El síndrome ‘Gran leslie’

24 May 2017
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Máximo Pradera

Oigo que Pedro Sánchez “no descarta” una moción de censura contra Rajoy, pero que no le vale la de Pablo Iglesias (¡tiene que ser la suya!) y me viene a la cabeza una certera viñeta de Manel Fontdevila sobre el problema de la izquierda y la ventaja de la derecha. El humorista retrata primero un diálogo entre dos progres, que se miran con cara de pocos amigos:

–En el fondo estamos por lo mismo…
–¡Pero innumerables matices nos separan!

A continuación, dos fachas sonrientes se estrechan calurosamente la mano:

–Innumerables matices nos separan…
–¡Pero en el fondo estamos por lo mismo!

El Gobierno legítimo de la II República perdió la Guerra Civil por varios motivos, entre ellos por la división de la izquierda. Por contra, carlistas y falangistas tenían diferencias con Franco, pero se unieron en torno a él como una puta piña, porque el objetivo prioritario era ganar la guerra. Incluso nazis y fascistas detestaban la estrategia militar del dictador, pero se tragaron el sapo de su incompetencia castrense y le respaldaron a muerte, al tener claro que la meta suprema era liquidar nuestra democracia.

Rajoy no nos está asesinando físicamente (aunque los dependientes que no reciben las ayudas del Gobierno se rebelarían incluso contra esta afirmación), pero nos está exterminando en muchos sentidos: está matando la esperanza de los jóvenes, la dignidad de las mujeres, el bienestar de los enfermos y los ancianos. Ahora mismo, en España, muere (literalmente) más gente de la que nace, lo cual quiere decir que la derecha ha conseguido que seamos un pueblo en vías de extinción. Pone los pelos de punta saber que nuestros tataranietos correrán la misma suerte que la cabra de los Pirineos (extinguida en el 2000) o la foca monje del Caribe (2008).

Pues bien, a pesar de que es público y notorio el hecho de que el PP nos está aniquilando como sociedad y como pueblo, la izquierda se dedica, como en el 36–39 a liarse a tiros entre sí, en vez de plantarle cara al monstruo que nos está devorando.

La exdiputada Irene Lozano, una de las mejores parlamentarias que he conocido (denostada por eso mismo hasta el final por la inefable Susana Díaz) suele decir que “la política tiene mucho de bajarse al barro y remangarse”. Pues bien, la izquierda no lo ha entendido y eso es lo que tiene a sus votantes sumidos en la rabia y la impotencia.

Cada vez que un rojelio se niega a “ensuciarse”, me acuerdo de El Gran Leslie, aquel patético personaje de La Carrera del Siglo, interpretado por Tony Curtis, que vestía siempre de blanco nuclear, como si estuviera en un anuncio de detergente. La izquierda padece el Síndrome de El Gran Leslie: con tal de poder presumir de que su conciencia está impoluta, es capaz de pedir la abstención incluso cuando se trata de optar entre un fascista y un centrista. Tal actitud sería admisible si cada vez que un izquierdoso se hace un lado para no mancharse, la mugre no acabara cayéndonos encima a nosotros, los sufridos contribuyentes. Pero el barro existe, lo queramos o no, y pagamos a nuestro políticos para que se ensucien ellos, no para que nos pongan perdidos. Cada vez que un político “queda bien”, es a costa de haber sumergido a sus votantes en la ciénaga.

Ocurrió en marzo del año pasado. Pablo Iglesias quiso fardar de no mezclarse, como si fuera un gas noble, con naranjitos y pedristas, pero el precio que nos hizo pagar fue que Rajoy se quedó en La Moncloa: más corrupción, más mentiras, más miseria.

Ahora puede ocurrir algo muy parecido con la moción de censura de Podemos o con la del PSOE, si se anima a presentar la suya.

¿Cuál es el sentido de esa moción? Echar a Rajoy. ¿Para que El Coletas o El renacido sean Presidentes? No: para fumigar el Estado. La izquierda tiene que pactar un programa básico de saneamiento de las instituciones, echar al PP y convocar elecciones dentro de un año. Si no lo hace, media España volverá a ser exterminada por la otra media, como en los años treinta.

La derecha lo ha entendido tan bien, que lleva manchándose desde hace años no ya de barro, sino de mierda: con tal de mantener sus privilegios, ha demostrado estar dispuesta a vulnerar todos y cada uno de los artículos del Código Penal.

Y conserva intactas sus ganas de matar, pues se ha cargado incluso a Montesquieu, ¡que ya estaba muerto!

Basta de teorizar sobre cómo acabar con Rajoy: no somos existencialistas franceses.

Si Chicho Sánchez Ferlosio levantara hoy la cabeza, volvería a ridiculizar a la izquierda con aquella copla de El Ser:

Preguntar la realidad
sin intentar transformarla
eso es pasar por la vida
sin romperla ni mancharla


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