“Aunque en ello nos vaya la vida”

16 May 2017
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Cristina Fallarás
Periodista

Conocí a Javier Valdez en Gijón, en la Semana Negra. Fue, si no recuerdo mal, en 2010, y me lo presentó Paco Ignacio Taibo II. Presentaba su libro Miss Narco, se sentaba a escuchar las charlas en el porche del hotel Don Manuel, donde dormíamos los escritores, y sonreía con franqueza. A veces, si alguno le hacía una pregunta, respondía. Usaba frases cortas, observaba. Tiempo después me escribió pidiéndome el ejemplar de una novela y mantuvimos una breve correspondencia ya no recuerdo con qué tipo de palabras.

Ayer lo asesinaron en Culiacán, capital de Sinaloa. Él era el cronista sénior de la violencia narco. Iba al volante de su coche, cuentan las noticias, “cuando sujetos lo interceptaron y le dispararon”. Sabía que iban a por él. Este año ya van seis periodistas asesinados en circunstancias similares, once el año pasado.

Nada más leer la noticia escribo a la también periodista, también mexicana y también amenazada de muerte Sanjuana Martínez.

Esto me responde:

“En México, ser periodista independiente y critico significa sentencia de muerte. Sabemos que tarde o temprano nos van a matar. El Gobierno y sus vínculos con el crimen organizado es responsable. Ellos piensan que, matando al mensajero, matan la verdad. Pero están muy equivocados. El mensaje llega, aunque en ello nos vaya la vida. Nuestro compañero Javier Valdez fue asesinado hoy. Él sabía que querían matarlo, como lo sabemos algunos de sus amigos. ‘Siento la mira del arma en mi cabeza’, me dijo. Y siguió trabajando, denunciando la corrupción, la complicidad, la connivencia del gobierno con los carteles de la droga. Javier sabía que lo podían matar, pero prefirió seguir trabajando, exhibiendo la podredumbre de este sistema que ya no aguanta más.”

Y añade:

“Querido Javier, bato, culichi cariñoso, aquí estamos, llorando por ti, por nosotros, por la barbarie en la que se ha convertido México, nuestro país tan lastimado. Aquí estamos viéndote tirado en medio de la calle, sin vida, sin tu pluma certera, comprometida y llena de verdad. Aquí estamos pensando en tu familia, en tus hijos, en el dolor que significa perderte. Aquí estamos horrorizados por tu asesinato, indignados, encabronados, gritando desde lo más profundo de nuestro ser ¡Basta!…”

“Alzando la voz para repetir hasta el cansancio: ¡no se mata la verdad, matando periodistas!…”

Insiste Sanjuana en la responsabilidad política (“es este pinche Gobierno”), atorada por la pena: “Estamos cansados de ver pasar los cadáveres de nuestros compañeros”. Desde la distancia, una no sabe qué puede aportar, más allá de contarlo. “La pregunta es: ¿Quién sigue?”, termina.


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