Rodolfo Walsh: El precursor del “nuevo periodismo”

22 Mar 2017
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Pascual Serrano
Autor del libro “Contra la neutralidad. Tras los pasos de John Reed, Ryszard Kapuściński, Rodolfo Walsh, Edgar Snow y Robert Capa”.

Este 25 de marzo se cumplirán 40 años de la desaparición del periodista argentino Rodolfo Walsh. Injustamente desconocido en España, es todo un referente del periodismo latinoamericano y no faltan motivos para ello. Walsh fue el primero en poner en clave de ficción hechos periodísticos reales en su emblemática novela Operación Masacre (1957); nueve años después lo haría el estadounidense Truman Capote en la mítica A sangre fría, obra que el mundo bautizaría como Non fiction Novel o Novela testimonio y los estudiosos del periodismo como “nuevo periodismo”, ubicando su nacimiento en Estados Unidos y no en Argentina.

El mérito de Walsh es todavía mayor porque investiga con el poder político, policial y judicial en contra. Después vendrían más figuras de periodistas/escritores consagrados como el colombiano Gabriel García Márquez, los estadounidenses Tom Wolfe y Norman Mailer o la mexicana Elena Poniatowska, a hacer este mismo periodismo.

El periodismo de Rodolfo Walsh demuestra que la realidad puede resultar tan trepidante y el relato estar tan dotado de intriga como la más apasionante historia de ficción, una trama de hechos reales mediante la técnica narrativa habitual de la ficción.

La genialidad de Walsh es que además de periodista es detective, letrado y escritor de novela negra y todo ello al servicio de una gran causa, la denuncia de un crimen múltiple en el caso de Operación Masacre. “No puedo, ni quiero, ni debo renunciar a un sentimiento básico: la indignación ante el atropello, la cobardía y el asesinato”, dijo Walsh en el prólogo de la primera edición.

En un manual de estilo periodístico para principiantes que escribió en 1959, Walsh afirma que “las dos cualidades esenciales del periodista son exactitud y rapidez”. Y agrega: “Este orden correlativo no excluye que ambas se ejerciten al unísono”.

El rigor es una obsesión en Rodolfo Walsh, porque su periodismo, en algunas ocasiones, no sólo pretende informar, sino que tiene como objetivo contrastar testimonios para sacar a la luz unos hechos criminales tal como los demostraría un juez; y su relato pretende convencer de unos acontecimientos tal como se pretende ante un jurado. El rigor deductivo no es exclusivo de Operación Masacre, se comprueba en el resto de sus libros e incluso sus artículos más breves, por ejemplo en “Respuesta a Cuaranta”, donde detalla todos los indicios que apuntan al militar Juan Constantino Cuaranta en el asesinato del abogado Marcos Satanowksy (Walsh, Rodolfo. “Respuesta a Cuaranta”. Mayoría. Buenos Aires, 12-11-1958). Walsh asume competencias de inspector, fiscal y juez, no por ambiciosas pretensiones de poder, sino porque se desenvuelve en un momento político en el que esas instituciones no funcionan en Argentina. Su periodismo va más allá y sirve para ponerlo en evidencia.

Su técnica no se limita a lo que podemos denominar realidad con formato de ficción. Las duras condiciones en las que tuvo que desarrollar su periodismo provocaron que la innovación fuera una constante.  Todas sus experiencias rompían los patrones establecidos. Eso es posible por un excepcional talento que Walsh mostraría en numerosas ocasiones. García Márquez reveló que fue Rodolfo Walsh quien descubrió –desde muchos meses antes– que los Estados Unidos estaban entrenando exiliados cubanos en Guatemala para invadir a Cuba por Playa Girón en abril de 1961. Walsh era en esa época el jefe de Servicios Especiales de Prensa Latina, en la oficina central de La Habana. El propio Walsh explicó en el artículo “Guatemala, una diplomacia de rodillas” (Revista Che, 1961), cómo accedió a “la correspondencia cablegráfica cursada del 14/11/60 al 26/1/61 entre el gobierno guatemalteco y sus embajadores en Washington y en la OEA” y cómo logró descifrar los códigos para comprender su contenido. Y todo eso en tiempos en los que no funcionaba ni internet ni wikileaks.

En 1976 Rodolfo Walsh creó la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla) como un medio de comunicación para enfrentar la última dictadura militar argentina. Dependía del Departamento de Informaciones e Inteligencia de Montoneros, un grupo políticomilitar peronista que se enfrentaba a la dictadura. Sin embargo no se trataba de un medio de propaganda o agitación de esta organización, funcionó con autonomía y un amplio margen de libertad de acción frente al grupo guerrillero que ya tenía otros medios como órganos oficiales de propaganda. Era una agencia de noticias en estado puro, obsesionada por la verdad y dispuesta a sacar a la luz las informaciones que la dictadura intentaba ocultar. Una agencia cualquiera pero con una característica importante: la información que buscaban era secreta, y a quien la difundía lo torturaban y lo mataban. La astucia de Walsh se reflejó también en la denominación de esta agencia clandestina de noticias: Ancla. Según Roberto Baschetti, autor del libro Rodolfo Walsh, vivo, con ese término buscaba hacer creer a los cúpula de la dictadura que detrás de la agencia se encontraba un sector militar rebelde de la marina.

Otra de las características de la técnica de Walsh es su preocupación por recoger los testimonios de los más humildes. Un ejemplo de ese trabajo es el Semanario Villero que fundó y dirigió (1972). A través de esa publicación se fue a los suburbios de las grandes ciudades a escuchar y difundir las condiciones de vida de sus habitantes, su necesidades, sus proyectos…  Así el periodista se pone al servicio de la comunidad.  En 1959 publicó una serie de artículos de antropología cultural para la revista Leoplán. “En ellos -señalaba el escritor Daniel Link [introducción al libro El violento oficio de escribir. Obra periodística (1953-1977). Rodolfo Walsh, Buenos Aires, Planeta, 1995]- se aprecia su interés por desvelar una injusticia, un barrio, un heroísmo cotidiano, un clima: Walsh publica una ‘investigación’ sobre la vida cotidiana de los sectores populares”. En esa misma línea, uno de los textos más emotivos de su acercamiento a los más desfavorecidos es “La isla de los resucitados”. Lo escribió como enviado de la revista Panorama a la Isla del Cerrito, donde pasó junto a otro periodista, Pablo Alonso, una semana con los leprosos que estaban allí aislados.

Si leemos los trabajos de Rodolfo Walsh no dejamos de encontrar ejemplos en los que se muestra su valor para enfrentarse al poder. Uno de sus textos más impactantes y que dan muestra de su valentía es la Carta Abierta a la Junta Militar, escrita el 24 de marzo de 1977. En ella escribía acusaciones como esta:

 

“Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas
de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales
guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra
ningún juez, abogado, periodista, observador internacional.

(…) Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto
después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que
en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países,
por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias
fuerzas.

(…) Éstas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto
gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin
esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al
compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos
difíciles”.

 

García Márquez dijo de ella que se trataba de “una carta acusatoria que quedará para siempre como una obra maestra del periodismo universal. Ésa fue la carta que le costó la vida”. Al día siguiente pasó de testigo a protagonista. Fue asesinado a balazos, como sus personajes, y su cuerpo desaparecido. Todo ello en el contexto de una cruel dictadura y su sistema represivo.

Walsh explicó de forma contundente el papel del escritor en esta respuesta en una entrevista de Ricardo Piglia en enero de 1973:

Occidente ha hecho del escritor una imagen tan monstruosa como la de la actriz: es la puta del barrio. (…) Desde los comienzos de la burguesía, la literatura de ficción desempeñó un importante papel subversivo que hoy no lo está desempeñando, pero tienen que existir muchas maneras de que vuelva a desempeñarlo y encontrarlas. (…) hasta que te das cuenta de que tenés un arma: la máquina de escribir. Según cómo la manejás es un abanico o es una pistola y podés utilizar la máquina de escribir para producir resultados tangibles (…) con cada máquina de escribir y un papel podés mover a la gente en grado incalculable.

¿Qué parte del periodismo y de la escritura se ha convertido en la puta del barrio? Seguro que no genera mucha duda, sin embargo, que se pueda mover a la gente con la escritura en grado incalculable es algo sobre lo que no habrá tanto consenso. Pero siempre valdrá la pena intentarlo. ¿Qué mejor motivo para escribir? Algunos dieron la vida por ello, no lo olvidemos.


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