Maltrato, pero sólo un poco

25 Nov 2016
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Miguel Lorente Acosta
Director de la Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada. Exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género

Aunque pueda parecer extraño después de años de trabajo contra la violencia de género y de una Ley Integral con más de 10 años en vigor, hoy, más que nunca, sigue siendo necesaria la conmemoración del Día internacional para la erradicación de la violencia contra las mujeres debido a la continuidad de las circunstancias y factores que dan lugar a ella ante la pasividad de la sociedad.

Es indudable que la sociedad ha cambiado mucho en relación con la violencia de género, pero también hay algo de espejismo en esa nueva realidad al hacernos creer que tras los destellos del rechazo frente a los homicidios de mujeres, hay un posicionamiento social crítico más sólido contra el machismo y la desigualdad que dan lugar a ellos. Y no es así.

El Barómetro del CIS recoge cada mes que la violencia de género es un problema grave sólo para el 1% de la sociedad, o lo que es lo mismo, que el hecho de que asesinen cada año a 60 mujeres y maltraten a 700.000, con todo el impacto que tiene esa violencia sobre los 900.000 hijos e hijas que viven en esos hogares violentos, apenas genera rechazo en la sociedad. Por tanto, vemos cómo el fondo de la sociedad no ha cambiado tanto en cuanto a la crítica con los factores que llevan a la violencia contra las mujeres y, en cambio, el machismo sí lo ha hecho para contrarrestar el avance conseguido a través de su estrategia posmachista que habla de “denuncias falsas”, de que “todas las violencias son importantes”, de los “suicidios de hombres por divorcios abusivos”… o de cualquier otro tema que permita generar confusión y desviar la atención de la realidad de la violencia de género.

La imagen de la realidad social ante la violencia de género es clara y aparece de forma nítida, pero no hay apenas una reacción crítica contra la desigualdad y el machismo, y sí hay, por el contrario, una reacción para desviar la atención del problema y generar la confusión necesaria para que una gran parte de la sociedad se mantenga distante y pasiva ante esas circunstancias, de manera que todo siga igual con las ideas y valores del machismo como referencia.

Creer que la violencia de género es un accidente o que sólo es un problema cuando la expresión aparece como un “exceso” es un gran error, y reproduce el argumento que siempre ha mantenido el machismo al presentarla como parte de la intimidad de las relaciones y de una normalidad que sólo debe ser cuestionada cuando el grado de violencia empleado en la agresión se considera “excesivo”. Esta estrategia permite invisibilizar el resto de las agresiones físicas que no alcanzan “el umbral de lo excesivo” y borrar del mapa toda la violencia psicológica, a la que nunca se da carácter de realidad. Es lo que gráficamente me expresaban muchas mujeres maltratadas al comenzar, a finales de los 80, mi trabajo como médico forense con la frase: “Mi marido me pega lo normal, pero hoy se ha pasado”. No cuestionaban la violencia, sino el grado de violencia y lo terrible es que hoy sucede lo mismo. Según la Macroencuesta de 2015, el 44% de las mujeres que no denuncia refieren no hacerlo porque “la violencia que sufren no es lo suficiente grave como para denunciar”, o sea, se es consciente de que se sufre violencia, pero como “no es muy grave” , es decir, como es “lo normal”, no se denuncia.

El machismo no ha venido para quedarse, es que está para no irse, de ahí su resistencia ante cualquier cambio que lo cuestione. No ser conscientes de esa voluntad de permanecer en la injusticia de la desigualdad y en utilizar la violencia para conseguirlo es el principal factor de riesgo y el espacio utilizado para dar el argumento de la neutralidad como posición aceptable y admisible cuando, en realidad, no hacer para acabar con la violencia de género es hacer para que continúe, pues ya está aquí y va aumentando en estos últimos años. Es lo que nos dicen las Macroencuestas: de 2006 a 2011 hemos pasado de 400.000 casos al año a 600.000, y la de 2015 indica que en estos últimos cuatro años se producido un nuevo aumento.

El machismo tiene clara su estrategia: frente a la Igualdad más machismo. Y para conseguirlo: más violencia. Si se quiere ser eficaz en la erradicación de la violencia de género hay que erradicar el machismo de la sociedad, de lo contrario se mejorará la respuesta ante algunas de las manifestaciones de la violencia, pero no se acabará con ella y socialmente se continuarán utilizando otras vías para mantener la desigualdad, la discriminación y el control de las mujeres.

El día 25 de noviembre es un día para fijar la atención sobre la realidad de la violencia de género, pero todos los días son necesarios para la acción contra esa violencia de cada día.


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