informe nos indica que los estudiantes españoles tienen menos probabilidades de acceder a la FP y al aprendizaje basado en el trabajo, y como consecuencia,  España tiene menos titulados (33%) que otros países de la OCDE cuya media se encuentra en el 40%. Es decir, España requiere más FP pero existen dificultades para acceder a ella.

La nueva FP básica, nacida de la LOMCE, no garantiza una formación suficientemente adecuada y completa para que los jóvenes que la finalizan puedan acceder cómodamente al mercado laboral, más aún porque la LOMCE  no garantiza que estos jóvenes puedan seguir con su formación en una FP de grado medio, al carecer del título de la ESO. Tampoco es sencillo el paso de la FP de Grado Medio a la FP de Grado Superior, prueba de ello es que muy pocos jóvenes pasan de una a otra.

La FP dual, un sistema que en principio acercaría a España a sistemas de FP similares de otros países de la OCDE, está muy lejos de poder ser una opción extensible a toda la FP. El tiempo que los jóvenes deben pasar en una empresa para completar su formación es muy amplio y requiere que haya muchas más empresas implicadas en este proceso, además de trabajadores dedicados a formar a los jóvenes que colaboren en el desarrollo de sus competencias prácticas.

Estos tres grandes obstáculos indican que no se está yendo por el camino más adecuado para facilitar las competencias profesionales que requieren los jóvenes, quedando todavía un largo camino para situar a la FP como un eje estructural de la formación para nuestros jóvenes que proporcione una salida a las verdaderas necesidades del mercado laboral.

Una proporción cada vez mayor de ocupaciones en España requiere niveles de educación y competencias más altos y se espera que esta tendencia continúe  en el futuro. Es un hecho que el índice de obtención de títulos en España en educación terciaria (universitaria y no universitaria) se acerca a la media de la OCDE, habiendo aumentado considerablemente en las últimas décadas, pero estar en posesión de un título no significa tener las competencias que se requieren en el mercado laboral. Se ha estimado que el 75 % de personas poseen los niveles adecuados de competencias (medidas por comprensión lectora) necesarios para los trabajos que desempeñan, lo que indica que existe una descompensación entre las titulaciones adquiridas y los niveles de competencias alcanzados para el desempeño de los puestos de trabajo disponibles en el mercado laboral.

Conviene añadir que el Informe de Diagnóstico sobre la Estrategia de Competencias de la OCDE indica que las prácticas que se siguen en España en materia de contratación proporcionan pocos incentivos a las universidades para que puedan responder a las cambiantes necesidades del mercado laboral y añade que en la gestión de las universidades se priorizan más los intereses de los círculos de académicos que los de otros actores, como las empresas. Por ello, parece lógico que una de las prioridades y objetivos a abarcar en educación universitaria sea mejorar los vínculos entre los centros de educación terciaria y el sector empresarial y una mayor movilidad entre las universidades y el sector privado que podría mejorar la calidad y la relevancia de las competencias desarrolladas durante la educación terciaria.

A  pesar del considerable progreso en el aumento de titulados terciarios, existe una cierta inquietud respecto a la calidad de las competencias desarrolladas durante estos estudios y podría estar relacionado con los niveles comparativamente bajos de competencias adquiridas durante la educación obligatoria, una observación que también se produce en la educación secundaria sobre los alumnos que provienen de la educación primaria. O lo que es lo mismo, en cada etapa educativa se detecta en cierto grado un nivel de competencias básicas en el alumnado inferior a lo esperado. Cabe concluir entonces que se debe realizar un gran esfuerzo para optimizar la obtención de las competencias básicas correspondientes a cada etapa educativa, mayor en educación primaria, para que los niños y jóvenes lleguen a alcanzar las competencias esperadas en cada etapa educativa y no se produzcan desfases que se van acumulando a lo largo de la escolarización y de la vida.

Conviene añadir algunas reflexiones sobre el estado actual de la formación de las personas adultas, entre las que hay un alto porcentaje con escasas cualificaciones, cerca de 10 millones tienen un nivel bajo de comprensión lectora o de competencia matemática cuya consecuencia es menos productividad, competitividad y calidad de vida. Este porcentaje no es una sorpresa, sino que obedece en parte al legado histórico de un bajo nivel educativo.

La conclusión de estos bajos niveles educativos entre la población adulta (entre 25 y 64 años) es una probabilidad de 1.5 veces mayor de estar desempleados y casi 3 veces mayor de quedar fuera de la masa laboral y no cursar estudios que aquellos con mayor cualificación.

Sin duda, existen medidas dirigidas a mejorar la evaluación y el reconocimiento de las competencias adquiridas a través de la experiencia profesional o la formación no formal  que pueden ayudar a  los trabajadores, pero solo cerca del 19 % de los adultos con baja cualificación en España participan en alguna modalidad de educación o formación, formal o no formal, en contraste con la media de la OCDE del 31%, una diferencia excesiva que España no puede permitirse teniendo en cuenta la alta tasa de desempleo. Es evidente la necesidad existente en nuestro país de revalorizar el concepto de formación, no sólo para poder obtener con más facilidad un puesto de trabajo que cada vez exige más cualificaciones, sino también para poder desenvolverse mejor en todos los ámbitos de la vida.

Como conclusión entendemos que España debe abordar grandes retos para mejorar las competencias básicas de los ciudadanos, empezando por introducir medidas de prevención desde educación primaria para que cada vez haya menos jóvenes que abandonen el sistema educativo sin competencias básicas adquiridas. Debe potenciarse la FP y mejorar los  sistemas de información y orientación y fortalecer la relación con las empresas, desarrollando programas formativos que den solución a sus necesidades laborales. En la educación terciaria se debe producir una profunda reflexión sobre la adecuación de la oferta de títulos a la demanda laboral, adaptando la oferta a las necesidades de los futuros estudiantes y estableciendo una mayor relación y complicidad con el mundo empresarial.

Finalmente mi conclusión global es que a pesar de que en España hemos crecido en el reconocimiento al valor de la formación en los últimos años, debemos aplicarlo en nuestras vidas, y ser conscientes de que las competencias, el conocimiento y la formación deben ser una constante en nuestra vida personal y profesional, y que sirva de ejemplo a las futuras generaciones.

 


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