Historias de optimismo

12 Ene 2012
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En su reciente libro, Eduardo Punset nos invita a un viaje hacia el optimismo con la idea de que cualquier tiempo pasado fue peor. Yo, que me considero un optimista, encuentro que los mensajes positivistas sin una argumentación convincente tienen el efecto contrario al deseado y por ello busco con cuidado las razones para una mirada optimista ante lo que se ve como un turbio futuro. El 2012 ha arrancado todo lo mal que podía arrancar, al menos en cuanto a presagios y perspectivas. No sólo tenemos una crisis económica que se suma a la crisis crónica de tipo ambiental, sino que tenemos una crisis política y social monumental, en la que los partidos socialistas adoptan medidas neoliberales y los partidos conservadores las amplifican aderezándolas de una pretendida austeridad y reclamando el sacrificio de los mas sacrificados, todo lo cual genera críticas y desazón en propios y extraños. Y por si fuera poco, el paro sigue aumentando, los recortes nos dejan con poca ciencia y cultura y algunos medios de comunicación emblemáticos  cierran o a punto están de hacerlo. Si en el marco del cambio global miramos por ejemplo el reciente fiasco de la cumbre de Durban sobre cambio climático o nos fijamos en el ritmo al que los países en desarrollo destruyen recursos y biodiversidad, las cosas pintan negro oscuro para este año que arranca. No obstante, mientras hay vida hay esperanza. Y los sistemas naturales tienen aun mucha vida.

Las cinco grandes crisis de diversidad que ha sufrido el Planeta se llevaron por delante el 99% de las especies conocidas (las que seguimos vivas en la actualidad representamos menos de un 1% del total). Sólo en la primera gran extinción que ocurrió hace mas de 400 millones de años en el Ordovícico  se perdió el 85% de las especies de aquel entonces, sobre todo marinas. Los bosques tropicales representan, junto a los arrecifes de coral, los principales reservorios de riqueza biológica del Planeta.  Un reciente estudio ha mostrado que algunos bosques tropicales son  mas resistentes ante el cambio climático de lo que se pensaba. Una de las bases sobre las que se asienta la gran biodiversidad de estos ecosistemas es su estabilidad temporal, manifiesta sobre todo en las escasas oscilaciones climáticas experimentadas tanto a escala geológica (por ejemplo, quedaron en general poco afectadas por las glaciaciones) como a escala ecológica (por ejemplo, escasa estacionalidad de las temperaturas). En un reciente congreso científico sobre cambio climático y deforestación en bosques tropicales de África se establecieron  importantes diferencias entre éstos  bosques y los que se encuentran en otras zonas tropicales de la Amazonía o Indonesia. Se mostró como estos bosques aunque son menos ricos en especies son más productivos y cuentan con árboles más grandes. Y lo que es mas importante, parecen mucho mejor preparados para responder al acelerado cambio climático. Estos bosques han sufrido varias oscilaciones climáticas en el pasado. En los últimos 4000 años han pasado por varias catástrofes climáticas que han tenido el doble efecto de reducir la diversidad y de prepararlos para tolerar mejor las sequías y calentamientos que se están haciendo más frecuentes e importantes cada día. Esto se resume en un término cada día más común en ecología, la resiliencia de los ecosistemas. Resiliencia es un término  que lleva mucho tiempo usándose en psicología para definir la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas, y ser transformado positivamente por ellas.

      Si el optimismo se apoya en cómo vemos las cosas y no en cómo son las cosas, al final poner buena cara a las amenazas de origen humano que se ciernen sobre la naturaleza podría apoyarse en una mayor valoración de ecosistemas no muy biodiversos pero bastante resilientes. Y de este tipo de ecosistemas vamos teniendo, nos gusten o no, cada vez mas.

 

 


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