Queridas It girls:

08 Jun 2017
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Marta Nebot

Ya sé que no sois todas iguales, ni sólo eso y que esto es una burda simplificación pero es que creo que vale la pena dirigirme a vosotras como colectivo. Veréis…

Hace unos días, Paula Echevarría levantaba ampollas y se le echaba medio twitter encima por decir, en la presentación de uno de sus múltiples productos:  “Yo me defino como persona. Yo creo que no hay que ser feminista ni machista, yo creo que los extremos nunca son buenos ni para un lado ni para el otro”. En esa misma comparecencia Paula también dijo que hay más directores que directoras y que en la equiparación de sueldos queda por hacer pero añadía:  “No creo que haya que ir a las barricadas todo el rato. Han sido muchos años de lucha donde sí ha habido mucho feminismo, pero llegados a este punto ya no tenemos nada que demostrar. Ya todo el mundo sabe que nos valemos por nosotras mismas, salvo excepciones”.

La realidad quiso contestarle en ese mismo momento y un periodista del corazón, de los muchos que le acompañaban ese día, en el que decidió dar detalles sobre su separación de David Bustamante, le insinuó que había construído su carrera a la sombra de la de su marido y la It girl estalló: “Yo me he ganado mi popularidad trabajando, no siendo un chocho”.

Al día siguiente, Cristina Pedroche, en su blog, se solidarizaba con Paula, sin conocerla, porque a ella le pasó lo mismo:  la misma confusión con la terminología. Según Pedroche, el problema es de ignorancia y no hay que cebarse con el que no sabe. Cristina, además, confesaba cómo ella aprendió la lección y que ahora se expresa mejor y dice siempre que puede que es feminista.

El viernes pasado entrevisté a Ter, un nuevo fenómeno mediático femenino –en este caso salido de youtube y, por lo tanto, menos ortodoxo y más  atrevido– y resultó que a ella también le había pasado. Se declaraba feminista desde hacía un año y medio, por haber entrado en contacto con un colectivo de poetas –“Las Brujas de Mayo”–, que, según sus propias palabras, le había hecho “mucho bien”. Antes de eso había sentido hasta “rechazo” por el término feminismo.

Todas estas coincidencias me han dado mucho que pensar y más, después de leer, hace un par de días, una entrevista a Paula Vázquez, otra de las vuestras. La que fuera prototipo de la mujer guapa, buenorra y simpática ahora vuelve a la tele con más de cuarenta años –va a presentar un docureality– sin enseñar pierna, ni escote y denunciando que en la tele no hay vida para la inmensa mayoría de las mujeres en cuanto dejan de parecer muy jóvenes.

Leyéndola me he acordado de otra que se cayó del guindo cuando llegó su turno. Anne Hathaway, una increíble actriz norteamericana de 34 años que lo contó así: “Antes no me quejaba porque no me afectaba y me beneficiaba. Cuando tenía veintipocos, se escribían papeles para mí de mujeres de mediana edad y los cogía. Ahora que tengo poco más de treinta pienso ‘¿por qué esa chica de 24 años consiguió ese papel? Una vez tuve 24 y no me puedo enfadar. Así son las cosas”.  

Y sí, así son, pero, en mi opinión sí que podemos enfadarnos y también contárselo a las de veinte para que se preparen para lo que viene después y defiendan valores más altos que su individualismo. Porque cuando seamos viejas estaremos más orgullosas de nosotras y nos sentiremos más astutas si hacemos planes a largo plazo, planes no sólo antiarrugas y antiflacidez, también pro algo más grande que un@ sol@.

Nosotras, como ellos, adolecemos del peor mal social del siglo XXI: esta soledad individualista que nos hace tan infelices como pequeños.

Este sálvese quien pueda tan poco ambicioso, que no puede más que dejarnos insatisfechos, sintiéndonos ruines e insolidarios.

La verdad es que la corriente no es feminista, el término  nos suena feo hasta a nosotras, seguramente porque las más combativas casi siempre atacaron también a las que se aprovechaban de las circustancias. La batalla no fue ni es por géneros es de quienes comparten ideales e ideas contra quienes no.

Pero la corriente tampoco está a favor de otros grandes valores de ningún color y, aunque el común de los mortales sólo podemos elegir en qué batallas nos metemos y en cuáles no, en función de nuestras fuerzas, lo importante es que al menos no olvidemos cuál es la guerra, una de la que nadie podría avergonzarse y de la que el machismo es solo una batalla:  LA GRAN GUERRA MUNDIAL –con mayúsculas–;   LA GUERRA A LAS INJUSTICIAS.

Este relato empezaba con Paula Echevarría diciendo que no hay que estar “todo el rato en la trinchera” y en eso le doy la razón. Sólo hay que estar ahí cuando se pueda pero no olvidéis, queridas itgirls, que vosotras podéis, además, conseguir que se escuche más alto nuestra voz;  podéis conseguir que vuestra popularidad se convierta en algo más que en dinero. Decía también, Paula, que la mayoría nos valemos por nosotras mismas y, sin embargo, son muchas, muchas las que no –lamentablemente, no son ninguna excepción–. La excepción es la vuestra, la nuestra –la mía también– y conviene recordarlo. Claro que no eres “un chocho”, Paula. Peleemos porque nadie lo sea.

Y, por último:  La imagen es tan poco. La mejor manera de ser feliz–yo diría que casi la única– es gustarse y no sólo en las fotos. Eso está muy bien pero se vive más mirando a nuestro tiempo intentando influirlo y sabiendo que será corto que mirándonos en los espejos.

Hay tanto más que ser, que vivir y que conquistar. Busquemos señoras, busquemos. Hay. No nos dejemos encerrar en el espejo. Queramos más y empujemos a otr@s a quererlo.


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