El lado oscuro del golf

02 Feb 2012
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El golf es una actividad relajante que se realiza con frecuencia sobre idílicas praderas verdes. Originado en el siglo XV en las húmedas campiñas escocesas, el golf es el único deporte que se ha jugado en la Luna, durante la misión Apolo 14 en 1971. Rodeado en la actualidad de una imagen  de actividad elitista, sirvió, sin embargo, para que nobles y plebeyos del reino, por aquel entonces desunido, compitieran deportivamente entre ellos durante mucho tiempo. Esta actividad tiene hoy en día un lado cada vez más oscuro: los campos de golf generan un alto número de problemas ambientales. La producción y empleo de fertilizantes, el uso de mucha maquinaría, la introducción de especies exóticas de hierbas que invaden zonas adyacentes y el consumo elevado de agua son algunos de los más conocidos problemas ambientales de estas superficies destinadas al ocio de unos pocos. Uno podría pensar que al ser superficies verdes, capaces por tanto de fijar carbono por fotosíntesis, podrían compensar este lado oscuro funcionando como buenos sumideros de carbono. Pero no es así. Estudios recientes sobre el balance carbono de los campos de golf muestran que no son buenos sumideros de carbono. En el trabajo publicado por Bartlett y James en junio del 2011 se muestra cómo a pesar de haber un alto número de factores que afectan al funcionamiento fotosintético de los campos de golf, estos campos son emisores netos de CO2, y no sumideros como cabría esperar. Esto se observó para una amplia mayoría de condiciones y cuando se tienen en cuenta todos los procesos implicados en el mantenimiento de la cubierta verde de césped.

El problema principal de los campos de golf, no obstante, es su demanda de agua, algo que no era limitante en la Escocia donde se originó el deporte, pero que si lo es, y mucho, en los sitios donde se practica hoy en día con intensidad creciente: lugares de clima templado o caluroso y con muchas horas de sol. En estos ambientes el agua es un bien escaso que se ve amenazado por el cambio climático y por la creciente demanda humana. En ambientes áridos como muchas zonas del Mediterráneo, por ejemplo, el problema del agua no es ni mucho menos trivial, ya que el agua empleada en los campos de golf se detrae del riego de campos agrícolas e incluso del abastecimiento de colegios y hospitales.

Los griegos y después los romanos idearon numerosos deportes, algunos de ellos similares al golf pero lógicamente bien adaptados a un clima seco donde no se puede contar con extensas praderas verdes durante todo el año. Algunos de aquellos deportes han ido derivando hasta juegos actuales como el de la petanca, cuya huella ambiental es mínima y desde luego su consumo de agua es nulo, al desarrollarse sobre suelos desnudos y arenosos.  Lástima que en este impredecible mundo de las modas y caprichos que rigen el ocio del Homo sapiens del siglo XXI la petanca no se haya hecho tan o mas popular que el golf. Hay caprichos que le salen muy caros al planeta.

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Referencia citada

 Bartlett, M.D. & James, I.T. 2011. Are golf courses a source or sink of atmospheric carbon dioxide? A modelling approach. Proceedings of the Institution of Mechanical Engineers Part P-Journal of Sports Engineering and Technology  225  (P2,  Special Issue): 75-83   DOI: 10.1177/1754337110396014  

 

 


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