Cambio global ¿Catástrofe apocalíptica o fenómeno “natural”?

03 Nov 2011
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Estamos habituados a escuchar noticias sobre catástrofes naturales como huracanes, terremotos y tsunamis. Sin embargo estas noticias no abordan “catástrofes naturales” sino fenómenos naturales que con frecuencia  tienen impactos catastróficos sobre la población humana. La dimensión de catástrofe viene dada por nosotros y por tanto se establece sobre una base subjetiva y antropocéntrica. Lo mismo cabe decirse sobre el cambio global. La tierra ha experimentado grandes cambios ambientales a lo largo de su historia y la dimensión de catástrofe la aplicamos nosotros cuando los impactos nos parecen particularmente negativos. La extinción de especies, sobre todo de aquellas que por alguna razón nos gustan más, por ejemplo, se ha tomado como baremo para catalogar de catástrofe a los cambios ambientales del pasado. Pocos hablarán de catástrofe cuando un cambio ambiental ha llevado a la extinción de miles de especies de organismos marinos como la del Ordovícico-Silúrico, pero pocos dudan en referirse a la extinción de los dinosaurios como una catástrofe.

     El cambio global trae consigo cosas “buenas” y no sólo “malas.” Estamos acostumbrados a escuchar sobre los efectos negativos del cambio climático, pero muchas regiones del planeta se beneficiarán de unas temperaturas más cálidas al implicar una mayor productividad de sus cultivos por ejemplo. La fragmentación y deterioro de algunos hábitats naturales lleva aparejada en ocasiones una mejora de las condiciones sanitarias de la población local o de las posibilidades recreativas en la zona. Mientras unos hablan de “catástrofe” cuando se deseca una laguna, por ejemplo, en la que criaban aguiluchos y malvasías, otros hablan de “gran logro social” al mejorar las carreteras y disminuir los mosquitos en la zona. No existe un baremo universal para lo que es una catástrofe. Y por eso a los científicos no nos gusta hablar de catástrofes, mucho menos cuando estas tienen como escenario los sistemas naturales. Aunque las proyecciones del clima y de las condiciones ambientales para finales de siglo son en ocasiones entendidas por la sociedad no ya como catastróficas, sino incluso “apocalípticas”, esa connotación es, o al menos debe ser, externa al estudio o informe científico en cuestión.

     Una diferencia radical entre el cambio global y los fenómenos estrictamente naturales con impactos catastróficos es la señal humana existente en el primero. Se abren muchas preguntas al respecto ¿cuál es la temperatura óptima del planeta? ¿cuál es el nivel óptimo de intervención en los sistemas naturales? Lógicamente la respuesta tiene que implicar un “ depende donde” o un “ depende de para qué”. Aunque el cambio global no es un fenómeno natural en sentido estricto al llevar implícita la señal humana, deberíamos acostumbrarnos a hablar con naturalidad de este cambio, sin tintes catastrofistas que solo contribuyen a eclipsar el mensaje y a polarizar las reacciones de la sociedad. Eso no significa que nos tengamos que acostumbrar al cambio global. Mi sugerencia es que nos acostumbremos a hablar de él con la objetividad y naturalidad con la que un médico nos diagnostica una gripe o una rotura del cúbito y del radio.


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