¿Qué tienen en común Senada Nurkic, Pablo Motos e Ignacio González?

28 Abr 2017
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Marta Nebot

Senada Nurkic, presentadora de 26 años del canal de televisión serbio Pink, reveló en directo en su programa, The Mighty Program, que compaginaba su carrera televisiva con el trabajo de prostituta y dio sus tarifas: 500 dolares por sexo individual, 1.000 por grupal.

Lo más llamativo de su anuncio no son sus precios, ni su osadía,  es que lo hizo en un país en el que la prostitución es ilegal y está penada con la cárcel.

Ha perdido su programa pero ella no teme ni un poco terminar en una celda por su ataque de sinceridad.

En una entrevista que concedió al portal Kurir lo explicaba muy clarito:  “No tengo miedo de ir a la cárcel (…) Tengo un novio que es político y no permitirá que me detengan”. En la Revista Express añadía que, además de su novio, tiene amigos muy “poderosos” que podrían ayudarle si es detenida.

Analizando sus declaraciones y viendo sus imágenes del programa y en las redes sociales, queda claro que Senada es una convencida: “La prostitución es como cualquier otro trabajo. No veo nada malo en ella” y yo tampoco; por eso no entiendo que se justifique:  “Tengo que vender mi cuerpo para sobrevivir y hacer algo más de dinero”. ¿En qué quedamos, Senada:  o es para sobrevivir o es para hacer algo más de dinero? Esta incongruencia es lo único que me parece criticable de ella en este asunto aunque, en cualquier caso, creo que, si es por lo uno o por lo otro, debería ser sólo de su incumbencia.

Con respecto a la cadena, hay que contar que Pink declaró que canceló el show, poco después de la confesión, por las quejas de los espectadores sobre el comportamiento de la famosa. No sabemos si se quejaban por lo que hace o por contarlo. Lo que sí que sabemos, porque esta televisión se ha encargado de que lo sepamos, es que Pink llevaba recibiendo críticas por el elevado tono de Senada, por su vestuario y por su comportamiento con los invitados desde el principio de la emisión del show. Así que parece ser que su confirmación de algo que parecía fue la gota que colmó el vaso.  En muchas ocasiones, los medios de comunicación pueden sostener lo que parece siempre y cuando el que lo parece no lo confirme. Por poner un ejemplo patrio:  empieza a ser un clamor que Pablo Motos es (o se lo hace) muy machista.

Esta semana ha vuelto a liarla, en su hormiguero, entrevistando a las protagonistas de Las chicas del Cable, la primera serie española producida por Netflix para todo el mundo, que se estrena el 28 de abril. Cuatro actrices como cuatro catedrales (Blanca Suárez, Ana Fernández, Maggie Civantos y Nadia de Santiago) tuvieron que soportar que la primera pregunta que se le ocurriera hacerles fuera si ellas son de las que “perrean o no”, añadiendo como justificación para su ocurrencia que es que, en su opinión, las mujeres se dividen en esas dos categorías. Habría que preguntarle en qué dos divide a los hombres.

Pablo Motos no creo que vaya a reconocer en directo que es machista o que dirige su programa con una brocha muy gorda porque el minuto a minuto le dice que qué más da que lo parezca si la audiencia le acompaña. Supongo que a lo suyo no le va a poner fin ese ataque de sinceridad, aunque lo hubiera, ni la dirección de su cadena. Creo que la única manera de pararle los pies va a ser a base de cortes. Muchos celebraríamos que las invitadas españolas, una a una, empiecen a darle reveses en directo. “¿Y tú, Pablo, perreas?”, habría estado bien. Y digo españolas, porque las extranjeras ya han empezado a tomar otras medidas. Hace un par de semanas trascendió que Charlize Theron decidió, de repente, suspender su aparición en ese programa y adelantar su vuelta a casa en plena promoción. Fuentes cercanas a la estrella recordaron que la célebre actriz no quedó muy contenta la última vez que se paseó por su plató y que lo contó en otro programa de televisión (el de Jimmy Kimmel):  “Me pusieron música sexy y me pidieron que bailara. Lo hice con el fin de agradar a todos, pero lo que pasó después me descolocó completamente”. La actriz no entendía cómo se le pedía que pasara de mostrarse sexy a participar en experimentos de química para niños. A ver si entre las de aquí y las de allá le hacemos volver a, al menos, no parecer el rey de la falocracia.

Volviendo a Senada, permítanme el tiro al aire de suponer que no está entre rejas; tal y como está el mundo mediático nos habríamos enterado. En las redes sociales más conocidas no ha publicado nada desde agosto de 2015. Así que otra posibilidad es que su historia sea un fake que nos hayan colado a medio mundo o,  también, puede ser que la hayan  desaparecido. Porque lo cierto es que lo suyo fue un órdago en toda regla que remató  con un: “Los que quieren encerrarme en la cárcel son los mismos que me ayudan a pagar las facturas y a ganar el dinero que necesito”.

Su alardeo de impunidad me ha recordado al de Ignacio González hablando en su despacho sin temer que nadie le escuchara o, tal vez, pensando, como Senada, que si alguien lo hacía “sus amigos poderosos” no permitirían que acabara en la cárcel.

Quizás los amigos de Senada eran más amigos, o quizás este país tenga un poquito más de vergüenza, aunque sea torera. Quizás. Y lo mismo Nacho González está pensando en ejercer la prostitución en Serbia. Lo único seguro de esta columna es que Pablo Motos debe de estar loco por entrevistar a Senada Nurkic para sacarse la duda que le corroe cada vez que ve a UNA mujer. Sí, Pablo, sí. Seguramente, perrea.


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