Otra ‘Superwoman’

23 Jun 2017
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Marta Nebot
Periodista

La Superwoman está de capa caída. La inmensa mayoría de las mujeres del mundo ya no queremos ser, al mismo tiempo, una profesional excepcional, una madre perfecta y un ama de casa ordenadita. Sin embargo, de repente, ahora aparece otra supermujer a la que lo mismo vale la pena echarle al menos un ojo: Wonder Woman (la protagonista de una película que se estrena en nuestros cines el 23 de junio). Ya sé que es muy raro ser fan de una peli que no se ha visto, pero es que se trata de la primera superproducción de superhéroe que no acaba en e sino en ina. Por primera vez en la historia del cine y del mundo una mujer va a ser quien lo salve a lo grande; y no una cualquiera, sino una, fuerte, valiente y luchadora pero también compasiva, amante y conciliadora.

Con un presupuesto de 140 millones de euros y una rumorología previa que pronosticaba que sería un bluf, ya acumula 575 millones de recaudación en todo el mundo y ha logrado que a las salas de cine acudan más mujeres que hombres, fenómeno potenciado por una inteligente campaña de marketing que ha incluido proyecciones hechas sólo para nosotras. The Guardian la describe así: “una obra maestra del feminismo subversivo”.

La actriz escogida, Gal Gadot (una belleza israelí  aficionada al  kickboxing, el crossfit y a lo que le echen) contestó así  a un periodista en una de las premières: “¿Si me pensé aceptar el papel? No. ¿Tú te lo pensarías si te ofrecieran ser Superman?”. Ante el silencio del hombre que le preguntaba se permitió la carcajada y continuó: “lo que quiero decir es que más allá de mi carrera, la idea de ser un icono femenino en la primera película en la que una superheroína se permite el lujo de protagonizar ella solita toda la acción, era irresistible”.

Con esa declaración, claro, también me he hecho fan de ella. Pero es que, además (y más importante) ésta es la primera superproducción superheroica dirigida por una mujer, para más señas la directora y madre, en casi todos los sentidos, de este proyecto: Patty Jenkins;  alguien a quién ya admiraba por su Monster, película por la que Charlize Theron se llevó un Oscar haciendo de fea feísima. Jenkins dice de su nueva heroína:  “Es lo que toda chica querría ser: fuerte, buena, fascinante, elegante, poderosa y eficaz. Y tan valiente como cualquier hombre. Es dura pero también se enamora, perdona y se muestra benévola en un mundo complicado. Para mí es todo un honor hacer una película de una superheroína que representa valores tan importantes”.  ¡Guau!

Por si lo anterior fuera poco, la diseñadora de vestuario, Lindi Hemmings, que le ha puesto minifalda a la prota (como manda el género) ha contestado magistralmente a la pregunta que se le ha hecho sin parar en todas las entrevistas: ¿cree que a las feministas les gustarán los cortos trajes de Wonder Woman y las Amazonas? Lindi responde con otras preguntas: “¿Qué es ser feminista? ¿No llevar vestido o botas? Para mí es natural que alguien quiera exhibir su pecho, su culo o sus piernas, sea con el cuerpo de Wonder Woman o con otro cualquiera. No tuve peticiones de que Gal fuera más o menos sexy. He trabajado toda la vida, tengo 68 años y me considero feminista. Porque serlo o no serlo no depende de enseñar las piernas.”

Para terminar esta promo (desinteresada y circunstancial) tengo que hablar, por último, del origen de Wonder Woman porque también es fascinante:  la Mujer Maravilla fue creada en 1941 por William Moulton Marston;  un psicólogo, teórico e inventor que ideó el test de tensión arterial que sirvió como base para el polígrafo. En sus cómics de Wonder Woman, lo representa en el poderoso lazo de la verdad, el mismo con el que plasmaba su atracción por el bondage. Moulton quiso crear un superhéroe que no triunfara con los puños, sino con el amor y su esposa, Sadie Elizabeth Holloway, le sugirió que, en ese caso, fuera mujer; sugerencia que él adoptó con alegría porque estaba muy interesado e involucrado en el movimiento feminista de la época.

El envés de esta apología es que no puedo garantizar que esta película sea buena y no un truño. A mí las películas de acción no me interesan y las superproducciones hace siglos que no me llevan al cine. Pero en cualquier caso, al menos, estará bien compensar un poco todos los superhéroes masculinos que consciente o inconscientemente tanto pesan en nuestras conciencias y, por mala que pudiera ser la peli si vamos a verla, siempre nos quedará el consuelo de haber intentado meter en nuestras molleras (aunque sea por un rato) grandes ideas como que el amor puede vencer y que las mujeres pueden pelear con todas las armas tanto o más que ellos. Y, por otro lado, las historias de las mujeres que la han hecho posible ya nos cuentan (veamos la peli o no) que la pelea más efectiva es la que se hace desde dentro del sistema, que el feminismo no tiene estética definida porque tiene tantas estéticas como las de las mujeres que se atreven a defenderse a sí mismas y a otras de las injusticias, que la fuerza de nuestras historias y nuestro poder como consumidoras son indiscutibles y que ya ha llegado la hora de hacerlo valer y utilizarlo para nuestros fines;  que la revolución de las mujeres del mundo mundial está por llegar y de camino, que hay y hubo hombres y mujeres que soñaron antes que nosotros y que no nos perdonarían que soñáramos bajito. ¡Qué más se le puede pedir a une peli sin verla!


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