Opinion · Otras miradas

La agricultura en un nuevo modelo productivo

Miguel Ángel de Porras

Paloma López BermejoEurodiputada de Izquierda UnidaEconomista

Paloma López Bermejo
Eurodiputada de Izquierda Unida
Miguel Ángel de Porras
Economista

La agricultura es una actividad vinculada al territorio, fundamental para mantener la población y los ecosistemas rurales. Pese a ello, también es la gran olvidada del nuevo modelo productivo que aspiramos a construir. Quizá subsista aún la creencia desarrollista que la retrata como un sector atrasado, estancado y sin futuro, aun tratándose de uno de los pocos sectores que continúa generando riqueza -pese a la fuerte crisis internacional-, lo que pone de relieve su resiliencia y su enorme potencial.

Son muchas las alternativas que están surgiendo y que pueden ser vistas como un embrión del cambio necesario. Observamos el importante desarrollo de la agricultura ecológica, a partir de la cual se extiende un modelo más sostenible ambientalmente y creador de empleo. O el nacimiento de redes alternativas de consumo que acortan la distancia entre productor y comprador y que contribuye a reducir el coste energético de su transporte sin depender de las tradicionales líneas de distribución. También destacan las experiencias que luchan por el acceso a la tierra y el mantenimiento de las pequeñas explotaciones, desde los bancos de tierras públicas a las cooperativas agrarias.

Pero si todas estas experiencias son necesarias, no son suficientes sin un proyecto político que las sostenga y profundice. No en vano, el éxodo rural sigue sin frenarse y el relevo general es nulo, puesto que sólo el 10% de los agricultores tiene menos de 40 años.

Si la actual PAC no es capaz de mantener los niveles de renta agraria es por su orientación hacia un mercado sin controles ni regulación. Un cuadrilátero donde el agricultor es como David frente a Goliat. Un marco que no se preocupa del reparto del valor de los productos agrícolas, ni de un reparto justo de la propiedad de la tierra consolidando así la posición de las grandes distribuidoras y terratenientes.

Gozamos de innumerables ejemplos donde son los agricultores las primeras víctimas del libre mercado. Desde la crisis del sector lácteo, generada por la negativa a prolongar el régimen europeo de cuotas, hasta los efectos del embargo ruso, donde los productores sufren los costes de la beligerante política exterior de la UE. Las grandes multinacionales de la distribución practican un expolio en toda regla, que hasta ahora ha estado amparado por las autoridades españolas y europeas de la competencia, quienes pese al claro abuso de posición en dichos mercados se han negado sistemáticamente a emprender acciones. Es en esta cadena de suministro, en el mercado y en la distribución, donde se encuentra el verdadero problema de la agricultura española.

El empleo agrícola siempre ha estado denostado socialmente y es indispensable recuperar su importancia como motor económico en las zonas rurales. Existen alternativas a la precarización de trabajadores y trabajadoras del campo y pequeños agricultores y para ello es necesario apostar por el trabajo digno y un reparto justo de las rentas en el sector agrícola. Es necesario fortalecer las organizaciones de productores y los sindicatos para que luchen por condiciones dignas en el campo a través del dialogo social. Y como han señalado la Organización Internacional del Trabajo y la FAO, la mejora de las condiciones agrícolas debe servir de motor para el desarrollo rural, junto al mantenimiento y desarrollo de los servicios públicos que, en zonas débilmente pobladas, son la primera víctima de las medidas de austeridad.

Para nosotros, el sector primario debe ser considerado un sector estratégico -en un país que goza de una increíble agro-biodiversidad, la agricultura no puede ser tratada como el vagón de cola de la economía, sino que debe estar en el centro de su desarrollo. Esta tarea no es sencilla: debe prevalecer una concepción diferente de la actividad agrícola y ganadera. Debe frenarse la liberalización del sector primario, hoy amenazado por tratados comerciales como el TTIP y debe devolver a la PAC su función de apoyo a la modernización, la sostenibilidad ambiental y la mejora social del campo, alejándola de los perversos principios de mercado que hoy prevalecen.