Opinion · Otra vuelta de tuerka

La izquierda y la sociedad civil

baleares-detallednUna marea verde en defensa de la lengua y de la educación pública. Hacía tiempo que no participaba en una manifestación así. Varios medios aseguran que se trata de la movilización más grande en toda la historia de Mallorca.

Los portavoces de la ultraderecha mediática se han apresurado en defender desde sus cuentas de Twitter al gobierno de Bauzá y en denunciar que la izquierda y el independentismo están “detrás” de la protesta. No han entendido nada y en su necedad sectaria son incapaces de distinguir la diferencia entre enfrentar a  la izquierda y enfrentar a la sociedad civil.  Hoy eran decenas si no cientos de miles los que marchaban, y eran familias con niños, adolescentes, universitarios, jubilados, parados, trabajadores. De las ventanas y balcones asomaban ciudadanos que agitaban sábanas teñidas de verde, camisetas e incluso calzoncillos. En la marcha estaban todas las izquierdas y los sindicatos, pero estaban acompañando a la sociedad civil. Todos los activistas y dirigentes políticos a los que he preguntado, muchos de ellos participantes activos en el movimiento, reconocían que la huelga no partió de las organizaciones de la izquierda ni de los sindicatos, sino que fue la autoorganización de los profesores (Assemblea de docents) y del conjunto de la comunidad educativa la que encendió la mecha del mayor desafío al gobierno del PP en Baleares.

Pero que la derecha no entienda la diferencia entre una movilización de la izquierda y una movilización popular está dentro de lo previsible. El problema aparece cuando la izquierda no termina de entender que las expresiones más poderosas de resistencia social a la crisis-estafa no están proviniendo de las iniciativas de movilización de la izquierda. El peso de la resistencia social a los recortes, desde el 15M, pasando por las mareas y el movimiento “Stop desahucios”, hasta las movilizaciones de la comunidad educativa en Baleares, no fueron planificadas por ninguna dirección política de la izquierda. Ello no es necesariamente algo bueno pero es la realidad.

La primera prueba de ello es que esa misma derecha mediática que tenía cogida la medida a la izquierda política que conocía, suda para enfrentar las razones de la indignación social. La segunda es que los portavoces políticos de izquierdas que más llegan a la gente y que mejor enfrentan a los ideólogos mediáticos de la derecha, son aquellos más cercanos a la movilización; las CUP en Cataluña que llevan la movilización en su ADN, Sabino Cuadra de Amaiur, Xosé Manuel Beiras de Anova, Diego Cañamero del SAT o Alberto Garzón de IU, son las referencias de la izquierda más cercanas a la sociedad civil. Nadie debe olvidar que la imagen de la portavoz de la PAH, Ada Colau, llamando criminales a los bancos en sede parlamentaria, se convirtió en el ejemplo de lo que debe ser un parlamentario de izquierdas (y Ada no era parlamentaria).

Por eso hablar de la unidad de la izquierda no es sólo hablar de pactos, de listas y de sopas de siglas, sino de la posibilidad de que la izquierda contribuya a la articulación de la sociedad civil siendo capaz de traducir la resistencia social en discursos y desafíos políticos. Pero para eso, la izquierda tiene que tener portavoces que los movimientos reconozcan como propios.