Las bromas que carga el diablo

12 May 2017
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Marta Nebot
Periodista

Poner los ojos en lo que hacen/hacemos los medios es muchas veces un asco, pero la cosa se pone realmente asquerosa cuando pones el foco en lo que hacen/hacemos con el género femenino. Llevo ya unas semanas escribiendo aquí columnas centrándome en eso y alucino. Ciertamente no es más que el reflejo de lo que pasa por el mundo (y no sólo el mediático) pero insisto en que, puesto bajo lupa, se te encoge hasta el bolígrafo. Verán…

Esta semanita en suelo patrio destacan: El Ranking de las mamis más cañón por el día de la madre en El Español (23 fotos en bikini de madres españolas buenorras famosas o famositas precedido del antetítulo ¡Feliz día!); un concursante del programa de televisión Master Chef confesando en directo que no soporta que las mujeres le manden y encajando las críticas de una jurado con un “será que me ha venido la regla” y, en tercer lugar, Risto Mejide, en personaje o no tanto, llamando a una chica que participaba en su nuevo programa de televisión All you need is love… o no “calientapollas” por dar la mano a su compañero de piso, que está enamorado de ella, según confesó en el programa, mientras ven películas juntos.

Cierto es, también, que cada uno a su manera se ha disculpado y que con estas noticias como excusa (lo que en argot llamamos perchas informativas) se han colgado en las redes recopilaciones de machirulismos televisivos varios, como el firmado por Sandra Rodríguez Ramos aquí y eso me parece una buena noticia.

Así que, esta semanita en España no nos ha salido mal del todo la cuenta. En todos los chous descritos, nosotras estábamos implicadas y pudimos responder y éramos (como somos tantas veces) cómplices del juego, de lo que pasa, del asunto…  Las fotos de esas madres monísimas en bikini no son robadas, la jurado de Masterchef tuvo la oportunidad de afearle la conducta al concursante y la víctima del “chiste” de Risto será compensada con la invitación al programa de un “calientabragas”, como ya ha anunciado el presentador en su twitter.

Sin embargo, en Italia ha pasado algo que puede pasar por anécdota pero que creo que va más allá: Emma Marrone, cantante y presentadora italiana famosa y guapa (ha vendido más de un millón de discos en lo que lleva de carrera), participaba en una especie de Operación Triunfo del Telecinco italiano, Amici de María de Filippi, en Canale 5 de Mediaset, propiedad de Silvio Berlusconi, cuando algún guionista ocurrente y algún director desenfadado decidieron gastarle “una broma”. Mientras ella cantaba I´m calling you, una balada sensual y difícil de entonar, uno de los bailarines, simulando que la cosa era parte de la coreografía, se puso a tocarla cada vez más intensamente hasta llegar a meterle mano por todas partes, mientras la besaba por donde pillaba en actitud más que lasciva.

El jurado, también formado por mujeres, se reía con mucha alegría mientras ella luchaba por quitarse de encima al moscón, por no perder el hilo de su interpretación y por entender lo que le estaba pasando, todo al mismo tiempo. Como sketch cómico era muy cachondo. El único problema es que no hacía ninguna falta que ella quisiera morirse después para que el sketch funcionara. Estoy convencida de que habría salido igual de gracioso si ella lo hubiera sabido y el público y el jurado hubieran desconocido su conocimiento. La cadena lo vendió como una cámara oculta sin importancia; yo lo que compro es que a ninguno de sus compañeros en el concurso se les hizo nada parecido ni por asomo.

La escena me ha recordado, salvando las distancias obvias, lo que ocurrió con la presunta violación anal en El Último Tango en París. Bertolucci decidió rodarla sin avisar a la actriz protagonista porque confiaba más en su dolor real que en su capacidad de interpretarlo, según él mismo confesó años después. Y la conclusión que saco es que algunos hombres no nos quieren cómplices, nos prefieren víctimas.  Se fían más de que clavemos ese papel.

Si lo hubiera sabido no sería lo mismo, me dicen algunos con los que comento la jugada mientras me miran con cara de ¡qué exagerada! Y yo sin exagerar les respondo que sí, que la duda es libre e infinita pero que lo cierto es que Maria Schneider era buena actriz, como demostró en el resto de la película, y no en esa escena en la que se tapó la cara. Emma Marrone también parece buena actriz: es probable que si es capaz de interpretar esa canción también lo sea de interpretar algo mucho más sencillo (que te molesten cuando estás intentando cantar algo muy difícil).

Tal vez los hombres que pergeñan esas bromitas no calibran el tamaño de determinadas humillaciones, el peso real de esas agresiones que no son un puñetazo sino algo peor.  Me pongo en el lugar de Emma y todavía estaría afónica, arañando las paredes y dando coces en mi camerino. De verdad que no sé si son conscientes del tamaño del agravio. ¿Cómo se sobrepone una? ¿Cómo volver a confiar en que eres una de ellos? Algunas no lo consiguen, como María Schneider, que no volvió a lograr un gran papel y se perdió en las drogas ¿Cómo no odiar la falta de solidaridad y la estupidez femenina que también se ríen, como si no fuera con ella, de infamias como ésa? Y no es cuestión de “cogérsela con papel de fumar”; me parece más cuestión de “es que cosas de éstas no las cojo más”.

Somos adultas, sabemos en qué mundo vivimos y muchas, salvo algunas heroínas, jugamos conscientemente con sus reglas para que no sea tan difícil, para que nos vaya mejor; algunas se hacen las rubias incluso y otras incluso lo reconocen. No sé si los hombres son conscientes del esfuerzo que hacemos las mujeres para encajar en el patriarcado, para conseguir con mucho esfuerzo esa igualdad que luego resulta tan frágil. Imagino a estas dos protagonistas recibiendo esos bofetones de realidad que les dicen no, da igual lo que os esforcéis;  las reglas son nuestras, no vuestras, y estáis en nuestras manos.

Emma ha aceptado las disculpas de la productora en un comunicado. ¿Qué otra cosa podía hacer? Una broma es una broma y el choubisnes tiene sus propias reglas. Yo la entiendo y lo mismo, sin uñas y por señas, también las habría aceptado e intentado seguir con mi vida, pero empiezo a pensar seriamente que las bromas macabras habría que mirárselas y, si se cree en la igualdad en serio, denunciarlas, como aquí se atrevió a hacer Teresa Rodríguez, sentando un precedente que ojalá genere jurisprudencia en nuestras conciencias.


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