¿Qué cultura y qué prácticas culturales para ayudarnos a conquistar los derechos de las mujeres?

08 mar 2016
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Clara Ajenjo 
Coordinadora cultural de la Morada

Clara Serra
Diputada en la Asamblea de Madrid y responsable del Área de Mujer e Igualdad del Consejo Ciudadano Estatal de PODEMOS.

 

La cultura, ese don capaz de construir vida en común a través de nuevas miradas y lenguajes, debe cogerle el guante al clamor social por construir un país que respete, escuche y legisle, reconociendo, por fin, a las mujeres como ciudadanas de pleno derecho. Ese clamor social, que viene de lejos y tiene flujos y reflujos como las mareas, tuvo un pico el pasado 7 de noviembre, cuando la ciudadanía volvió a las calles para denunciar las violencias machistas y poner encima de la mesa ideas de sentido común contra ellas. Probablemente el próximo 8 de marzo habrá otro pico porque, aún hoy, esas demandas no han podido ser convertidas en normas e incluso algunos partidos, viejos y nuevos, parecen titubear y juegan a confundir con las palabras.

La desigualdad no sólo es económica o social, sino que se aloja en espacios sutiles y comunes como los que la cultura alberga. Los usos del lenguaje en contextos cotidianos son fundamentales aquí y, por ello, la preocupación por nombrar la violencia contra las mujeres como violencia(s) machista(s) no es baladí. De esa manera de nombrar surge lo que denunciamos o, dicho de otro modo, a través de esas palabras ponemos el foco en aquello que hasta ahora era invisible: la violencia que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo, esto es, una violencia que no se da exclusivamente en el ámbito de la pareja, sino en multitud de espacios y situaciones que queremos cartografiar.

Así, gracias a la cultura, entendida como sustrato de una posible vida en común, podemos visibilizar e identificar problemáticas y somos capaces de aglutinar sensibilidades, que pasan a ser comunes. Esa comprensión de que los cambios políticos profundos siempre van acompañados de cambios culturales nos lleva a plantear todo un arsenal de productos culturales – los lenguajes de las artes escénicas como el teatro, las exposiciones artísticas, la música clásica y la música popular, las novelas y los personajes de las mismas – como campos de batalla por una sensibilidad que muestre la sutilidad de la desigualdad y potencie una igualdad siempre frágil. No se trataría tanto de someter la cultura a ningún fin, sino reconocer la cualidad común que atraviesa al arte, la cultura y la política: la capacidad de abrir nuevos horizontes y de nombrar viejos dolores innombrados.

La industria, los espacios culturales institucionales, ya sean públicos, privados o híbridos, los creadores y las creadores tienen la capacidad de nombrar, de abrir horizontes y generar perspectivas. Entre ellas está la posibilidad de lograr representaciones que encarnen ese rostro femenino del año del cambio, esas aspiraciones y esos anhelos de millones de mujeres y de hombres que entienden que la igualdad es un valor fundamental y que las demandas a él asociadas no pueden ser desoídas por más tiempo por unas instituciones que van muy por detrás de la ciudadanía.  

Durante el pasado 2015 y en este 2016, los hitos que vinculan la feminización de la política a una cierta feminización cultural se suceden: los tipos de liderazgos desplegados por Ada Colau y Manuela Carmena, el acto de mujeres de Podemos durante la campaña electoral y ese nuevo formato de actos más cercano y de escucha, las marchas ciudadanas que, entre otras cosas, nombran de otro modo la violencia que les ocupa, etc. Una cultura feminizada no es solo aquella donde las mujeres, igual que los hombres, estén presentes en todos los espacios de creación, administración y difusión, sino una que genere nuevos imaginarios con nuevas posibilidades para todas a partir de un acceso igualitario. Si partimos de ciertos elementos del panorama actual – la desigualdad manifiesta de salarios entre hombres y mujeres, la precariedad creciente, las privatizaciones y los recortes en servicios públicos y en las partidas de presupuestos asociadas a cultura – tenemos una crisis sufrida principalmente por mujeres, con importantísimas consecuencias para ellas en el ámbito de la cultura tanto en el acceso como en la circulación de ciertos productos.

El rostro femenino del año del cambio y la crucial importancia de un papel creciente de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad es evidente para la mayoría, pero ello no es un fenómeno natural, no va a ocurrir que las cosas avancen por sí solas. El sentido común de época no es ni mucho menos necesariamente progresista y “feminizador”, por lo que dependerá de nosotros, de la ciudadanía, el empujar y desplazar el sentido común y el cristalizar en él las demandas de igualdad de las mujeres. Dependerá, indispensablemente, de que las instituciones implementen procedimientos mucho más transparentes que garanticen la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, potencien la generación de un tejido cultural autónomo y no instrumentalicen, en este caso, la cultura para intereses partidistas. El objetivo debe ser cambiar el imaginario de las próximas generaciones, como decía Ada Colau, que “las niñas quieran ser ahora alcaldesas” en lugar de princesas, o también que quieran ser creadoras o gestoras culturales. Esos gestos cambian los imaginarios colectivos y, a su vez, pueden ser factores que cambien las formas de hacer política.

Confiando en todas estas premisas, queremos seguir construyendo el proyecto de La Morada, la primera sede social y cultural de Podemos, como un espacio que favorezca ese tipo de métodos más allá de lo meramente institucional, donde a través de las actividades culturales y los modelos de gestión más participativos podamos programar contenidos que ayuden e impulsen la creación de movimientos autónomos de sentido. Desde el Área de Igualdad de Podemos y La Morada, hemos realizado un programa de actividades para caminar juntas hacia el 8 de Marzo, fecha que esperamos que sea un hito más en este feminizado año del cambio, y que creemos firmemente impulsará un poquito más la igualdad, poniéndola en el centro del foco mediático y social.


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