En bicicleta por Pekín

23 Ago 2008

China, el imperio del ping-pong

19:04 
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anuncio-ping-pong.jpgLa primera vez que me di cuenta de la importancia del ping-pong en este país fue en la Universidad, a la hora de hacer la matrícula. En uno de los despachos de la Facultad, con ordenadores de pantalla plana de última generación, los papeles nos esperaban en una mesa de ping-pong. Junto a ella estaba la típica estampa de oficina: papeles, archivos, impresora, grapadora… La única diferencia era que había que echar la firma sobre la mesa de ping-pong (enorme, hay que reconocer que son muy prácticas).

China ha demostrado una vez más que el ping-pong es su deporte. Ha conseguido los cuatro oros que estaban en juego y un total de 8 medallas. En categoría individual, tanto masculina como femenina, se ha llevado oro, plata y bronce. En los últimos años se habían aprobado nuevas reglas (no poder ocultar la pelota en el servicio, hacer los sets a 11 en vez de a 21 puntos…) que algunos consideraban podían perjudicar a los chinos. Parece que han servido para poco.

El tenis de mesa fue motivo de atención mundial durante la década de los 70, cuando Estados Unidos y China utilizaron el ping-pong para mejorar sus relaciones bilaterales. Décadas después, el tenis de mesa sigue formando parte de la política china, sobre todo gracias al presidente chino, Hu Jintao, que se declara amante de este deporte. En una reunión con periodistas extranjeros antes de los Juegos, Hu reconoció que lo que más le gustaría sería participar con el equipo de ping-pong. “Pero me gustaría decirles que como el equipo de tenis de mesa ya está al completo, parece que mi deseo no podrá ser finalmente concedido”, dijo en tono de humor. Hu Jintao, que ha reiterado muchas veces que no se debería mezclar política con deporte, ha hecho en más de una ocasión gala de su destreza con la pala (el vídeo es de una de sus visitas a Japón).

Huiwen, estudiante de inglés en la Universidad de Pekín (donde se han celebrado las competiciones de ping-pong), me decía que el tenis de mesa es muy popular en China por las características físicas que se requieren. Hay que ser rápido y tener buenos reflejos. No hace falta ser muy alto ni corpulento. No hay contacto físico con el rival. Además de esto, es un deporte barato y fácil de practicar en cualquier sitio. Los parques de china están llenos de mesas de ping-pong donde juegan niños de cinco años y ancianos de 70.

Como curiosidades, hay una página web donde se recogen fotografías o imágenes donde aparecen todo tipo de personalidades jugando al ping-pong. Entre ellas están varios de los últimos líderes chinos, como Jiang Zemin, Zhou Enlai o Mao Zedong. Me ha gustado especialmente esta última, en la que se ve como Zhou Enlai (ministro de exteriores en la época) juega al ping-pong contra Richard Nixon (presidente de EE.UU. en aquel entonces y principal impulsor de las relaciones con China en los 70) mientras Chiang Kai-shek, presidente de Taiwán, no rasca bola.

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Más links interesantes:

- Chinochano: Peloticas
- Forrest Gump también jugó al ping-pong
- Jan-Ove Waldner, un sueco súper admirado en China por su habilidad para jugar al ping-pong. Los chinos le conocen como Lao Wa (老瓦).

23 Ago 2008

El viejo (y olímpico) Pekín

16:28 
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Aunque en la televisión veamos estos días el Nido de Pájaro y el Cubo de Agua, las Olimpiadas también han llegado al viejo Pekín, esas callejuelas que se conocen como hutongs y que conservan las antiguas casas y costumbres chinas. En esta parte de la ciudad, donde la gente todavía sale en zapatillas y pijama a la calle, los Juegos Olímpicos parecen una cosa de pueblo. Algunos siguen las competiciones desde pequeños televisores en sus tenderetes y otros leen el periódico a la puerta de casa. En muchos de ellos hay banderas de China (al parecer, casi por obligación) y algunos letreros recogen los lemas olímpicos. De todos modos, un paseo por los hutongs más auténticos no muestra un fervor olímpico especial: la gente acude a los mercados a comprar fruta, los niños se persiguen en la calle y los ancianos juegan al xiangqi (ajedrez chino). La vida continúa.

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Los hutongs son una de las principales atracciones de Pekín. Sencillos y viejos a simple vista, dentro esconden algunos de los secretos de la cultura china. La inmensa mayoría de ellos discurre de este a oeste, de tal forma que se respete el fengshui y la puerta de la casa dé al sur. Pero la riqueza de los hutongs está en los patios interiores (四合院, siheyuan), casi siempre inaccesibles para los turistas. Tras unas fachadas antiguas y que muchas veces se caen a cachos, algunos inmuebles esconden auténticos paraísos de esculturas, plantas, fuentes y grabados.

hutong3.jpgFrente a esta visión romántica del viejo Pekín, la realidad es que muchos de los hutongs que se mantienen en pie están en condiciones lamentables. Los tejados están casi derruidos, las fachadas estropeadas y muchos de ellos no tienen baño. En algunos bajos viven hacinadas decenas de personas en condiciones penosas. De ahí la dificultad de mantener estos barrios tradicionales en el nuevo Pekín del siglo XXI, sobre todo cuando se imponen las razones económicas. Casi siempre es más rentable destruir las viejas casas y construir bloques de edificios. En algunos casos, los lugareños están deseando vivir en edificios más modernos y acabar de una vez con esa pobreza casi inherente al viejo Pekín. Los Juegos Olímpicos, con su gigante transformación urbanística, han puesto punto y final a muchos de los barrios tradicionales.

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En la zona de Xihai, un precioso lago donde pescan todos los días una decena de personas, me espera mi nueva casa a partir de septiembre. Es una de esas antiguas casas de la capital china, en un hutong y con patio interior. Al dueño del piso, el señor Ma, le cuesta despedirse de la casa de sus padres y del barrio donde corría de niño. Le gustaría seguir viviendo en esta antigua casa de tres habitaciones, aunque su esposa y su hija prefieren vivir en un piso. “Antes de casarme vivía aquí… Ahora son mi mujer y mi hija las que mandan”, me dice con una sonrisa. Ma, que conduce un Audi color crema, dirige una empresa que hace negocios con Europa. Muchos de los hutongs han sido rehabilitados (con mayor o menor gusto) por estos dueños enriquecidos que ahora los venden o alquilan a precio de oro (muchas veces a extranjeros).

Mientras muchos mayores todavía sueñan con vivir en un hutong, los jóvenes no parecen muy entusiasmados. En mi nueva casa estamos buscando un compañero de piso chino, y no es fácil. El precio por persona es elevado para la mayoría de jóvenes (1.800 yuanes, 180 euros), pero parece que el problema principal es la falta de interés. Meng Fan, uno de los agentes inmobiliarios que ayuda a nuestro casero con la renovación de la casa, nos ha comentado que por ese precio la mayoría de chinos prefiere vivir en un apartamento. “A los jóvenes no les gusta vivir en este tipo de casas”.

Muchos otros hutongs y zonas antiguas han sido renovadas, como la zona en torno a la Torre de la Campana, Houhai o Nanluoguxiang, que hoy forman una curiosa mezcla entre tradición y modernidad. Hay decenas de bares con wifi en el interior, terrazas donde tomar copas y cientos de turistas que pasean en calesa o curiosean en las tiendas de regalos. Mientras, los mayores todavía se bañan en el lago de Houhai y juegan al bádminton por las noches.

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Las Olimpiadas se han fijado en las zonas antiguas de la capital y algunas delegaciones no han dudado en instalarse aquí para hacer relaciones públicas. Es el caso de los rusos, que han utilizado un antiguo pub para convertirlo en el Russian Bosco Club, a donde acuden miembros de la delegación rusa y sus deportistas. No muy lejos, en una de las entradas de Houhai, la organización de los Juegos de Londres 2012 ha habilitado otro local para “promocionar las Olimpiadas” y “establecer vínculos comerciales con China”.

Mientras las pantallas del metro, autobuses y empresas muestran sin cesar los partidos de los Juegos Olímpicos, en el restaurante Da Hai, al sur de la plaza de Tiananmen, la televisión muestra obras de la Ópera de Pekín. El dueño del local es uno de los ciudadanos que más ha defendido la preservación del viejo Pekín, sobre todo en una zona como la suya, Qianmen, llena de historia y que ahora vive un proceso entre la rehabilitación y la destrucción. “Esto es un restaurante del viejo Pekín, aquí no vemos los partidos de las Olimpiadas”, me comenta el camarero. Desde que empezaron los Juegos, no han puesto ni una sola competición. Es su pequeña reivindicación del viejo Pekín.


Un paseo por algunos de los hutongs de Pekín. El vídeo es un poco largo (casi 7 minutos) pero podéis bajar de la bici cuando queráis. Por orden, la vuelta en bicicleta incluye hutongs en torno a Xihai (西海), Xinjiekou (新街口), Houhai (后海) y Gulou (鼓楼).

22 Ago 2008

La muerte de Hua, el sucesor de Mao

20:19 
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En medio de tantas medallas olímpicas, la noticia de la muerte de Hua Guofeng (华国锋), el que fuera sucesor de Mao Zedong, ha pasado totalmente desapercibida. Hua fue nombrado sucesor de Mao y fue la más alta autoridad del país durante casi dos años (de septiembre de 1976 a diciembre de 1978), cuando Deng Xiaoping tomó las riendas del país. Nadie parece haberle recordado el 20 de agosto, cuando murió a los 87 años. Estamos al final de los Juegos Olímpicos, aunque su muerte tampoco hubiera tenido mucha más repercusión en cualquier otro momento.

El Gobierno chino tiene especial cuidado cuando se trata de revisar el pasado. Cuanto menos se revuelvan “viejas historias”, mejor. La historia reciente de China tiene ejemplos de manifestaciones debido a la celebración de funerales o aniversarios de la muerte de personalidades importantes (entre ellos la muerte de Zhou Enlai en 1976 y la de Hu Yaobang en 1989, que serviría de acicate para las manifestaciones en Tiananmen del mismo año).

Ningún episodio semejante parece poder ocurrir ni en la China actual ni con la figura de Hua Guofeng.  Hua fue sobre todo un fiel servidor de Mao. Después de haber participado en la Guerra contra Japón, se mudó en 1949 con el ejército a Hunan (la provincia de Mao Zedong), donde serviría como oficial hasta 1971. Le apoyó en medio de la crisis del Gran Salto Adelante, cuando Mao fue criticado por aplicar unas políticas que estaban llevando a la hambruna a millones de personas. Tras la muerte de Mao, Hua siguió idolatrando a su predecesor. Su filosofía durante sus dos años de mandato fue la de considerar todo lo que Mao había dicho y hecho como verdad absoluta, lo que se conoció como liangge fanshi (两个凡是). Fue también el encargado de supervisar su Mausoleo en la Plaza de Tiananmen, cuyos caracteres están escritos por él mismo.

Por otro lado, Hua fue el hombre que acabó con la Banda de los Cuatro, el grupo que había controlado el aparato de propaganda chino durante la Revolución Cultural y que todavía seguía persiguiendo a líderes políticos según sus intereses. Con Hua se acabó definitivamente la locura de la Revolución Cultural. Sus años de transición, como casi todo el mundo los define, se movieron entre su amor por Mao y su incapacidad para ser reconocido como líder del país. Un difícil equilibrio que no pudo mantener ante la vuelta de Deng Xiaoping, con más amigos en el ejército y en el Partido Comunista y que encarnaba una visión más pragmática de la política china. Frente al dogmatismo maoísta que todavía exhibía Hua, Deng apostaba por aplicar aquellas medidas que se habían demostrado exitosas (lo que se llamó shishiqiushi -实事求是-). La unión con Mao era lo único que daba legitimidad a Hua, pero fue también lo que acabó con su carrera política.

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Su renuncia llevó al poder, después de años de guerras internas, a un grupo de pragmáticos dirigidos por Deng, entre los que se encontraban Hu Yaobang y Zhao Ziyang (después admirados por los estudiantes en 1989). Con ellos comenzó la apertura y reforma en China, el fin de las comunas en el campo, la privatización de empresas y los crecimientos económicos en torno al 10%. Hua fue la transición entre la locura maoísta y el pragmatismo que llega hasta nuestros días.

Links:

- Más posters de Hua Guofeng.

22 Ago 2008

Beijing rocks

14:16 
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En el viejo Pekín, cerca del famoso lago de Houhai, el Mao Livehouse lleva acogiendo conciertos desde hace un año y medio. Hoy es jueves 21 de agosto y, a pesar de que la ciudad vive inmersa en sus Juegos Olímpicos, el ambiente que se respira dentro de esta sala de conciertos es parecido al de un jueves cualquiera. Jóvenes con pelo largo, pantalones apretados, playeros Converse, camisetas de tirantes, sombreros a la última moda, rastas a lo Bob Marley… En Pekín, también existe esta China.

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La mayoría del público de este garito comparte su pasión por la música o el cine, lo occidental y tener menos de 30 años. Son una pequeña parte de la juventud china, casi todos hijos únicos, que han crecido junto al desarrollo económico del país. Algunos les han puesto la etiqueta de “pequeños emperadores”, puesto que han recibido la atención de toda la familia. Al Mao Livehouse acuden los más alternativos y cool de esta generación, aquellos que están acostumbrados a salir de fiesta y beber alcohol. No es la norma en una juventud china centrada en los estudios, con pocos recursos económicos y a la que no le gusta salir de bares.

El primer concierto de la noche es el de Oliver, un grupo encabezado por el guitarrista y vocal Lifu. Oliver es uno de las decenas de grupos de rock que surgen todos los años en la capital china, todavía muy desconocido, y que aprovecha cualquier oportunidad para tocar gratis en los bares de la ciudad. Junto a él conviven otros grupos que se han hecho famosos y que llenan las salas todos los fines de semana, entre ellos Joyside, Snapline, Brain Failure, New Pants, Houhai Sharks o Hedgehog (mis preferidos). El referente del momento es Carsick Cars, que llegó a tocar con Sonic Youth en Praga y Viena.

Los componentes de Oliver están nerviosos (y emocionados) antes de pisar el escenario. Lifu, el líder de la banda, estudia sonido en la Escuela de Cine de Pekín, una de las universidades artísticas más conocidas del país, donde han estudiado algunos de los cineastas más famosos de las últimas tres décadas (Zhang Yimou, Chen Kaige, Jia Zhangke o Wang Xiaoshuai). De allí siguen saliendo muchos de los que hoy llenan la ciudad con notas de rock y gritos de heavy metal.

Entre los espectadores del concierto, hay varios voluntarios olímpicos. Su trabajo ha acabado por hoy y se han acercado al Mao Livehouse a escuchar algunos de los nuevos grupos. Frente a la entrada del local hay una novedad respecto a hace un mes: ahora hay una bandera de China de dos metros. Y es que, a pesar de ser jóvenes con ganas de expresarse y pasarlo bien, no responden a esa imagen idílica de los jóvenes hippies estadounidenses o revolucionarios de mayo del 68. Muchos de ellos no tienen una tendencia política determinada. Algunos de ellos son de los más nacionalistas. Sus familias son en general de la nueva clase media china, lo cual les hace estar satisfechos con la situación general del país.

A finales de abril de este año, cuando las revueltas en Tibet todavía coleaban en Pekín, el mayor festival de música rock de China (el Midi Festival) fue pospuesto hasta octubre. En 2007, unas 20.000 personas habían acudido durante cuatro días al festival. Aunque hubo indignación por la suspensión del Festival (anunciada tan sólo unos días antes y con pocas explicaciones) casi nadie se atrevió a alzar la voz.

A pesar de todo esto, el Mao Livehouse no está solo. Junto a él, otros garitos como el D-22, Yugong Yishan, The Star Live, 13 Club o 2 Kolegas, han sembrado la noche de Pekín de música rock, pop, metal y punk. “Esto era impensable hace 20 años”, dice Shisi (十四), el manager de Mao. “Este tipo de locales pueden hacer cambiar al país, que la gente sea más abierta”.

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¿Por qué escogieron el nombre de Mao Livehouse para un local de música? “Nos pareció que Mao Zedong era el hombre más rock and roll de China, sobre todo su comportamiento, con la Revolución Cultural”. Así que, como no pudieron utilizar su nombre al completo, las nuevas bandas de rock de Pekín tocan bajo el icono del antiguo líder de China. “Ahora no tenemos ningún problema con el Gobierno”, dice Shisi. Aún así, el Mao Livehouse tiene que enviar una lista con las actuaciones de todo el mes para que sea aprobada por las autoridades.

Pekín ha cambiado mucho en cuerpo en los últimos años, pero también lo ha hecho en alma. Junto a los cambios económicos, el metro y los rascacielos, las relaciones sociales se modifican a pasos agigantados en las ciudades chinas. En Pekín, la noche es un buen ejemplo. El primer pub en la capital china se abrió hace 17 años, cuando los extranjeros todavía no podían utilizar la moneda local. El bar (llamado Frank´s Place) era el primero que no formaba parte de un hotel y a él sólo acudían extranjeros. Hoy, Pekín cuenta con 19 mega-clubs (locales de más de mil metros cuadrados) y unos 400 bares nocturnos. En los últimos años los mejores DJ´s del mundo han pasado por la capital china, entre ellos Tiesto, Paul Van Dyk o Carl Cox.

En todo este panorama de transformación, la importancia de Pekín es fundamental. Fue aquí donde comenzó el rock en China a finales de los 80, cuando un grupo de jóvenes chinos (entre ellos Cui Jian, considerado el padre del Rock and Roll en este país) quedó embaucado con la música que traían periodistas, diplomáticos y estudiantes extranjeros. Aquí comenzó ese diálogo que todavía se mantiene entre Oriente y Occidente, con unos artistas chinos que quieren utilizar un género venido de tan lejos para hacerlo propio. Muchos de los nuevos grupos chinos, como por ejemplo Oliver, no tienen nombre chino y sus canciones son en inglés. La influencia de la música anglosajona es patente en numerosos grupos, algunos de los cuales se dedicaron durante mucho tiempo tan sólo a hacer versiones del rock británico y estadounidense. Con el tiempo los chinos han ido apropiándose de los géneros occidentales y cada vez se ven más elementos propios, como la utilización del instrumento chino erhu o mezclas con la Ópera de Pekín.

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Pekín capta cada vez a más jóvenes con ganas de música y fiesta. Xiao Men es otro de los miembros del grupo Oliver, nacido en Macao, que hasta 1999 fue colonia portuguesa y hoy es Región Administrativa Especial de China. Estudia comunicación en Pekín desde hace casi dos años. “En Hong-Kong están los grupos más comerciales, allí saben como hacer negocios. Pero Pekín es el mejor lugar del país para la música”, me comenta mientras duda entre salir al escenario con la camisa por fuera o por dentro del pantalón.

Taciana Fisac, Directora del Centro de Estudios de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Madrid, comparaba el ambiente que se vive en China estos años con “la movida” española durante la Transición. Frédéric Bobin, periodista de Le Monde en China durante seis años, escribía en su libro Good Bye Mao? que las grandes ciudades chinas “están viviendo una revolución silenciosa”. Bobin explicaba como en los últimos años a la sociedad china se la estaba dejando respirar: los viajes al extranjero, la individualidad, la revolución sexual, las nuevas tecnologías, la influencia occidental. Con sus límites y siendo todavía un fenómeno minoritario, el rock and roll en Pekín es parte de esta nueva China que respira.


Concierto de Oliver ayer en el Mao Livehouse.

Links:

- Beijing Rock – Vídeo de Asia Society sobre el rock en Pekín.

- Beijing Beat: Woman make noisy – De Sexy Beijing. Aquí sale la batería del grupo Hedgehog, una pequeña de 1,50 que destroza la batería que da gusto.

- Más vídeos de los conciertos de ayer en mi cuenta de Youtube.

21 Ago 2008

Olimpiadas a la china

04:31 
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La población china está viviendo estos juegos intensamente, y lo está haciendo a su manera. Sin haber llegado todavía a ninguna conclusión, y con muchas dudas, lanzo algunas de las ideas que me han venido en los últimos días en cuanto a cómo es la afición china y cómo se están viviendo estos Juegos:

Las chicas lideran el camino: de las 44 medallas de oro que lleva hasta ahora China, 24 han sido en categoría femenina. De las 77 en total, 44 y media (se cuenta el bádminton mixto) han sido para ellas. Pocos equipos tienen un porcentaje tan alto de triunfos femeninos. Eso se nota en los medios de comunicación y en la gente, que apoya con igual ilusión a chicos y a chicas. No es un escenario de igualdad entre sexos idílica, pero dista mucho de la omnipresencia masculina en muchos medios occidentales (de las 10 medallas españolas, 3 son femeninas).

¿No hay nada más que jiayou (加油)? Hasta los extranjeros que sólo han venido a China para ver las competiciones conocen el grito de guerra chino: 中国加油 (zhongguo jiayou, ¡vamos China!). Hablando con varios amigos chinos, ninguno de ellos me ha sabido dar otro cántico para los estadios. Parece que esa es la única melodía que suena en las competiciones donde participa China. ¿No hay otra forma de animar al equipo nacional? ¿Significa una falta de originalidad de los chinos, debido a una educación basada en la memorización? ¿Falta creatividad? De momento no me atrevo a quitar las interrogaciones.

De puertas a dentro. Aunque hay pantallas en los parques y mucha gente en los estadios, la afición china vive las Olimpiadas en casa. No es una afición que salga a la calle a celebrar los títulos. Por las calles de Pekín los que montan la fiesta (con pelucas, instrumentos de música, etc…) son los australianos, holandeses, alemanes… El público chino parece menos expresivo, menos dado a la fiesta, más tranquilo, más sereno. Las Olimpiadas están en casa.

Soy chino, sí. En Occidente, los nacionalismos han estado tradicionalmente asociados a guerras, terrorismos y crisis, pero en China no se ha dado este fenómeno. En el gigante asiático mostrar la bandera china no se interpreta como algo de derechas, radical ni negativo, sino como una muestra natural de tu nacionalidad y tu amor por el país. Por eso es frecuente ver en torno a los estadios cientos de banderas chinas, gente con tatuajes temporales en la cara y fervor chino en los estadios. Evidentemente, aquí juegan un factor importante la educación y la propaganda nacionalistas, pero lo cierto es que los chinos no tienen ningún rubor por mostrar los colores de su país. En este orgullo patrio también ayuda el que China sea el país más poblado del mundo, una de las civilizaciones más antiguas y el desarrollo económico de las últimas décadas.

En esta actitud creo que tiene una gran importancia la historia de China, donde la unidad ha sido considerada como garantía de desarrollo. Los períodos de fragmentación del país son vistos por la historiografía china como algo negativo (aunque no siempre fuera así). Una de las prioridades principales de los emperadores era mantener la unidad del país. Que China estuviera unida y fuerte se ha visto siempre como algo positivo, de ahí que su expresión nacionalista sea algo “normal”. (Aquí habría que preguntar a otras etnias del estado, como uigures o tibetanos, pero estoy hablando en general).

Más seguridad, por favor. Antes de que comenzaran los Juegos, le pregunté a mi amigo chino Shiqi que, si fuera periodista, sobre qué noticia relacionada con las Olimpiadas escribiría. Después de pensar 30 segundos, me respondió que sobre la seguridad. Eran justo los días antes de la Ceremonia de Inauguración, cuando la prensa occidental decía que Pekín estaba militarizada y la ciudad se había blindado. Shiqi tenía una visión muy distinta: “Se están tomando muchas medidas de seguridad. Está muy bien. Hay que evitar atentados”. La noche de la Ceremonia de Inauguración, me quedé sorprendido viendo tanta presencia militar. Cuando le pregunté a una amiga china, ella no le dio la menor importancia. “Cuando veo al ejército por la calle tengo la sensación de que nada malo va a pasar”.

Mientras en Europa tenemos recelos hacia una seguridad excesiva o demasiada presencia militar, en China no parece ser un tema demasiado importante. Un motivo puede ser la enorme población china: en acontecimientos multitudinarios se necesitan muchos efectivos de la policía o el ejército para poder controlar la situación. Aunque pueda sonar a excusa barata, el tamaño sí importa en China.

Asimismo, China no tiene una historia de levantamientos militares contra el poder civil, como podemos tener en Europa. En los países occidentales el Ejército fue durante siglos una fuerza desestabilizadora y que en muchos casos se enfrentaba a la decisión de las urnas. En China no existe esta tradición, ni tampoco la visión de que el Ejército es conservador o de derechas.

Otro motivo podría ser la buena prensa que el Ejército de Liberación Popular ha tenido tradicionalmente en China. Por supuesto, aquí hay mucho de propaganda y algunas excepciones (por ejemplo, Tiananmen 1989), aunque es cierto que el Ejército chino ha estado bastante bien considerado por su población. El último ejemplo, sin ir más lejos, es la labor de ayuda que realizaron durante las labores de rescate en el terremoto de Sichuan.

Actualización:

Sponsors, no os tenemos miedo. China no parece temer a los patrocinios, sponsors ni publicidad excesiva. No es sólo una política del Gobierno y del Comité Olímpico Internacional, sino una percepción de los ciudadanos. Mientras en Europa desconfiamos de la influencia de las grandes empresas y su repercusión en nuestras mentes, los chinos parecen mucho más inocentes. Convertir una parte de un parque público en una tienda gigante de Coca-Cola es un buen ejemplo.

Probablemente la razón sea la evolución histórica de China. Hasta hace bien poco casi no había empresas privadas ni mucho menos empresas extranjeras. El éxito de la transformación económica china se ha basado en la privatización y la captación de inversiones extranjeras, que han sacado a millones de personas de la pobreza. De momento, los patrocinadores son bienvenidos en China.

¿Se os ocurre alguna idea más?

21 Ago 2008

Como un pájaro en el Nido

03:40 
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El martes estuve en el Estadio Nacional, en el famoso Nido. Como supongo que lo habréis visto por la tele, no me enrollo mucho: toda la zona olímpica (más grande de lo que parece) es realmente espectacular, con mucha gente paseando, estadios increíbles, buen ambiente…

No me gustó la comercialización de los Juegos, el excesivo marketing que rodea las instalaciones. Cada uno de los sponsors tiene un pabellón donde vende sus productos y hace publicidad. Como estas empresas se han gastado un dineral en ser patrocinadores oficiales, cada uno tiene el monopolio dentro de su campo. Es decir, que sólo hay un restaurante (Mc Donald´s) y sólo se pueden utilizar determinadas tarjetas de crédito (VISA). Me pasó que no pude sacar dinero con mi tarjeta del Bank of China (que también es patrocinador oficial) porque no era del sistema VISA. Además de sentirse como un espectador, uno se siente como un cliente potencial.

El Cuba de Agua gana mucho de cerca, es igual de impresionante que el Nido. Y, sobre todo, las instalaciones son increíbles por la noche, cuando se encienden las luces y uno parece que está viviendo un cuento de hadas.

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Os dejo con la entrada a El Nido y algunas imágenes desde dentro del estadio:

Más fotos en mi cuenta de Flickr

20 Ago 2008

Ombliguismo olímpico

17:03 
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Después de estar en la Casa de España y de hablar con algunos extranjeros, he visto como muchos de ellos se quejaban de que en la televisión china sólo se ven competiciones donde participan deportistas locales. Según muchos de ellos, “los chinos se están pasando”, porque no ponen más que la entrega de medallas a deportistas nacionales y competiciones de ping-pong, bádminton y salto de trampolín.

En China hay unos ocho canales que emiten o dan resúmenes de las Olimpiadas, entre ellos uno en inglés (CCTV-9). Hay tantas competiciones (y tantas donde los chinos obtienen medallas) que es difícil seguirle la pista a muchas de ellas. Incluso algunos partidos importantes, como el de baloncesto de hoy entre China y Lituana, no son retransmitidos al completo.

Una característica de las Olimpiadas, que llama la atención debido su carácter universal, es la forma casi obsesiva en la que los medios sólo hablan de sus compatriotas. Después de visitar la sección de deportes de algunos medios españoles (Público, ABC, El País, El Mundo y La Vanguardia) he contabilizado un total de 48 noticias sobre deportistas olímpicos, de las cuales tan sólo ocho se referían a deportistas extranjeros. Esto pasa en España, en Estados Unidos, en Francia… y también en China.

En este país, debido a la cantidad de medallas del equipo chino y a que se celebran en Pekín, la cobertura de los deportistas locales está siendo espectacular. No debería sorprender demasiado en un país en el que todos nos hemos convertido en profesionales de la Fórmula 1 por un deportista español.

20 Ago 2008

Reventa, reventa

14:48 
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A las puertas de todas las competiciones olímpicas, siempre hay alguien que vende entradas. Da igual que sea para natación, baloncesto, atletismo, boxeo o gimnasia: la reventa funciona de maravilla durante estos Juegos. Se han tomado medidas para acabar con ella, pero sigue siendo un negocio a la vista de todos:

20 Ago 2008

La tragedia de Liu Xiang

07:18 
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Ayer, frente al Estadio Nacional, dos jóvenes intentaban vender sus entradas. “Liu Xiang ya no compite, no nos interesa. Nos vamos”, decían al borde de las lágrimas. Los dos, que no llegaban a los veinte años, habían pagado 1.800 yuanes (unos 180 euros) por ver las semifinales de 110 metros vallas. La retirada de Liu Xiang ha sido un duro golpe para China.

Medalla de oro en Atenas 2004 y récord mundial hasta hace un par de meses, millones de chinos soñaban con ver a Liu ganar en casa. En una encuesta publicada en enero pasado, el deseo número uno de los chinos para estos Juegos era ver en persona a Liu Xiang (刘翔) revalidar su medalla de oro (por encima de llevar la antorcha olímpica o unos juegos exitosos). Las entradas para la final de 110 metros vallas fueron las primeras en acabarse y en la reventa alcanzaban los 600 y 800 euros (entre 20 y 40 veces el precio original). Dentro de toda la preparación china de estos Juegos, el momento culmen debía ser la final de los 110 metros vallas.

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Por eso, su retirada de las pistas el lunes pasado llenó de desilusión al país. En el China Daily, el periódico oficial en inglés, se hablaba de “una decepción indescriptible” y de “la imagen que trajo lágrimas a miles de millones de ojos”. Después de retirarse, su entrenador, Sun Haiping (孙海平), no podía controlar las lágrimas en la sala de prensa. El propio Liu Xiang pidió ayer perdón a los aficionados. La retirada del vallista ha sido una tragedia nacional.

China tiene otros deportistas mucho mejores que Liu Xiang, entre ellos Guo Jingjing (considerada la mejor saltadora de trampolín de la historia), Zou Kai (tres oros en estos Juegos) o Lin Dan (el mejor jugador de bádminton del mundo). ¿Por qué Liu Xiang era tan importante? ¿Por qué China había puesto todas sus esperanzas en él? ¿Qué le hacía diferente?

Para empezar, el atletismo. Liu Xiang es el único chino (y asiático) que ha ganado una medalla de oro en atletismo, las pruebas reinas de unas Olimpiadas. Ser bueno en salto de trampolín, ping-pong o bádminton está muy bien, pero ser el número uno en una prueba de atletismo te eleva a otro nivel. Ser el único que lo ha conseguido (y que lo puede conseguir) te convierte en un héroe.

Segundo, el orgullo racial. Las pruebas de atletismo (sobre todo velocidad y potencia, como los 110 metros vallas) siempre han estado dominadas por occidentales o corredores de color. Liu Xiang acababa con esa supuesta inferioridad de la raza asiática (extendida sobre todo desde la ocupación de China por las potencias extranjeras en el siglo XIX). Nada más conseguir el oro en Atenas en 2004, Liu dijo aquello de “esto demostrará al mundo que los asiáticos también podemos correr muy rápido”. Sus palabras fueron rebajadas por las autoridades chinas, aunque Liu resumía el sentimiento de muchos compatriotas.

Tercero, el individualismo. Liu Xiang no es un equipo. No es producto de la cultura deportiva tradicional china (ping-pong, bádminton…). Es un hombre, un deportista, uno solo. No depende de nadie. Lo único que tiene que hacer es calzarse unas zapatillas y echar a correr. En el China Daily decían que es “la nueva imagen individual de la nación que se elevó por encima de la tradicional colectividad china”. Su individualismo le hizo muy querido por los jóvenes chinos, la mayoría hijos únicos, expuestos a las mismas presiones y expectativas.

Cuarto, la imagen de la nueva China. De todos los deportistas chinos, Liu es el que mejor encaja con la nueva imagen del país. Es de Shanghai, uno de los mayores éxitos económicos de China. Es rápido y potente. Todos quieren ver reflejada en Liu Xiang (joven, moderno, urbanita) la imagen de su país.

Quinto, es guapo, simpático e inteligente. Por encima de tantas consideraciones políticas o sociológicas, Liu Xiang es un tío cool. Es alto, musculoso y atractivo. Es un ídolo de masas, pero parece un joven cualquiera. Liu Xiang tiene éxito. Es joven. Cae bien.

Debido a todas estas razones, Liu Xiang había estado sometido a la presión de tener en sus piernas las esperanzas de 1.300 millones de personas. Por Internet circulan rumores de que tenía miedo a enfrentarse al cubano Dayron Robles, nuevo récord del mundo. Otros se quejan de haber sido mentidos en los últimos días sobre el estado de forma de la estrella del atletismo chino.

Lo que está claro es que Liu ha dejado escapar una oportunidad única. Podrá volver a ser campeón del mundo, hacer un nuevo récord mundial o competir en los Juegos de Londres dentro de cuatro años. Pero nunca podrá conseguir la medalla de oro en su país, en el Estadio Nacional, en los primeros Juegos Olímpicos organizados por su país. Nada podrá hacer olvidar su ausencia en la final del jueves.

19 Ago 2008

El parque de Coca-Cola

06:19 
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No descubro nada si digo que los Juegos Olímpicos son un negocio. Junto a los líderes chinos, sin duda los que estuvieron más contentos con la concesión a Pekín de los Juegos Olímpicos fueron las grandes multinacionales. Que las Olimpiadas se celebren en el país que más ha crecido en los últimos 30 años y con 1.300 millones de personas es un acontecimiento económico inigualable.

Por eso, las grandes empresas se han disputado derechos de patrocinio, sponsors, anuncios televisivos, vallas publicitarias, equipación de los deportistas… Los “Juegos Olímpicos” casi se han convertido en una marca, con copyright incluido. En las instalaciones olímpicas, aquellas empresas que no han pasado por caja han visto como las marcas de sus productos han sido cubiertas por cinta adhesiva. Es decir, que nadie puede ver de qué marca son los ascensores, las mesas, las camas, los auriculares que se utilizan en las conferencias de prensa, los baños… Es lo que ellos llaman “protección de marca”, que pretende asegurar a los sponsors oficiales que sus inversiones sean rentables (el 40% de los ingresos en estos Juegos vienen de los sponsors).

Uno de los que ha apostado más fuerte ha sido Coca-Cola, patrocinador oficial, que ha desplegado una fuerte campaña en todos los frentes (estadios, anuncios por la ciudad, televisión, prensa…). En Pekín son numerosas las fotografías de los tres deportistas chinos más conocidos (Yao Ming, Liu Xiang, Guo Jingjing) bebiendo sus productos. Su última apuesta ha sido poner una pantalla gigante a disposición del público en el parque de Chaoyang, donde los espectadores pueden seguir las competiciones olímpicas y empaparse del “espíritu Coca-Cola”:

Por cierto, que en esta batalla económica las empresas chinas también han entrado con fuerza. Para ellas es una oportunidad excelente para darse a conocer fuera de China y saltar al mercado internacional. Baste con citar un ejemplo, tal vez el más inteligente y que ha pasado más desapercibido, el de la marca de ropa deportiva Li Ning. Desde que el deportista y hombre de negocios del mismo nombre, encargado de encender el pebetero olímpico, diera ese paseo triunfal ante 4.000 millones de espectadores, sus acciones no han dejado de crecer en Bolsa. Fue un vuelo muy rentable para Li Ning.

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