Urgencias del periodismo tras el terrorismo en Las Ramblas

22 Ago 2017
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Pascual Serrano
Periodista @pascual_serrano

Nadie discute que la demanda de información urgente tras actos que convulsionan nuestra vida cotidiana es lógica, del mismo modo que satisfacer esa demanda es un valor periodístico. Sin embargo, es necesario pararse a pensar qué nivel de rigor y veracidad podemos dejarnos por el camino en esa carrera. Tras el atentado en Las Ramblas de Barcelona el pasado 17 de agosto, pudimos observar cómo prácticamente la unanimidad de los medios “informaba” de terroristas sueltos que portaban armas largas, de comandos atrincherados con rehenes en un restaurante turco e incluso el desconcierto en torno a si el protagonista de una fotografía distribuida por todos los medios del mundo era un terrorista o un ciudadano al que le habían sustraído la documentación.

Quiero aclarar que no estoy hablando de las redes sociales, donde la información que circulaba era caótica, ahí no se trata de periodismo y poco se puede hacer, más allá de insistir a la población en que no se crea ni difunda cualquier cosa que le llegue.

Una vez más, internet condiciona el periodismo. Antes, al menos en el periodismo escrito, se escribía con vocación de permanencia y eso nos obligaba a ser más rigurosos. Hoy la información se hace y rehace constantemente en la web, lo importante es “colgar” lo último cuanto antes y después ya veremos cuánto de eso se confirma.  “Gracias a las nuevas tecnologías, me informo al segundo y lo olvido al instante”, decía El Roto en una de sus viñetas. Los nuevos medios deben lanzar informaciones de forma rápida e imparable, porque si paran durante unos segundos, la audiencia puede pensar que se está perdiendo algo y cambiar de emisora o de web.

En el caso de internet, casi todas las empresas que tienen su negocio en la red buscan  que los internautas no cesen de moverse dentro de sus webs: vean más anuncios, consigan mejores cifras de acceso, etc. Además, en la medida en que los medios actualizan con más frecuencia, aparecerán sus titulares como los más recientes en redes sociales y otras webs donde enlazan a sus actualizaciones. Si se observa, todo en la red son llamadas al ritmo trepidante dirigidas al espectador (“está pasando”, “sigue en directo”).

El modelo de aceleración informativa vigente conlleva la obsesión y prioridad por la inmediatez, todos los demás valores de la información, como el rigor, el contraste o la profundidad, se subordinan a ella. La feroz competencia entre los medios obliga a la esclavitud de la urgencia informativa, hoy ninguno se plantea aquel principio de que cualquier noticia requiere ser contrastada con dos fuentes independientes, el periodista que lo aplicase sería despedido inmediatamente por baja productividad. Una información errónea difundida por una agencia de noticias se convierte inmediatamente en titular de decenas de medios porque ninguno de ellos la verifica. Del mismo modo, el tiempo de investigación de las noticias termina siendo inversamente proporcional a esta creciente necesidad de difundir con urgencia los acontecimientos.

En algunas ocasiones, la excesiva prudencia de algunos poderes públicos no ayuda en la medida en que el vacío de información oficial termina llenándose por otra vía, unas veces veraz y otras no. En el atentado de Las Ramblas, mientras la Generalitat catalana por boca de su conseller de Interior, informaba de que había una víctima mortal, el resto de la prensa titulaba que eran trece los fallecidos citando fuentes policiales.

Además, en los últimos años la carrera por la inmediatez  ha agudizado el desconocimiento hasta niveles mucho más inquietantes. La urgencia por querer contar lo sucedido no solamente provoca ausencia de rigor sino que conlleva un culto a la brevedad que impide profundizar y la despreocupación por el seguimiento del asunto. ¿Alguna de las personas que ha dedicado horas y horas a informarse compulsivamente sobre los atentados leerá algún texto de más de tres páginas sobre el contexto geopolítico o religioso relacionado con lo sucedido?

Lo más grave es que el nuevo modelo de pensamiento breve e inmediato es incompatible con el conocimiento adecuado del contexto en el que se desarrollan los acontecimientos y de los antecedentes imprescindibles para comprender lo sucedido. Horas y horas de exhaustiva información sobre los atentados de Cataluña no han supuesto un mayor conocimiento que ayude a interpretar lo sucedido, un análisis de su relación con la coyuntura internacional o del desvarío islamista que ha llevado a estos atentados… Esa falta de contexto es lo que ya denunciaba hace mucho el escritor Gilbert Keith Chesterton: “El periodismo consiste esencialmente en decir ‘lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que estaba vivo”.


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