Juana y la justicia machista

09 Ago 2017
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Andrea Momoitio
Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

Hola, Juana

Te escribo desde Llanes, en Asturias. Estoy aquí de vacaciones. Te prometo que me he acordado de ti muchísimo estos días. Tú y tus hijos habéis formado parte de muchas de nuestras conversaciones: “Qué miedo estarán pasando”, he pensado cientos de veces. Justo ahora, al entrar a un bar que atienden dos mujeres, creo que madre e hija, he sabido enseguida que se referían a ti, que algo te había pasado:
-¡Qué barbaridad! – ha exclamado la más mayor con su inconfundible acento asturiano
-Pero, ¿Cómo los va a entregar? – ha clamado su hija.
Durante unos segundos, he dudado: ¿Te habrías rendido? Pronto, las noticias que sonaban de fondo me han recordado tu fuerza. En algunas de las imágenes sales llorando, pero en muchas otras tu fortaleza atraviesa el televisor.

ILUSTRACIÓN: Zuriñe Burgoa

ILUSTRACIÓN: Zuriñe Burgoa

La noticia es él. Entra a los juzgados de Granada acompañado de su abogado y un representante del consulado italiano. De fondo, un grupo de hombres se atrincheran detrás de pancartas en las que pueden leerse lemas como “STOP feminazis”. Decretan tu busca y captura. La reportera cuenta a qué te expones. La más absoluta de las rabias me invade el cuerpo, pero no te preocupes, compañera, sabremos transformarla para que os sirva.

Supongo que te habrán llegado ecos del grito de solidaridad que atraviesa el Estado español para arroparos a los tres. Hemos dicho, por activa y por pasiva, que estamos contigo, que os esconderemos cuándo y dónde lo necesitéis, que nuestras casas siempre estarán abiertas a las valientes como tú. Qué orgullosos deben estar tus pequeños. Seguro que hartos de ver superhéroes en el cine, te miran a ti ahora con la misma admiración que a Batman. Qué pronto han tenido que aprender ellos lo que yo tardé años en aprender, que las verdaderas heroínas viven con nosotras. Sé que mi madre habría hecho lo mismo por mí y por Julen, mi hermano; que mi abuela haría lo mismo todavía hoy por ella y cosas igual de valerosas ha hecho ya mi tía Ana por Ariane; que Anaisa pondría el mundo patas arriba por Layla y Alma, que Izaskun pronto hará lo propio por Unai. Lo haría yo también por cualquiera de ellas y lo haremos entre todas por tus hijos.

Estés donde estés, puedes tener una certeza: toques la puerta que toques, si abre una buena persona, te protegerá de esta justicia machista que pretende que aboques a tus hijos a la misma violencia que ya has sufrido tú. Búscanos. Nosotras no podemos hacerlo, pero solo búscanos y pídenos lo que necesites. Somos muchas. Somos la justicia que te niegan. Pondremos, no solo nuestras casas sino también nuestros cuerpos, donde haga falta, para protegernos de esta barbaridad.

Me encantaría poder prometerte que todo saldrá bien. Seguro que es lo que tú les estás diciendo a ellos, pero las dos sabemos que estáis en peligro. Esa misma certeza es también la que nos está uniendo tanto a todas. A pesar del optimismo que tratamos de transmitirte, somos conscientes de los riesgos. ¿Sabes por qué? Porque todas lo hemos sentido alguna vez, porque tú miedo es el mismo que sentimos al volver solas a casa, el que provoca la lesbofobia, el que sentimos las mujeres de todo el mundo ante la indefensión a la que quieren someternos.

Algunas, las que hemos encontrado una casa en el feminismo, sabemos también que la fuerza que generamos juntas no es imparable, pero lo será pronto. Esa es la casa que te ofrecemos, en la que queremos recibirte ya, en la que nos escondemos todas de tipos como Francesco Arcuri. Ojalá fuese el único.

Seguro que no estaba entre tus planes y, probablemente, ahora mismo, esto te da igual, pero te admiramos y queremos, Juana. Hoy, miles de mujeres y niñas querrían haber sido tan valientes como tú, que lo hubieran sido sus madres. Abres con tu ejemplo una grieta de solidaridad entre mujeres en un mundo que aún se sostiene bajo lógicas machistas y te conviertes en el símbolo de una lucha en la que no estás sola. No podemos tolerar más violencia, ni nosotras ni nuestros hijos e hijas. Las noticias de asesinatos a menores se suceden, las víctimas de violencia machista no paran de aumentar. Me río del pacto de Estado. Me río de los parches, de las buenas intenciones, de las corbatas que nos asfixian. No nos protegerán nunca nuestros verdugos.

Solo entre nosotras podremos salvarnos y estamos dispuestas a ello con uñas y dientes, querida.

Dime, Juana, ¿Cuál es la comida favorita de tus hijos? Estará lista cuando lleguéis.


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