Brecha salarial y más allá

08 Mar 2016
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Joaquin Nieto, Director de la OIT para España / Judith Carreras, Consejera de la OIT para España

A veces todavía se oye la frase de ‘no conozco a ninguna mujer que cobre menos que un hombre haciendo el mismo trabajo ni conozco ninguna disposición que lo contemple’ expresando así cierta incredulidad cuando se menciona la brecha salarial. Claro, eso es ilegal. Y lo es desde hace mucho por suerte. Pero sólo de iure pero todavía no de facto.

La OIT reconoce desde su constitución en 1919 el derecho a la igualdad de remuneración para hombres y mujeres por ‘un trabajo igual o de igual valor’. A este derecho se le da forma legal con el Convenio nº 100 de 1951  sobre igualdad de remuneración, que recoge la obligación de ‘garantizar la aplicación a todos los trabajadores del principio de igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor’, y con el Convenio 111 de 1958 sobre la no discriminación en el empleo y la ocupación que prohíbe cualquier ‘distinción, exclusión o preferencia que tenga por efecto anular o alterar la igualdad de oportunidades o de trato en el empleo’.

Pero, de hecho, la interpretación concreta del concepto ‘igual valor’ se ha aplicado de tal forma que la mayor parte de las discriminaciones salariales han permanecido invisibles. Sólo cuando las estadísticas son tan contundentes que año tras año vienen reflejando que las mujeres asalariadas perciben unos ingresos que suman solo las tres cuartas partes de los que perciben los hombres, es cuando emerge la enorme brecha salarial imposible de justificar.

Pero brecha laboral de género no es solo salarial, se da también en los demás ámbitos relacionados con el trabajo y las relaciones laborales. Las mujeres tienen una menor tasa de  participación laboral que los hombres, pero más probabilidades de estar desempleadas y sufren una mayor concentración en trabajos precarios, feminizados y a tiempo parcial, repercutiendo todo ello es sus prestaciones de seguridad social y  jubilación. Las mujeres representan menos del 40 por ciento del empleo total en el mundo, pero constituyen el 57 por ciento de quienes trabajan a tiempo parcial. Además ocupan un porcentaje mayor en los  puestos de trabajo con salarios más bajos. En base a las estadísticas de la Unión Europea sobre la renta y las condiciones de vida (EU-SILC), el 23,6 por ciento de las mujeres eran empleadas con salarios bajos, en comparación con el 17,8 por ciento de los hombres.

Con los avances en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, innegables en las últimas décadas, parecería que se tendría que haber producido una evolución hacia la igualdad en el trabajo. Sin embargo, atendiendo a los datos de los que disponemos en la OIT, en últimos 20 años hay un estancamiento preocupante en el camino hacia la igualdad laboral. Incluso en Europa, donde los avances eran mayores, las consecuencias de la crisis económica y su gestión han implicado retrocesos. Sin ir más lejos, la brecha salarial en España, que se había ido cerrando durante decenios se ha vuelto a abrir pasando del 16.1% en 2008 al 18.8% en 2015.

En cuanto a la participación de hombres y mujeres en el trabajo asalariado y en el trabajo no asalariado, la discriminación sigue siendo evidente. Las mujeres participan menos del trabajo remunerado y sin embargo dedican dos horas más al día que los hombres al trabajo domético y de cuidados no remunerado. La brecha de género en el mercado de trabajo no se podrá cerrar sin  abordar también de forma integral el reparto de los trabajos de cuidados y tareas domésticas.

Si echamos la vista atrás se ha avanzado mucho pero sigue existiendo una brecha profunda que se resiste a desaparecer.  Con las tendencias actuales se necesitarían más de 70 años para colmar la brecha salarial a escala mundial.

Toca que acelerar el ritmo. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible que han entrado en vigor en enero de este año 2016, comprometen a todos los países a alcanzar la igualdad para 2030. Así que el futuro es ahora.


Desde el 1 de octubre de 2014, Público incorpora un nuevo sistema de gestión y moderación de comentarios: Disqus. Puedes leer todos los detalles aquí.

Al utilizar los Servicios de Comentarios (A.L. 5.2), el Usuario se compromete a no enviar mensajes que difamen o insulten, o que contengan información falsa, que sea inapropiada, abusiva, dañina, pornográfica, amenazadora, dañando la imagen de terceras personas o que por alguna causa infrinjan alguna ley. [Más información]

comments powered by Disqus