Opinion · Otras miradas

Más allá del derecho a disfrutar de las vacaciones

Carlos Prieto

Catedrático Emérito de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid

Carlos Prieto
Catedrático Emérito de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid

La Presidenta de la Comunidad de Madrid no va coger este verano las vacaciones a las que tiene derecho por su actividad laboral (al igual que ya hizo en años anteriores). Y, además, lo ha hecho público casi a bombo y platillo. Semejante decisión y declaración ha sido una buena oportunidad para que los actores políticos y sociales se hayan pronunciado al respecto. Todo el mundo – más o menos – ha reconocido que, siguiendo lo estipulado por el Estatuto de los Trabajadores, las vacaciones anuales son un derecho social que asiste a todos los trabajadores españoles. Lo que pasa es que, una vez que se ha reconocido el derecho no todo el mundo considera que, además, de un derecho sea una (especie de) obligación. Por ejemplo, la propia Presidenta de la Comunidad de Madrid lo reconoce pero, a continuación y en buen posicionamiento neo-liberal, reivindica la libertad individual para decidir si las toma o no (y elige no tomarlas). A la vez, no son pocos los representantes sindicales o miembros de partidos políticos de izquierdas (como, por ejemplo, Alberto Garzón) que han sido profundamente críticos con esa postura y esa argumentación. Para estos el comportamiento de Cristina Cifuentes abre la puerta a que muchos trabajadores, en especial aquellos contratados en condiciones de precariedad laboral, se vean presionados por su empresa a ceder “libremente” su derecho a las vacaciones sin que nadie pudiera oponerse a ello y a que, a la larga, las vacaciones terminen siendo legalmente un derecho social de libre disposición individual. En este artículo defendemos que el derecho a las vacaciones en modo alguno puede considerarse de libre disposición, pero queremos ir más allá y ofrecer las razones por las que es y deber ser así. Sólo de esa manera podrá entenderse todo lo que está en juego con el comportamiento “liberal” de la Presidenta de la Comunidad de Madrid.            

El derecho social a disfrutar de las vacaciones tal y como es recogido en nuestro Estatuto de los Trabajadores es una institución cuyo significado social y práctico no permite que el individuo-trabajador pueda disponer de él a voluntad, como si fuera algo así como un regalo que pueda aceptarse o rechazarse. Al igual que el tiempo de no-trabajo diario y semanal, el tiempo vacacional forma parte de aquellas unidades de tiempo libre que cuya implantación histórica no ha sido el simple resultado de la evolución de la tecnología y de la productividad, como con frecuencia se nos argumenta.  Sólo se han implantado en España – al igual que todos los países europeos – como resultado de las luchas reivindicativas que colectivamente han llevado a cabo los propios trabajadores. De ahí que su significado no haya de buscarse en el marco del trabajador en tanto que individuo sino del trabajador en tanto que miembro de una clase que reclama unas condiciones decentes de trabajo y de vida para aceptar como legítimo el ordenamiento social existente. En este marco colectivo, el tiempo de no-trabajo tiene un doble sentido. Por un lado, en tanto que tiempo-libre-de es un tiempo ganado por el hecho de haber trabajado (sin trabajo previo no hay tiempo libre), liberado del trabajo y cuyo objeto es el descanso y la recuperación física, mental y social (para volver a trabajar). Por otro, e inseparablemente, es tiempo-libre-para realizar actividades en las que se despliega la vida extralaboral (familia, amistad, vida personal, acción política,…) y cuyo valor se asienta y se reivindica frente al del trabajo. Si el trabajo es una actividad que tiene carácter de centralidad social (todos y todas tenemos que trabajar para ser reconocidos como miembros de pleno derecho de nuestra sociedad),  no menos lo tienen aquellas actividades orientadas a la reproducción de la vida. Lo uno no puede ir sin lo otro. Frente al tiempo de trabajo se levanta el derecho al tiempo-libre-para para vivir. Situadas en este contexto el tiempo de vacaciones es mucho más que un derecho. Es un tiempo, a la vez, de recuperación y de afirmación de la vida.

No coger libremente (?!) las vacaciones es negar su valor como tiempo de recuperación del propio trabajador/a y, sobre todo, como tiempo en el que se experimenta y se defiende la importancia de la familia, de la amistad, de la política y de la vida personal. Todos los ciudadanos españoles y en especial los de la Comunidad de Madrid deberíamos declarar un profundo rechazo a que la Presidenta de la Comunidad, con su negativa a tomarse las vacaciones a las que tiene derecho, deje de expresar en la práctica el reconocimiento del valor de estas instituciones sociales tan estrictamente necesarias para un buen funcionamiento de un ordenamiento social justo.