Fin de trayecto

17 May 2017
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Lorena Ruiz-Huerta

Portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid

Cada noticia es más impactante que la anterior. Las investigaciones sobre el entramado corrupto del PP se suceden de forma vertiginosa, como si una vieja cinta de cine mudo mostrara a los malos de la película huyendo en desbandada. La teoría de las manzanas podridas (Cifuentes dixit) ya no se sostiene: con las manzanas podridas del PP se podría abrir una sidrería. Tampoco sirve el “cortafuegos” que intentó la, por el momento, presidenta de la Comunidad de Madrid porque el incendio de las fechorías contra las arcas públicas está muy cerca de sus propios pies y de sus colaboradores más cercanos. ¿Cuántos quedan?

Los informes de la UCO añaden certezas a nuestras sospechas sobre la trayectoria de Cristina Cifuentes. Y hoy sabemos que uno de sus viceconsejeros, Miguel Ángel Ruiz, ha tenido que dimitir tras su imputación.

Nadie puede creer ya la teoría de las dos etapas en la vida del PP madrileño. No hay un PP de la condesa Aguirre y otro nuevo e impoluto de Cifuentes: son un mismo partido, con una misma contabilidad, y una corrupción endémica que se esparce por ese partido como una mancha de petróleo imposible de detener. Y cada vez alcanza a más cargos hasta llegar a la presidenta. ¿Cuántos quedan?

Lo advertimos hace tiempo: Cifuentes es una sobreviviente dentro de las estructuras del PP desde la época de Alianza Popular y ha tenido cargos de la máxima responsabilidad en el PP madrileño.

Pero lo más grave que ha puesto en evidencia esta agresión del PP contra los intereses públicos es que no sólo llenó los bolsillos privados de gentes desaprensivas, sino que el robo permitió “dopar” las campañas electorales del PP e inflar sus gastos corrientes gracias al dinero de los madrileños y madrileñas.

El PP ha podido hacerlo porque el modelo económico y productivo favorecía la connivencia entre los intereses privados de una parte de las empresas (las del “boom” de la burbuja inmobiliaria y financiera) y el poder político decisor de obra pública, gran consumidor de bienes y servicios y, sobre todo capaz de decidir la privatización y venta de las empresas que constituían las joyas de la corona. Como bien ha señalado José Manuel Naredo “esta confluencia entre empresarios ávidos de lucrarse a costa de lo público y de políticos conseguidores que se lo facilitan, genera un terreno fértil en comisiones, sobres y componendas”.

Nos sobran razones para presentar la moción de censura: el PP ha potenciado unas políticas que han desmantelado los servicios públicos esenciales; ha empobrecido a amplias capas de la población; ha disparado la desigualdad en la Comunidad de Madrid; ha impulsado un modelo productivo que solo favorece a las grandes empresas, no genera el empleo necesario, es demoledor ambientalmente y ha enriquecido a ciertas empresas “amigas”, donantes de importantes mordidas, con las que Génova y la Puerta de Sol se han financiado irregularmente.

Cifuentes ya no puede decir que no sabía nada (¿dónde miraba mientras se sentó en los consejos de administración o en las mesas de contratación?). Va a tener que explicar qué hizo. No puede callar ante los indicios de corrupción que se acumulan a su alrededor. Y nosotros no podemos permitir que la corrupción se “normalice”. No vamos a tolerar la banalización del mal. La obligación de las fuerzas políticas es tomar la iniciativa, buscar caminos políticos alternativos, ofrecer soluciones, organizar la indignación y transformarla en acción política.

Por eso no hemos comprendido la negativa de Ciudadanos a hablar con Podemos sobre la moción de censura ni la negativa del PSOE a apoyarla. De Ciudadanos era esperable, dada su trayectoria de muleta del PP en Madrid. Pero por parte del PSM nos extraña, porque ello supone seguir dando aliento al partido más corrupto de Europa.

El PSM-PSOE ha argumentado que no apoyan una moción que no tiene bastantes votos para cambiar el gobierno, desmintiendo la propia práctica seguida en diversas autonomías. Ejemplos de estos casos han sido las mociones de censura del año 2002 en Galicia, donde el hecho relevante fue la tragedia del petrolero Prestige; en el año 2005, en el Parlamento de Cataluña, la moción de censura estuvo ligada a la gestión de la crisis derivada del hundimiento en el barrio del Carmel, y, finalmente, la moción de censura presentada en el Parlamento valenciano, en 2006, se vinculó al accidente de metro que ocasionó la muerte a más de 40 personas

La moción de censura en la Comunidad de Madrid regulada en el Titulo I, Capitulo II, artículo 20 de la Ley Orgánica 3/1983 de 25 de febrero de Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid y su desarrollo se encuentra en el Titulo X “Del otorgamiento y de la retirada de la confianza”, Capítulo III, artículos 187 al 190 del Reglamento de la Asamblea de Madrid, es un mecanismo que permite que la Asamblea exija responsabilidades políticas al gobierno o a su presidencia.

La presentación de las mociones de censura no siempre ha tenido ‘a priori’ asegurada la mayoría absoluta de escaños favorables a la misma en el momento de su presentación: precisamente el debate político puede dar como resultado esa mayoría.

Por ello no nos parece de recibo la postura del PSOE al afirmar que no cuenta con los votos suficientes, dejando en manos de Ciudadanos que las cosas sigan igual.

Por el momento desde el grupo parlamentario de Podemos hemos solicitado la comparecencia de Cifuentes en el Pleno y en Comisión de Corrupción. ¿También ahí veremos excusas por parte de Ciudadanos para seguir justificando su apoyo al PP?

Pero hay que ir más lejos. Hay que plantear una hoja de ruta y un proyecto alternativo. Por eso presentamos la moción de censura.

La pregunta que cabe hacer en este momento al PSOE y a Ciudadanos es: ¿y ahora qué? ¿van a apoyar la moción de censura que plasma políticamente la indignación popular? O con el PP, o con la moción, no hay posturas intermedias.

 


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