SILICOSIS – Vaqueros desgastados.

06 Mar 2011
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Berto Romero

Uno de los chistes que más me gustan de la serie Los Simpson ocurre cuando Moe le muestra a Homer una freidora gigantesca que ha comprado de segunda mano al ejército. Moe anuncia ilusionado: “Mira Homer, es capaz de freír un búfalo en 20 segundos”, a lo que éste replica: “¿20 segundos? ¡Pero yo lo quiero ahora!”.

La ONG Setem ha denunciado esta semana que la fabricación de pantalones vaqueros desgastados causa decenas de muertes en el mundo. La culpa es de un método llamado “sandblasting”, es decir, aplicar al vaquero un chorro de arena para desgastarlo. Se trata de una técnica peligrosa, prohibida en la UE, que obliga al operario encargado de realizarla a inhalar gran cantidad de polvo. En países como Turquía, Bangladesh, China, Pakistán, Siria y la India, donde se fabrican muchos de los vaqueros desgastados que usamos, se han producido ya 46 fallecidos y 5000 enfermos de silicosis, una enfermedad pulmonar provocada por la inhalación de partículas pequeñas de sílice cristalina.

Mi abuelo Antonio murió de silicosis. Él no envejecía vaqueros, sino que trabajaba en el interior de una mina de potasa a mediados del siglo XX. No llegué a conocerlo, murió cuando mi padre tenía 15 años. Pero estoy seguro de que él tampoco hubiera entendido la necesidad de comprar un pantalón previamente gastado.

Siempre me han dado rabia los pantalones que se compran gastados. En general, toda la ropa envejecida me da pena. Me parece un fraude que vende una historia inventada. Una prenda que finge haber sido tu amiga durante años cuando simplemente te acaba de conocer. Ahora que sé que además puede ser causante de una muerte estúpida aún los desprecio más.

Jamás he comprado uno de esos pantalones para mi uso personal, si bien la mayoría de vaqueros que he llevado en mi vida presentaban ese aspecto. Puedo decir con orgullo que los he envejecido yo a golpe de uso y lavadora. Se tarda meses, cuando no años, en conseguirlo. Homer diría: “¿años? ¡pero yo los quiero ahora!”. Homer siempre se comporta como un crío caprichoso. Él puede permitírselo, es un personaje de ficción.


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