La batalla mediática

06 Ago 2008
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Quedan dos días para que comiencen los Juegos y los periodistas han llegado a Pekín. Algunos llevan unos pocos meses en China, otros unas semanas y la mayoría tan sólo un par de días. Se calcula que en total habrá unos 30.000 periodistas en la ciudad. Por las calles de Pekín se comienzan a ver cada vez más cámaras de televisión y más occidentales con lápiz en la mano.

En un acontecimiento tan mediático como éste, los lectores hemos estado expuestos en los últimos meses a una gran avalancha de información sobre China. El flujo principal de noticias se ha caracterizado por resaltar los aspectos negativos del país (sin duda alguna numerosos) pero se ha olvidado de sus aspectos positivos (espectaculares si se echa un vistazo a la historia reciente del país). Convertir a China en el diablo de nuestro tiempo no parece hacer justicia a su evolución y su complejidad.

Un amigo mío, Krys, que lleva aquí tres años y ahora trabaja para la revista Asia Weekly, me lo resumía de la siguiente forma: “Los medios occidentales sólo publican dos tipos de noticias sobre China: o sobre derechos humanos o sobre ese supuesto exotismo chino. Pero lo más importante es que las noticias sean siempre negativas: así nos reafirmamos en la superioridad de nuestras culturas y nos vamos contentos a la cama”. En muchos casos, Occidente ha demostrado en los últimos meses que no se ha librado de sus estereotipos sobre este país, ha aplicado el doble rasero como principio editorial y ha demostrado su vicio simplista. No sólo pasa con China, pero hay que reconocer que los medios se han cebado especialmente con este país.

Aunque los ejemplos podrían ser muchos (Tibet –1, 2-, Darfur, el más reciente de la supuesta prohibición de negros y mongoles en bares, la invasión de empresas chinas en el extranjero) me centraré sólo en uno. En marzo de este año, el primer ministro chino, Wen Jiabao, desgranaba en la Asamblea Nacional Popular algunos de los gastos más importantes del Gobierno. Entre ellos, Wen habló de un aumento del 20% en seguridad social, un 25% en sanidad, un 45% en educación y un 17.6% en Defensa. La mayoría de medios occidentales se olvidó del resto de aumentos y sólo se centro en uno, el de Defensa. Una vez más la amenaza amarilla y su ejército servían para llenar titulares.

En este ambiente viciado y de incomunicación, los Juegos se presentan como una gran oportunidad para sacar los trapos sucios del país. Un periodista español que trabaja aquí en Pekín, justo cuando estallaron las manifestaciones violentas en Tibet en marzo, me comentaba lo siguiente: “Los medios españoles son muy blanditos. Los anglosajones sí que dan caña. Ya verás cuando lleguen los Juegos Olímpicos: la CNN y la BBC van a venir con los dientes afilados”.

Evidentemente, en este clima de enfrentamiento el Gobierno chino tiene una responsabilidad importante. Limitar el movimiento de los periodistas en el país, censurar el acceso a Internet, presionar a los periodistas o impedir la entrada en el Tibet no son las mejores formas de ganarse a la prensa extranjera. Además, el Gobierno chino (incluidos los provinciales o locales) no está acostumbrado a dar explicaciones ni tratar con los medios. Gong Lei, una periodista china que está colaborando con France 2, lo explicaba de la siguiente forma: “En China es muy complicado conseguir información. Las autoridades no la facilitan. Tienen miedo de ser malinterpretados y sólo dan información muy general”.

Al mismo tiempo, los medios occidentales tienen la obligación de hablar de unos temas que la mayoría de medios chinos no puede cubrir (abusos de las autoridades, censura, detenciones políticas…). Todos estos temas no existen en el retrato casi siempre idílico de los periódicos chinos. Es justo y necesario que los disidentes chinos encuentren un lugar en los medios extranjeros y que las injusticias sean desveladas. El problema es cuando estas noticias se convierten en la única versión del país.

Esta guerra mediática se ha producido en los últimos años y todavía quedan muchas batallas por disputar. Las manifestaciones en el Tibet en marzo pasado han supuesto una derrota importante para China (al menos en Occidente). Pero la última batalla, la más importante, se libra estos días. Los periodistas han llegado a Pekín.

Actualización:  para rebajar un poco estas tensiones olímpicas, os dejo con un par de canciones. La primera se llama “No seas tan CNN” y critica la cobertura de los medios occidentales durante las protestas de marzo en Tibet. La segunda, interpretada por un grupo chino, critica a la CCTV, la televisión pública china. Esta última surgió después de la primera como una forma de decir que no querían ver ni la CNN y la CCTV. La letra es clara y sencilla (“I don´t watch CCTV, I don´t watch this fucking channel… CCTV, CCTV, fucking CCTV, fucking CCTV…“)


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