La cuota que no asume Albert Rivera

03 Nov 2015
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Manuela Montalbán
Abogada y feminista

En la España del siglo XXI el reparto de responsabilidades familiares sigue cargándose casi exclusivamente sobre las mujeres. Esto, lejos de ser un problema meramente doméstico, produce desequilibrios que limitan, hasta casi imposibilitar, su desarrollo profesional.

En este contexto, el día 30 de octubre, en la Sexta Noche, presenciamos el destape de Albert Rivera, y descubrimos  la razón que quizá explica por qué no le gustan las cuotas y por qué no las incorpora a su programa.

Rivera fue entrevistado por Iñaki López bajo un formato en el que el periodista acompañó al político durante toda una jornada de trabajo. La entrevista, según el propio programa de la noche de los sábados, mostraba el lado más íntimo de Albert Rivera.

Albert comenzó la entrevista diciendo: “Lo primero es mi hija, después está la política”. Al tiempo que aclaraba que es padre separado no-custodio y que la ve en fines de semana alternos, si su trabajo se lo permite, y merienda con ella todos los miércoles, que para él son sagrados “desde la salida del colegio hasta que llega la hora de cenar”. También explicó que en su régimen de visita era flexible, pues si le surgía algún compromiso, podía cambiar los días, aunque, precisó que en ocasiones se llevaba a la niña con él “pues mi madre o mi novia me acompañan”.

También contó Rivera que sentía que su trabajo de diputado era de veinticuatro horas. Pero que aún así busca sus espacios para ir al gimnasio, hacer escapadas de fin de semana con su chica, ir al cine… porque había constatado que eso le hace más fuerte mental y físicamente.

Después de darnos tantos datos sobre la organización de su jornada, nos sorprendía preguntándose cómo tenía tiempo para hacer tantas cosas.

Pues bien, aquí, es donde lo personal pasa a ser social, y además político.

Está claro que, al igual que Albert Rivera, hay muchos varones, que siendo papás, pueden dedicar todo el tiempo que quieran a su trabajo, consolidando su faceta personal, profesional o política y mostrarse siempre disponibles para el ascenso y, además de eso, son capaces de tener mucho ocio.

¿Y, cómo pueden? Se pregunta el secretario general de Ciudadanos.

Pues, Albert, porque hay mujeres que sacrifican sus trabajos, sus ascensos, sus horas extras, sus escapadas al cine, al gimnasio, sus carreras políticas, profesionales y políticas para cuidar de vuestras hijas e hijos.

“Hay que adaptarse” nos decía Albert en la entrevista, obviando que quién se adapta no es él, sino las mujeres que le rodean (la madre de su hija, su novia o su propia madre) quienes, según él mismo contó, le sustituyen en sus, ya de por sí escasas, tareas de cuidados, cuando a él le surgen compromisos.

Relegar las tareas al sexo femenino es un tipo de discriminación que, entre otras cosas, impide el normal desenvolvimiento de la mujer en sociedad y que explica como el porcentaje de mujeres en casi todos los ámbitos de la vida pública es mínimo, en relación al total de la población femenina.

Como vemos, las mujeres siguen cargando con el peso de los cuidados familiares, lo que impide que puedan competir en igualdad de condiciones con varones como Albert Rivera.

Sabemos que las cuotas, utilizadas en toda la Unión Europea, son una forma eficaz de corregir este desequilibrio hasta el punto de haber sido recomendadas por la Organización de Las Naciones Unidas con el fin de superar las desigualdades de género.

Suponemos que Albert Rivera imagina que el acceso a la vida pública, profesional y política de mujeres cuidadoras, perjudican seriamente situaciones, que como en su caso, son absolutamente dependientes de los cuidados de sus mujeres.

Que un varón, nada menos que secretario general de un partido dispuesto a gobernar, reconozca que la crianza de su hija la delega en la madre de la niña, porque él tiene un trabajo muy absorbente. Y al tiempo diga que su hija es para él lo primero porque le reserva las horas de la merienda del miércoles y los fines de semana alternos en los que no tiene compromisos de trabajo, nos hace creer que, cuanto menos, vive una fantasía.

¿Cómo es posible que un candidato que habla de regeneración política pueda hacer públicas declaraciones como estas? Y algo aún peor… ¿Cómo es posible que las haga y no pase nada?

Señor Rivera, queremos nuestra cuota para que personas como usted, empiecen a asumir la suya.


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