Ola de frio, calentamiento y cambio climático

09 Feb 2012
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Nos hemos acostumbrado al calentamiento. Por un lado porque nos gusta solearnos cuando entra el invierno, y periodos soleados como los que hemos tenido en el interior de la Península durante Diciembre y Enero nos han hecho disfrutar del aire libre y olvidarnos un poco de las penurias no precisamente climáticas por las que pasamos. Por otro lado, porque llevamos dos décadas escuchando el término calentamiento global y, quien más quien menos, lo hemos incorporado a nuestro repertorio cotidiano. Tanto es así, que cuando viene el frío nos pilla a contrapié y pensamos que algo raro debe estar pasando, a pesar de que esta ola de frío esta ocurriendo en el periodo habitualmente más frio del invierno. Y para completar el desconcierto, la prensa busca titulares y acuña términos y frases que hacen temblar, y no solo de frío, a quien lee sobre el viento desolador que nos llega de Siberia. Recuperemos, aunque solo sea por un momento, la calma, y empleemos, aunque solo sea por otro momento, el sentido común. Armados de estas dos sencillas, eficaces pero muy poco utilizadas armas podemos entender mejor si esta ola de frio siberiano que acecha a Europa es el comienzo del fin del mundo o todavía puede quedar mundo para un buen rato. Veamos tres cosas: 1, la confusa percepción humana de lo que es frío, 2, la reducida capacidad histórica para juzgar lo inusual de eventos climáticos concretos, y, 3, cómo se combina frio con calor, cómo podemos entender que las olas de frío no son una contradicción con el calentamiento global del planeta.

Los que vivimos en latitudes inferiores a los 40-42 grados (sobre todo en  el hemisferio Norte, en el Sur deberíamos hablar de 30-32 grados) no sabemos en realidad lo que es frío. Cuando las mínimas andan entorno a cero ya empezamos a prepararnos para una glaciación. Pero si hablamos con alguien de Finlandia o Canadá, ellos empiezan a preocuparse cuando las temperaturas bajan de -20. Andar entorno a cero es muy llevadero. Los problemas físicos y logísticos con el frio empiezan, de verdad, muy por debajo de cero. Y en esta ola de frío los sitios y los momentos en que se ha bajado de cero no son tantos ni tan relevantes (hablo de esta bendita región por debajo de esos 42 grados de latitud en la que nos ha tocado vivir).  Un punto que confunde la percepción del frío, más aun que la temperatura a la que estamos acostumbrados, es la humedad del aire y la intensidad del viento. Ambas cosas hacen que una misma temperatura baja se perciba como más fría. Una nevada ejemplifica el frío y con todos los trastornos que conlleva  en nuestras latitudes es la viva imagen del “crudo invierno”. Sin embargo, las temperaturas suelen ser bastante mas bajas cuando no nieva, aunque no las percibamos y tengamos que recurrir al termómetro o a ver el agua congelada en los desagües para sospechar que esta haciendo bastante frío. Los pasados meses de diciembre y enero los hemos percibido como calentitos, cuando las temperaturas registradas estaban en el rango del frío normal para estas fechas. Y las hemos percibido así porque se han dado acompañadas en amplias zonas de la Península de cielos despejados, aire seco y sol, condiciones que atenuaron mucho la tasa de intercambio de calor y que nos permitieron ir en mangas de camisa a mediodía a pesar de que el termómetro no subiera de 7 u 8 grados centígrados. Si hubo algo raro en el tiempo atmosférico de los últimos meses fue mas bien la sequia que las bajas temperaturas que ahora ocupan las portadas de los periódicos. Primera reflexión: somos malos como termómetros.

Nuestra memoria se mueve en el corto plazo, es muy subjetiva y está muy influenciada por como experimentamos las cosas. Si un invierno cogemos una faringitis fuerte, tenderemos a recordarlo como más frío que los demás, al igual que si esa semana de aquel año que fuimos a esquiar no pudimos hacerlo porque las estaciones estaban cerradas por la ventisca. Cuando la tecnología y el conocimiento agrícolas eran mas precarios que en la actualidad, los eventos climáticos causaban mayores impactos en las cosechas, pero no porque fueran mas fuertes. Además, los registros climáticos no se extienden todavía por periodos de tiempo tan largos como necesitaríamos para hacer buenas comparaciones y estudios. En muchos lugares se tienen apenas 20 o 30 años de datos, cuando se precisan al menos 40 para capturar las oscilaciones básicas derivadas de la actividad solar. Y en España muchos registros históricos se interrumpieron o se perdieron durante la Guerra Civil. Si contrastamos una ola de frío actual con lo que un español de 90 años recuerda de como eran los inviernos de su infancia tenemos que aplicar tal número de correcciones que sería mejor emplear métodos de extrapolación e interpolación y aplicar cálculos y modelos para cubrir estas lagunas temporales. Segunda reflexión: somos malos almacenadores de información y peor aun cuando la información se extiende a escalas temporales largas.

Si existe mayoría absoluta entre los científicos sobre la veracidad del dato de que el planeta está sufriendo un calentamiento global, ¿cómo es posible que se estén registrando olas de frío intenso? Dejando a un lado las teorías de las glaciaciones acopladas al calentamiento que se mostraron en alguna famosa película sobre el día de después, una atmósfera mas caliente, tal como se ha medido a lo largo del último  siglo, almacena más energía. Una atmósfera energizada genera eventos mas extremos, los vientos aumentan de intensidad, la fuerza de los huracanes y la intensidad de las tormentas incrementan y las olas de frío y de calor se hacen mas frecuentes e intensas también. Todo esto es lo que se conoce como variabilidad climática. El cambio climático lleva consigo no solo un aumento de la temperatura media sino de la variabilidad en las temperaturas y en toda una serie de parámetros climáticos. Tercera reflexión: el cambio climático no es solo calentamiento, implica un aumento en la variabilidad climática y ello conlleva que los eventos extremos del tipo que sea vayan siendo mas frecuentes.

Como corolario, lo lógico de un invierno es que haga frío. Lo lógico de un meteorólogo es que mida y registre el frío. Lo lógico de un científico es que estudie sus causas. Lo lógico de un periodista es que quiera hacer noticia de una ola de frío… No se si lo lógico, pero si lo deseable, de los ciudadanos es que integremos estas diferentes piezas de información y destilemos qué hay realmente de nuevo en este frio siberiano, comprendiendo, al menos en lo general, hasta qué punto todo ello se relaciona con el cambio climático. Y que nos abriguemos bien, que la enfermedad nubla el entendimiento.


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